Félix Sautié Mederos
CRÓNICAS CUBANAS

Estamos próximos a culminar el año 2013 y se ponen al orden del día los recuentos y análisis de lo vivido. Sé que muchas personas no lo hacen, pero la realidad es una; querámoslo o no: ha transcurrido todo un año y aunque lo pasado, pasado es, lo que vivimos durante ese período habrá de pesar sobre nuestras circunstancias existenciales; y, ocasionalmente, puede proyectase hacia el futuro con improntas negativas o positivas según sea el caso. De aquí la conveniencia del recuento.

Si en definitiva realizamos este balance, podríamos encontrar que son muchas las carencias, las desesperanzas y los desencantos que hemos sufrido durante los doce meses transcurridos, a pesar de que en determinados aspectos se han hecho aperturas indudablemente positivas. No obstante, lo que se impone sobre los cubanos es que estamos viviendo tiempos muy complicados y aún no podemos percibir claramente una luz al final del túnel en que nos encontramos atorados por expresarlo de una forma más comprensible.

En estas circunstancias y coyunturas aparece el miedo a expresar las realidades negativas que nos afectan y algunos optan por el silencio tratando incluso de extenderlo en su entorno. Es un sentimiento, que también se puede traducir como el miedo en sí mismo hacia esas realidades en que nos movemos diariamente que por demás hay quienes se niegan a reconocer e incluso descalifican como enemigos a los que las reconocen, las expresan y/o tratan buscarle soluciones más allá de lo formalmente establecido. Esta ha sido y es una acción paralizadora de las voluntades que se encaminan a enfrentar decisivamente los problemas que nos afectan a todos los cubanos. Esa paralización que que se trata de imponernos nos dificulta avanzar en pos de un socialismo realmente próspero y sustentable concepto ese último que se reitera con insistencias en algunas instancias oficiales del país.

En estas circunstancias, el próximo año 2014 debería ser decisivo porque el tiempo transcurre vertiginosamente y con su paso habrá transcurrido más de un lustro desde que en el discurso del 26 de julio del 2007, se anunció la realización de un proceso dirigido a cambiar todo lo que deba ser cambiado, así como de actualización del sistema económico y de eliminación del conjunto de prohibiciones absurdas que se han mantenido vigentes desde hace mucho tiempo.

En este sentido, es mi opinión que aunque se han puesto en práctica muchas medidas puntuales al respecto de lo planteado en el discurso del 2007 a que me refiero, hay transformaciones estructurales y de fondo en el sistema económico y político vigente que de no hacerse se continuará trabando y dificultando todo. La no realización de estas reformas estructurales es favorecida, por la existencia sutil de un manto generalizado de silencio en nuestra prensa local y de secretismo en las instancias oficiales, propiciadores en su conjunto del inmovilismo y del entorpecimiento burocrático de los esfuerzos encaminados a solucionar los agudos problemas que estamos afrontando.

En este orden de pensamiento quiero referirme también con especial énfasis, a una cuestión muy importante. Un problema básico que afecta a todo lo que se pretenda hacer ya sea de una u otra parte o enfoque. Me refiero a la necesidad de encontrarnos y reconocernos mutuamente dejando de lado el desconocimiento y la no consideración de la existencia objetiva de unos y de otros, que no quiere decir estar de acuerdo de manera unánime en todo, pero si acabar de comprender que unos y otros somos necesarios; y que no deberíamos continuar negando nuestra común existencia diversa, que quizás sea lo más enriquecedor y valioso de una determinada sociedad.

Actualmente en nuestro entorno impiden el encuentro y el reconocimiento mutuo que planteo, un conjunto tendencias grises y oscuras que pretenden uniformarlo y silenciarlo todo, que solo ven las cosas y las personas en blanco o negro sin tener en cuenta los medios tonos y su casi infinita variedad, que niegan la existencia de lo distinto sin reconocer a la diversidad, impiden el desarrollo y la realización personal y colectiva de las personas haciendo de la vida una experiencia monótona e insoportable.

Para salir adelante definitivamente deberíamos reconocer la existencia de unos y de otros, comenzar por respetarnos mutuamente, encontrarnos y dialogar de manera civilizada porque por la fuerza y la violencia solo podríamos conducirnos al caos y la desolación. Además es imprescindible que los que detentan los timones de mando de la sociedad, tomen muy en consideración el criterio martiano que me permito parafrasear: de que un país no se puede dirigir como se manda a un cuartel.

Así lo pienso y así lo expreso, con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular

Publicado en Por Esto! el lunes 23 de diciembre del 2013.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=295957

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