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Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Después de la discusión del Código de Trabajo y sin terminarse la saga de este, ha echado a andar otro proceso de definición de pautas en el mundillo laboral cubano. Alguna de esas autoridades nuestras ha decidido que la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) necesita nuevos estatutos.

A lo mejor hasta tiene razón, quién sabe. Al menos, yo no conozco los estatutos actuales. Yo pago, no muy puntualmente, la cotización, solo para no buscarme problemas con la administración y poder ir, en el verano, al Círculo Social del que luego hablo tan mal. Como muchos más. Sospecho que sería un estudio escandalosamente interesante averiguar cuántos afiliados actualmente conocen los estatutos vigentes, o les importa conocerlos.

El caso es que, en esta perestroica criolla en la que nos conducen sin que sepamos a dónde, le ha tocado el turno de actualizarse a los estatutos de la CTC. Se supone que van a aprobar su modificación en su próximo XX Congreso, en febrero del año que viene. Yo llevo unos días buscando el anteproyecto de nuevos estatutos en los sitios web de la prensa, de la CTC y del gobierno, y no lo encuentro. Más allá de mis pocas habilidades para encontrar cosas, hoy di con una noticia que explica, hasta cierto punto, porqué mi esfuerzo ha sido estéril.

El órgano oficial de la CTC, el periódico Trabajadores, ha ofrecido una amplia cobertura del proceso de este XX Congreso. Y hoy ofrece un dato interesante. El estudio de los nuevos estatutos prevé ser realizado, además de por los obvios altos niveles, por el 10 % de las secciones de base de cada sindicato en los territorios, que serán 8 mil 41, representativas de las 80 mil 677 existentes en el país.

Tengo un amigo que trabaja conmigo en el Departamento, que todavía no quiere creer que vayan a dejar fuera de la discusión al 90%. ¿A quién se le ocurre cambiar los estatutos de un sindicato, sin consultarlo con la mayoría de los interesados? ¿Verdad que es fuerte? Él piensa que es un problema de redacción del periódico, que ese 10% son solo los que han hecho la discusión hasta ahora, que luego les tocará a los demás, o algo así. Es una realidad difícil de meter en la cabeza de alguien, a menos que se comparta un menosprecio total hacia la democracia y la participación libre de ciudadanos en pie de igualdad, en los asuntos propios de su país.

Cabe preguntarse cómo habrán elegido a ese 10%. Si escogieron esas secciones al azar, si tal vez las escogieron por ser las secciones más conocidas por su comportamiento y expresiones políticamente correctas. Tal vez porque sean aquellas que harán que los cuadros de la región queden mejor a los ojos de sus superiores. Yo no lo sé. En el periódico no dice.

Es verdad que cabría pensar que, de extender la discusión al 100%, se ganaría poco. Las pasadas reuniones, por el Anteproyecto de Código de trabajo, fueron mayoritariamente eventos apáticos, montados para auditorios apurados por largarse a sus casas. La directiva de la CTC bien que podía montar un espectáculo más aparentemente participativo que, con el control que tiene sobre la dirección de todas las intervenciones, no iba a arriesgar a nada. Pero está tan enraizado el desprecio a la voluntad de la ciudadanía, que tal vez decidieron no pasar el trabajo de montar el show y de aparentar acatar la voluntad que pudiera expresarse en un acto fingido de debate popular. Además, sería fastidiosa otra vuelta de discusiones con afiliados díscolos, que sólo piensan en reclamar unos salarios que alcancen para vivir decentemente sin recurrir a actos ilegales. Por eso solo se va a discutir, en la totalidad de las secciones de afiliados, otro documento, el que sirve de base al XX Congreso y que satisface los objetivos de los convocadores.

Los dirigentes de la CTC han reconocido, si bien solapadamente, los déficits de liderazgo, la capacidad movilizativa y de organización que tienen nuestros sindicatos y la pobre calidad que tienen como representantes de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Y esto no lo dicen los malvados periódicos del enemigo. Es una realidad tan fehaciente, que se manifiesta ya hasta en los triunfalistas diarios y sitios de Internet del gobierno, consultables en los vínculos contenidos en este escrito. Al final, las decisiones importantes las toma el Consejo de Estado y quien quiera que dirija las comisiones de nuestro proceso de actualización de modelo.

Con esta restricción antidemocrática, anticubana y antisocialista, sobre el proceso de discusión de sus nuevos estatutos, la CTC da otro gran paso al interior de un lodazal cada vez más insalvable.

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