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La contribución del gobierno de los históricos a los objetivos políticos de EEUU en Cuba, a costa del pueblo cubano, el convidado de piedra en ese raro convite.

Por Pedro Campos. pedrocampos313@yahoo.es

La política hacia Cuba de los últimos gobiernos de EEUU, se ha manifestado en una doble dirección: por un lado, se ha caracterizado por mantener y arreciar las regulaciones del bloqueo que afectan directamente al gobierno cubano (financiamiento internacional, créditos, comercio y otros) y, por otro, han ido aflojando las restricciones más relacionadas con la población como el envío de remesas, la venta de alimentos y los viajes de los cubano-americanos a Cuba.

Los objetivos estratégicos de esta política son impedir el desarrollo de una sociedad socialista en este hemisferio, demostrando su inviabilidad económica, desacreditarla ante los pueblos del continente y mostrar, paralelamente, una imagen humanitaria hacia el pueblo cubano, que edulcore y compense el histórico y criminal bloqueo económico, teniendo en cuenta, tanto los intereses de los votantes cubanos del exilio tradicional, como los de las posteriores oleadas de inmigrados.

El gobierno cubano, constantemente ha tratado de tergiversar esa estrategia, propalando el supuesto interés de EEUU en crear condiciones para una intervención militar directa en Cuba, a fin de destruir el proceso revolucionario.

Pero, hace muchos años, éste quedo estancado en un decadente capitalismo monopolista de estado, que concentró la propiedad aún más que el capitalismo clásico, solo que en manos de la entelequia burocrática denominada estado, mientras las relaciones de producción no traspasaron el umbral de la explotación asalariada.

Lo que pudo ser y nunca fue socialismo, ni la sociedad con todos y para el bien de todos, se convirtió en un bodrio neoestalinista, burocrático, autoritario y contrarrevolucionario que el imperialismo y el gobierno histórico, por igual se empeñan en seguir llamando socialismo.

La propaganda sobre la supuesta invasión yanqui sirvió y sirve, esencialmente, para tratar de justificar la represión del pensamiento y el activismo diferentes, sean de centro, derecha o izquierda, acusarlos de responder a los propósitos imperialistas, presentar internacionalmente una imagen revolucionaria que concite solidaridad y para avalar el mantenimiento de una casta militar y de seguridad, encargada de sostener a la élite burocrática del gobierno-partido-estado y su corrupto-corruptor modelo económico.

Sin embargo, tal sofisma está en contradicción con las verdaderas intenciones de los gobiernos norteamericanos, pues en caso de tal intervención militar directa el socialismo cubano no demostraría su inviabilidad, sino que sería interrumpido-derrotado por la agresión imperialista, no por sí mismo.

Contrasentido que sí parece satisfacer el sueño catastrofista de algunos gobernantes cubanos, que han demostrado preferir que la revolución cubana sea destruida por el imperialismo, antes que reconocer el fracaso de su socialismo, que achacan al bloqueo imperialista.

Pero en definitiva el único culpable del estancamiento del proceso revolucionario cubano en ese burdo capitalismo monopolista de estado, quien ha estado y está impidiendo el avance del socialismo, de la democratización de la sociedad, del ejercicio del poder por el pueblo y los trabajadores, del desarrollo de las formas de producción libremente asociadas, del cooperativismos, del trabajo libre individual, del desarrollo económico y del mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo es el propio gobierno/partido/estado, que lleva más de medio siglo en el poder insistiendo en su socialismo estatal, un sin sentido demostrado y fracasado en todas partes.

Y así, con su resistencia a avanzar en un proceso de democratización de la política y socialización de la economía, hacia el verdadero socialismo, tratando de maquillar con la actualización su fracasado y decadente socialismo estatal, el gobierno de los históricos está prestando una invalorable contribución a la estrategia política de su declarado enemigo. No afirmo que haya sido su intención, pero sí lo que ha logrado.

Esta rara coincidencia se explica por la naturaleza anti-socialista que comparten el imperialismo y el modelo estado-céntrico de corte neoestalinista impuesto en Cuba.

