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Decidimos responder de esta manera al vernos sin trabajo, sin dinero y sin ayuda estatal. La factoria de cerámica VioMe, es la primera autogestionada del país

Por Héctor Estepae (Especial para EL MUNDO)

Salónica, 09/11/2013 – Seis años de recesión económica y casi 10 meses sin ingresos no han logrado acabar con la esperanza de Dimitris Nikolaidis. Sus recias manos apuntan hacia el cielo de Salónica mientras rememora más de un año de lucha: “Los griegos no podemos quedarnos en casa esperando a que Dios nos de algo. Ya lo hizo, y si no luchamos no vamos a poder cambiar nada”, explica el humilde electricista mientras suena de fondo la sinfonía metálica de una fábrica a pleno funcionamiento.

Dentro de sus grises muros trabajan sus compañeros. Desde hace unos meses, también son sus socios: Nikolaidis es uno de los 35 obreros al mando de VioMe, la primera fábrica “ocupada” y autogestionada de Grecia. Suyo es uno de los mayores ejemplos de aguante en el duro contexto de la crisis financiera helena.

A pesar de la reciente esperanza de recuperación producida por el acotamiento del déficit y la desaceleración de la recesión, la economía doméstica sigue resintiéndose por la bajada de salarios y el aumento de impuestos.

El desempleo, la cifra más temida, ha crecido hasta afectar al 27,6% de los ciudadanos. Ese escenario ha sido testigo de dramas como el aumento de los suicidios, pero también del florecimiento de alternativas a los sistemas de mercado y producción tradicionales como la de los obreros de Salónica: “Decidimos responder de esta manera al vernos sin trabajo, sin dinero y sin ayuda estatal”, expone Alekos Sideridis, otro de los trabajadores de VioMe.

Esas siglas son el acrónimo de Viomijaniki Metalleftiki. La fábrica funcionaba antaño como una filial de Philkeran-Johnson, el mayor fabricante griego de azulejos y materiales cerámicos para la construcción. Llegó a registrar hasta 2,7 millones de euros de beneficios en 2009 y 2010. La crisis acabó con la demanda y declaró una suspensión de pagos en mayo de 2011.

Sus trabajadores comenzaron entonces una lucha para mantener su empleo. La dirección de la empresa y el Gobierno desestimaron todas las alternativas presentadas por los obreros.

Entre ellas se contó una propuesta para comprar las acciones de la empresa. Desde su cierre la fábrica estuvo ‘ocupada’ por los trabajadores como modo de protesta y para evitar el robo de la maquinaria.

Fue en octubre de 2012, un mes después del fin del subsidio por desempleo anual entregado por las autoridades helenas, cuando establecieron una cooperativa de trabajadores bajo control total de la asamblea de obreros.

Hasta 35 de los 42 empleados de la plantilla decidieron hacerse con el control de la fábrica. Sus dueños no pasaban por allí desde el cierre y parecen haberse desentendido del lugar. Sí acudieron al juzgado para negarse a pagar compensaciones a los obreros.

Un problema de supervivencia

Esa salida fue para los trabajadores, según explican, la única posible: “Habíamos llegado al límite y el problema era la supervivencia”, enfatiza Sideris. No podían aguantar más: la cancelación de las pagas del paro les había abocado a la solidaridad de los vecinos. Quien podía les daba un paquete de espaguetis o un poco de dinero.

Hoy operan bajo la fórmula legal de un sindicato de trabajadoresy se organizan de manera democrática, sin jerarquías: “Cada uno está en su antiguo puesto de trabajo y hemos visto que las cosas pueden funcionar incluso mejor”, asegura Sideridis. Tienen presidente y tesorero, pero sólo por imperativo legal, aseguran. Su lema es “una acción, un trabajador”.

En febrero de 2013 comenzaron de nuevo la producción. Si pudieron hacerlo fue por el apoyo moral y económico de varios movimientos sociales no sólo en Grecia sino también en el extranjero, ante la aparente indiferencia del Gobierno y los sindicatos tradicionales.

La primera fase del plan de reapertura ha consistido en vender las existencias almacenadas. Los trabajadores quieren moverse ahora hacia la creación de nuevos productos con valor ecológico. La diversificación de la oferta de la fábrica es obligada debido al hundimiento del sector de la construcción en Grecia.

Todo ello lo están intentando conseguir con el importante hándicap de la falta de profesionales químicos: ninguno se quedó tras el cierre de la empresa. También afecta la difícil situación personal de cada trabajador después de un año sin ingresos por desempleo. Han debido sobreponerse a la oposición de sus familiares: muchos no entendían su forma de actuar. A pesar de ello han aprobado que si lo recaudado en estos meses excede sus previsiones, no se subirán el sueldo y utilizaran ese dinero para emplear a más trabajadores.

Por ahora están intentando vender sus productos mediante distribución directa en el punto de venta a través de los movimientos sin intermediarios surgidos en la Grecia de la crisis. Se quejan de que el Gobierno está intentando “estrangular” el proyecto negando las compensaciones de emergencia para desempleados sí desbloqueadas en otros casos similares a los suyos, pero aseguran que no se van a “rendir” ante el “chantaje financiero”.

El primer año va a ser crítico para la supervivencia de un sistema de autogestión cuya máxima expresión se ha dado en Argentina. El movimiento ha recibido el apoyo de conocidos activistas como Naomi Klein, protagonista de una visita a la fábrica el pasado 4 de junio. Varias fábricas cerradas de Grecia planean unirse a la iniciativa. El objetivo de los trabajadores de VioMe es extender la autogestión como una alternativa para intentar sortear la crisis del país.

Tomado de El Mundo

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