Por Félix Guerra

Practica “socialista” para asegurar no producción ni productividad o
progreso social, sino más disciplina y control. Y si es posible mayor
incondicionalidad.

En primer lugar, al final y con el desenlace ya escrito (es lo que
sucedió siempre), habrá un dirigente de arriba para los sindicatos
cubanos. El preelegido que ya preside. Alguien del partido, con
suficientes importantes cargos anteriores, donde demostró disciplina,
oratoria y otras importantes cualidades.

Ahora, en este momento, se avanza en la discusión del
Anteproyecto de Código de Trabajo. Avanza el asunto con mucha
discreción, pues se trata en realidad de un Código para los de Abajo,
con unas complementarias desconocidas e insospechadas. Es decir, como
apuntar además a aprobar una ley cuya mitad adicional resulta ignorada
por los asambleístas.

(Si no ocurre de esta manera tradicional y viciosa y sin
dudas autoritaria y amañada, yo me quitaría y nosotros todos nos
quitaríamos asombrados el sombrero. Y luego de autocriticarnos,
daríamos loas a los dioses de la Justicia).

Un Secretario General, es lo que luego, a continuación,
marca el destino. Votado sin elegir, a fin de conducir y presidir a la
gran masa de los abajo. Un dirigente de entre los que ya son o han
sido dirigentes, como reza la Biblia estatal. Es el recurso del método
del viejo modelo en derrumbe y el reciente propósito actualizado.
No nunca sucede que una figura o varias, salgan directamente
de centros de producción, de la épica sindical, en el proceso mismo de
la producción o las discusiones. Con la misión alcanzar una visión y
comprensión justa desde y de esa gran legión social y protagónica que
son los trabajadores cubanos.

Una visión epocal, nacida del seno obrero, de sus intereses
básicos y complejos de productor y asalariado. Para representar
dignamente ante patrones y otros muchos dirigentes. Y a continuación,
actuar sin parcialismos miopes o neutralismos equivocados en busca
tanto de la justicia laboral como de la justicia social.

Hoy por hoy y masivamente el propio Estado es el Patrón de la
clase obrera cubana. En un 80 por ciento.

Por otra parte, ocurre que la totalidad de las organizaciones
de masas y políticas, ramales o institucionales, administrativas,
ministeriales, etcétera, son presididas por un cuadro y/o dirigente
del partido.

Y no porque NO existan seres humanos, individuos, ciudadanos,
personas, honestas y fogueadas, nobles y revolucionarias, que sepan
derramar sudor y sangre, destacadas y capacitadas, en el seno del
pueblo para tan complejo cargo de Secretario General de la CTC. Más
bien, resulta que la regla sacra es que el dirigente salga de los
dirigentes.

Siempre se necesita una persona confiable. De casa, bien
conocida. Alguien que ya marche en ascenso. En fin, con experiencias
de cabecilla, más menos buen orador, diestro en reuniones y congresos.
Quien dirigirá, es lo más seguro y casi cierto ya, no será un
delegado de los trabajadores sino un completo representante del
Estado-gobierno-partido. Es parte de la Política de Cuadros. Y
tranquilidad para quienes designan. Una predeterminación “socialista”
del futuro.

Y en fin, otro en fin, los dirigidos de a pie y de puestos de
trabajo, serán dirigidos por un dirigente de buró y reuniones del
alto nivel. Los de abajo conducidos por los de arriba. Dicho y hecho.
Hecho y derecho.

El dirigido, el trabajador, en esta Cuba de hoy, no es materia
prima para promo- ciones sindicales o políticas. No escalará quizás
nunca hasta el puesto alto y elevado y responsable (eso es
prerrogativa de otros y otras esferas), donde logre gestionar a favor
de compañeros de labor, conglomerado social, justicia laboral y
social, producción y la muy alicaída productividad. O del país
bordeando despeñaderos.

Uno de abajo demostraría de golpe que todos somos iguales, que
cualquier ciudadano, previamente seleccionado y votado, puede ser
elegido y genialmente logra ser dirigente. Y no solo (eso destacaría )
pueden lograrlos los elegidos que transitan elaboradas escaleras
ideológicas de diferentes instancias y estratégicas metodologías de la
política de cuadro. Que se supone, a pesar de grandes contratiempos,
es el algoritmo infalible de la eficiencia.

En conclusión, el Estado será el Propietario fortalecido, con
un Código de Trabajo a la medida. Y será adicionalmente quién elija
al líder y representante máximo de la Clase Obrera. Con la connivencia
discreta de la prensa escrita y televisada.

¿Estamos de acuerdo con ese proceder y estas circunstancias políticas?
Yo no. Bajo mi mano.

¿El propósito explícito no debiera ser siempre querer mejor y
verdadero Socialismo? Más participación de todos, no solo para marchar
y llenar plazas o asistir a reuniones y mirar la TV. Aspirar y exigir
más democracia, genuina y elegida, la razón para escoger otros caminos
posibles, no derrotados ya por el polvo, para refrescar y dinamizar el
ambiente político y los horizontes del país?

¿No sería tal estilo y decisión una muestra real y palpable
de aspirar realmente a cambiar mentalidades?

¿Arrastramos viejos cachivaches y mobiliarios para la época
actual? ¿Anunciamos una recién estrenada y dolorosa época de
actualizaciones al duro y sin guante, aunque siempre con “probados
lideres” a la cabeza?

¿O traemos al presente más honestidad y creatividad. Nuevas
ideas de eficiencia, respeto, consideración y expectativas solidarias.
De progreso y armonía, de liberación de antiguos y fracasadas rutinas
y estilos de dirección, de expresión real de unidad en la diversidad?
¿Qué decir al martirizado ente ciudadano de este
archipiélago, pueblo reencontrado ahora en un Caribe y una Suramérica
que se abre ciertamente a nuevas contingencias y capítulos de
renovación y libertades democráticas, así como aspiraciones
genuinamente socialistas e infinitamente más inclusivas y humanas?

POEMAS DE LA SANGRE COTIDIANA
SEP. 26 de 2013. REGLA, CIUDAD DE LA HABANA.
CUBA

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