Y como para que no queden dudas del buen servicio a la causa imperialista, la pomposa actualización emprende una limitada restauración del capitalismo privado de la cual espera alimentarse el gobierno junto al amplio comercio con el enemigo y sus inversiones vía proyecto Mariel, maquiladoras, marinas, zonas residenciales para millonarios y campos de golf-, en busca de agua y carbón para su engendro estatalista en franca decadencia. Algo que parece imposible sin el levantamiento del bloqueo.

Como complemento, para estimular la tan deseada inversión extranjera, ahora el anteproyecto del código del trabajo que se pretende aprobar por la CTC y el parlamento, viene a garantizarle a los explotadores del trabajo asalariado, que los trabajadores cubanos serán los menos protegidos de este mundo ante sus desmanes.

Una estrategia revolucionaria digna del neoplattismo más abyecto y cínico: Piensen por un momento en que se hagan realidad tales proyectos. ¿Se imaginan un millón de turistas , negociantes y maleantes norteamericanos, muchos con sus yates y cadillacs, paseándose por todo El Archipiélago, comprando mansiones, empresas, hoteles, restaurantes, centrales azucareros, jugando golf, tomando güisqui en cualquier esquina de La Habana , generando prostitución, drogas, juegos y todo tipo de corrupción? ¿Y qué sería eso sino una anexión real o virtual? ¿Para eso se hicimos esta revolución?

En buena lid, la actualización serviría para avalar que el camino más corto para llegar al capitalismo, sería el socialismo, como expresó el defensor del neoliberalismo Carlos Alberto Montaner, quien ahora no disimula su entusiasmo con las privatizaciones que promueve la actualización. (Ver su reciente artículo Los mitos y los dulces sueños).

En fin que a EEUU poco le ha costado desarrollar su estrategia cubana, puesto que el mismo gobierno-partido-estado, se ha encargado de hacerle el trabajo y demostrar la inviabilidad de este socialismo que nunca ha sido, con sus políticas absurdas, dogmáticas, estado-céntricas, anti-económicas, antidemocráticas, represivas y anti-populares, en resumen antisocialistas, que han llevado a descapitalizar y destruir la economía cubana, a degenerar valores sociales, a estancar el crecimiento de la población y a promover la salida del país de talentos científicos, culturales, deportistas y otros.

Desde luego que EEUU se ha encargado de facilitar y ayudar al gobierno cubano en esa faena, con sus amenazas, sus presiones, su bloqueo, su ley de ajuste cubano y demostrando todo el tiempo ante el pueblo cubano sus buenas intenciones de ayudarlo democráticamente a deshacerse del gobierno socialista que ha sumido La Isla en el actual desbarajuste: porquerías del impudor imperialista.

En definitiva, el gobierno de EEUU debe agradecer a su par cubano, porque en Cuba muchos no quieren oír hablar de socialismo; mientras que en América Latina, hace muchos años, los pueblos y gobiernos de la región decidieron no emprender aventuras como las cubanas y los que hablan de socialismo, tienen cuidado de tomar distancia de la forma en que se ensayó en Cuba. Y para otro día dejo los resultados del estimulo cubano a los movimientos extremistas y violentos en el continente.

Pero en el Imperio, unos no están dispuestos a levantar el bloqueo al gobierno, mientras los Castros aparezcan al frente del mismo o no se abran claras perspectivas de democratización, por los costos políticos que traería. Y otros lucen dispuestos a apoyar la limitada transición capitalista que conlleva la actualización, aunque se mantenga el sistema político autoritario, por simple utilitarismo mercantil o agradecimiento.

El pueblo cubano, el convidado de piedra en este abigarrado convite que lleva ya más de medio siglo, el que en definitiva ha tenido que soportar tantas arbitrariedades de ambos, sabrá sacar sus adecuadas conclusiones y, en algún momento, encaminar soberanamente- sus propios derroteros.

Socialismo por la vida.

Se ruega a todos los destinatarios, dar la mayor divulgación posible.

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