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Por Félix Sautié Mederos

CRÓNICAS CUBANAS

La noticia de la muerte física de Nelson Mandela, me ha sorprendido de viaje por la España de mis ancestros en donde me he encontrado con dos mis hijos y tres nietos españoles que aquí viven y que son parte de una diáspora familiar que habrá de acompañarme en lo que me queda de vida en la tierra. Afirmo que son sólo una parte porque además de ellos tengo 2 hijos y 2 nietos en los Estados Unidos y una hija en Bruselas que por cierto espera una criatura que será mi décimo o décima nieto(a). Cuando menciono a mi diáspora familiar, me refiero a una triste impronta que afecta actualmente a muchas familias cubanas.

La mía presenta una dispersión que nos obliga a realizar encuentros parciales cuando los podemos hacer, porque para muchos ni siquiera eso. En tales circunstancias, nos es muy difícil que podamos pasar todos juntos las festividades navideñas y de fin de año, porque somos víctimas de un mundo de grandes migraciones que se han convertido para Cuba en una significativa característica de estos tiempos, en los que Mandela se alza como un paradigma de incalculable valor existencial que junto con Mahatma Gandhi representan en vivo quizás los más altos exponentes éticos y morales de los valores humanos esenciales que deberían caracterizar al liderazgo político social de todos los tiempos.

Quiero reiterar este criterio que he planteado en otras ocasiones desde hace años; y lo afirmo de nuevo con emocionados sentimientos en esta etapa muy significativa para Cuba en la que se manifiestan grandes incertidumbres encontradas unas con otras que afectan a nuestro presente y marcan sensiblemente el devenir del próximo 2014. Reitero que lo expreso emocionadamente con unos sentimientos de tristeza y sentida admiración que no puedo ocultar, los que quizás signifiquen para algunos una sensiblería innecesaria a partir de sus concepciones y esquemas dogmáticos, porque ellos se desenvuelven día a día conforme a un autoritarismo vacío y deshumanizado como si estuvieran ellos solos en medio de un bosque y no pudieran ver a sus árboles, según reza una expresión muy popular en Cuba.

Quiero significar que comienzo mi meditación con una mención de mi propia diáspora, porque necesariamente los sentimientos que me han provocado la noticia, por cierto esperada, del deceso de un ser tan especial como es Mandela, los experimento como si fueran la manifestación de un dolor por el deceso de alguien de mi propia familia dispersa por el mundo. La trascendencia de Mandela se ha proyectado mucho más allá de las fronteras africanas de su Sudáfrica para iluminar a toda la humanidad de esta aciaga época.

En cierta ocasión como testimonio personal de un agradable e inesperado encuentro en una esquina de la conocida calle Obispo en La Habana Vieja, con un compañero de muchos años que seguramente leerá esta meditación habanera, escribí una crónica muy sentida en la que expresaba que si a veces en la Historia es muy difícil saber empezar, más difícil aún resulta saber terminar. En mi criterio ese es un legado en el que Nelson Mandela nos ha dejado una lección magistral insuperable. ¡Honor y Gloria eternos para Mandela!

Así lo he sentido y así lo expreso con mis respetos para las opiniones diferentes y sin querer ofender a nadie en particular. fsautie

Publicado en Por Esto! el sábado 7 de diciembre del 2013.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=292536

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