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Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

En la medida que avanza el tiempo hacia el fin del año 2013 y el secretismo se mantiene hermético en lo concerniente a los próximos pasos de los procesos de la denominada actualización del sistema económico cubano, aparecen, en el horizonte, preocupaciones e incluso las sombras de un pasado reciente que algunos ven asomarse con la amenaza de volver a sufrir en aspectos esenciales de la vida, surgidos como consecuencia del desplome de la economía cubana en los años más cruentos del denominado Período Especial en Tiempo de Paz, tales como la desvalorización monetaria, la inflación, la pérdida del interés por el trabajo dada la pobre retribución mantenida que impide subsistir en las más elementales necesidades en detrimento, además, del desarrollo y la realización personal, e incluso la discriminación de los cubanos residentes ante los extranjeros poseedores de las divisas.

Me explico: el asunto a que me refiero tiene que ver, entre otras cuestiones, más con la tan mencionada necesidad de elevación de la productividad, la producción y los servicios sociales en cantidad y calidad, así como la normalización del vigente sistema económico y su dualidad monetaria. Para lograr el camino de empobrecer a unos y favorecer a otros, que tanto se critica oficialmente cuando se realiza en el exterior en detrimento de la población de otros países, no debería ser retomado internamente como parte de la variante local que se propone como fórmula básica para estimular el interés por el trabajo.

Una solución verdaderamente efectiva a estos problemas, en mi criterio, debería fundamentarse en el estímulo creado a partir de una mayor retribución por los resultados del trabajo en una moneda con real poder adquisitivo, así como el aumento de la inversión productiva y la puesta en práctica de una verdadera apertura económica que facilite su desenvolvimiento sin tantas trabas como se le ponen actualmente; muchos piensan que por miedo a perder el control absoluto de la economía y de la política, que incluyen procedimientos burocráticos, impuestos excesivos y medidas de control centralizado que se plantean en cada nuevo paso que se pone en vigor durante el mencionado proceso de actualización del sistema.

En este orden de cosas, una desvalorización de las remesas que ya constituyen uno de los más importantes ingresos del país podría significar, además de su reducción drástica como respuesta de quienes la envían, el empobrecimiento de muchas familias, incluso de personas mayores, que, como consecuencia de la diáspora cada vez más creciente, se han quedado muy solas y dependen de lo que les envíen sus familiares desde el exterior. Actualmente de estas remesas, además, depende buena parte del comercio minorista que se realiza en las tiendas de recaudación de divisas, aunque márgenes comerciales excesivos que deberían ser disminuidos y de los servicios que prestan los trabajadores por cuenta propia, en lo que se ha convertido en una redistribución económica nada despreciable, que estimula además el desenvolvimiento de determinadas producciones locales y servicios incluyendo el creciente turismo nacional y el desenvolvimiento de un sistema de cooperativas que dan empleo a un importante número de personas, y que si bien no constituye un solución abarcadora, constituyen esfuerzos efectivos encaminados al desarrollo de la economía nacional que, por pequeños que puedan, ser no deberían despreciarse.

La experiencia de países como China, Ecuador y otros aliados de Cuba en América Latina, en el tratamiento a su emigración y sus exitosas medidas económicas para estimular el comercio interno, así como las posibilidades de inversión de las remesas que reciben sus nacionales, debería ser un camino a recorrer de acuerdo con nuestras características específicas, en vez de lo que ha sido hasta el presente una constante aprehensión hacia la emigración cubana e incluso sus familiares dependientes.
El país no cuenta con facilidades de créditos extranjeros y de capitales decididos a invertir localmente, como para darle una nueva vuelta a la rosca en detrimento de las exiguas posibilidades con que cuenta la población, siempre acusada de indisciplina social y falta de espíritu de pertenencia, lo cual sería injusto y poco estimulante para aumentar el interés por el trabajo que, incluso, se mantiene insuficientemente retribuido con una moneda de escasa capacidad de compra.

Lo más lamentable de lo que estoy planteando es que todo se desenvuelve actualmente en medio de un verdadero aletargamiento de las conciencias, estimulado por los riesgos sostenidos que se enfrentan con la expresión del pensamiento propio. Si se quieren resolver los problemas económicos existentes en la actualidad, es imprescindible el diálogo con el ejercicio de la más cabal libertad de expresión y del pensamiento propio como una virtud y no como un delito repudiado.
Lo que sea necesario hacer, debe ser consensuado efectiva y explícitamente no sólo en lineamientos con la población sobre la base de sus intereses, necesidades y posibilidades. Especialmente potenciando posibilidades y no eliminando posibilidades.

Así lo pienso y así lo expreso, con mis respetos a quien piense diferente y sin querer ofender a alguien en particular. fsautie@yahoo.com

Publicado en por Esto! el viernes 20 de septiembre del 2013.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=269673

Nota: los invito a visitar mi página WEB http://www.cuba-spd.com/#

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