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Por Félix Sautié Mederos.

Cuando han transcurrido más de 40 años

En la vida despreciar, neutralizar, criminalizar o perder los sentimientos y las sensibilidades propias de nuestra condición humana propician el hastío y la desesperanza en el mejor de los casos. Quizás para quienes han hecho de los rencores y los odios el centro de sus vidas, esto que expreso tenga muy poco valor y hasta lo consideren un absurdo; otros en cambio lo referirían a sus conceptos burocráticos propios de un esquematismo intransigente.

En esos límites de referencia se mueven muchas de las confrontaciones que se manifiestan en la Cuba de hoy; y muy especialmente, por mi parte, considero que en estas circunstancias y coyunturas el respeto por la Historia y por las personas en su dignidad debe sobrepasar a los enfrentamientos de las ideas e incluso a los comportamientos de cada cual. En consecuencia, no sólo debería ser una constante en la conducta sino mucho más que eso: una fórmula eficaz para la paz y la convivencia social.

Estas son cuestiones propias de una ética existencial que cuando se pierde o no se respeta, afecta seriamente la convivencia y enrarece el ambiente socioeconómico del país; no obstante, algunos insisten en verlo todo a través de sus rencores, sus esquematismos o su mediocridad personal, lo que entorpece las posibilidades del encuentro, la concertación y la solución pacífica de los problemas.

En estas circunstancias y en medio de todas las contingencias existenciales que afrontamos actualmente en Cuba, en ejercicio de mi libertad de conciencia, de pensamiento y expresión, sobreponiéndolas por encima de quienes se afanan en imponer sus criterios y pensamientos por medio de la fuerza ya sean de un bando o de otro, no puedo negar mis sentimientos ni mis recuerdos de lo vivido cuando han transcurrido más de 40 años de la muerte física de Ernesto Che Guevara.

En este orden de pensamiento quiero proclamar públicamente una vez más mis sentimientos de respeto y admiración hacia su persona, sobre todo por haber sido consecuente con sus ideas por las cuales realizó los mayores esfuerzos de entrega, ejemplo y sacrificio al punto de haber muerto físicamente en una lucha frontal a favor de sus convicciones ya fueran equivocadas o no; lo que constituye un juicio que corresponde a la Historia y a las realidades de los pueblos en sus enfrentamiento contra la opresión y el sojuzgamiento que le tratan de imponer los poderosos de la Tierra. Eso no lo pueden negar quienes son sus amigos ni tampoco sus propios detractores; y yo lo afirmo una vez más tal y como no me canso de reiterarlo en algunas de mis crónicas, escritos y planteamientos públicos. Para mí expresarlo abiertamente es una exigencia de respeto por mi propia persona y por la de todos los demás, aunque haya a quienes no les guste.

En la medida que transcurren los años, lamentablemente observo en el medio existencial en que me encuentro enclavado, que sus ejemplos de trabajo, de consecuencia con sus ideas y de su respeto por el diálogo e incluso por la polémica fraternal han ido quedando en el olvido de algunos que no se cansan tampoco de proclamar teóricamente ser sus seguidores mientras que muchas veces hacen todo lo contrario. En mi criterio el problema no sólo se reduce a la proclamación de ser como el Che, tal y como se le hace repetir a niños y jóvenes un lema que por lo general no se interpreta a profundidad. El problema es serlo y asumir todas sus consecuencias, pero eso no se resuelve con lemas.

Por encima de las discrepancias o afirmaciones que actualmente proclaman unos y otros, se encuentra aquello que el Che expresó en una carta suya fechada el 26 de febrero a José Medero Mestre que se publica en sus Obras 1957 – 1960, Casa de las Américas, tomo I, páginas 686 y 687, en respuesta a unos criterios que le expresó Medero Mestre con los cuales no concordaba; textualmente le respondió Che algo que deberían asimilar muchos de los que en ejercicio de su poder se proclaman sus seguidores mientras que criminalizan el diálogo y el debate libre de las ideas de cada cual; y cito, “Por ello, porque piensa, le agradezco su carta, lo de menos es que no estemos de acuerdo”.

En mi criterio la concepción defensiva de plaza sitiada no es un factor que pueda razonar y convencer en el debate ideológico, mucho menos cuando se utiliza para compulsar por la fuerza a las ideas, porque cuando se criminaliza a quien pacíficamente piensa diferente se logra todo lo contrario de lo que se dice defender. Incluso quizás sería de mucha utilidad que quienes ejercen su poder contra el pensamiento diferente, asimilaran a profundidad estos criterios de Che así como las experiencias que se pueden desprender del ejercicio de sus debates públicos en los primeros años de la Revolución Triunfante, antes de marchar a la entrega de su vida a favor de sus ideas.

Así lo pienso y así lo afirmo sin que nada de ello me ruborice por el paso de los años y por el desarrollo de mis pensamientos y la evolución de mis ideas, con pleno respeto por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. fsautie@yahoo.com

Publicado en Por Esto! el sábado 12 de octubre del 2013.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=274353

Nota: los invito a visitar mi página WEB http://www.cuba-spd.com/#

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