Por Isbel Díaz Torres

Este sábado fui citado a la Estación Policial de 23 y C, en el Vedado, donde un agente del Ministerio del Interior me amenazó con tomar represalias contra mí y mis compañeros de la Red Observatorio Crítico, si debatíamos públicamente el Anteproyecto de Código de Trabajo.

Omar (así se llama el policía) fue explícito al decir que no vacilará en hacer uso de la fuerza para impedir que se repita algo como lo sucedido el pasado domingo 29 de septiembre, cuando unas 13 personas debatimos el documento en el popular parque El Curita.

Aunque el Partido Comunista y la Central de Trabajadores de Cuba han llamado a este debate, Omar decidió que tal cosa solo puede hacerse en los centros de trabajo, bajo la égida de las administraciones y sus fieles secciones sindicales; y para colmos, este policía parece disponer de las estructuras de poder para hacer cumplir sus deseos.

Según Omar, nuestro encuentro en el parque es un delito que no volverán a permitir. Dice él que violamos la Ley de Asociaciones. Una integrante del OC acaba de revisar esa Ley, y no encontró tipificado en ella ningún delito semejante a sentarse en un parque y conversar.

No obstante, Omar profirió la amenaza de enviar un patrullero a mi centro de trabajo y sacarme de allí esposado frente a mis compañeros, en caso de que desoyéramos su mandato.

Un agente que lo acompañaba (de unos ojos azules bellísimos, por cierto) también me advirtió que no permitirían ninguna actividad contrarrevolucionaria, a lo cual respondí que yo me sentía más revolucionario y más de izquierda que ellos.

Aunque Omar me concedió la libertad de reconocerme como revolucionario, está claro que estábamos hablando de dos conceptos de revolución diferentes: el de ellos relacionado con la conservación acrítica del status quo, y el mío con el afán de desenajenar y socializar la capacidad de autogestión popular.

A mi salida, Omar retuvo a mi compañero Jimmy Roque, quien no había sido citado oficialmente a la estación, y le profirió las mismas amenazas de represión violenta.

Lo cierto es que el ultimátum ha sido dado. Puede ser un bluffing, de esos que ellos acostumbran, pero pudiera no serlo. Sería más vergüenza añadida al ya vergonzoso e ilegal tratamiento que la policía política cubana ofrece a los disidentes de la derecha.

Ahora también cargarán con los socialistas críticos. Supongo que pronto se sentirán felices, en paz, cuando en silencio tengan para sí todo el poder, y logren imponer un inédito capitalismo revolucionario a la cubana, bien custodiado por sus escopetas.

Mientras ello no suceda estaré acá, con mis utopías, con mis compañeros, trabajando en los barrios, limpiando el malecón, sembrando árboles, denunciando las violaciones de los poderosos, solidarizándome con sus víctimas, haciendo poesía, y a mi modo, construyendo otro socialismo.

Agradezco a los compañeros que desde Europa, América Latina y EE.UU. llamaron para mantenerse al tanto de lo que sucedía, y también a quienes aquí me acompañaron en esa agitada mañana sabatina.

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