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Yasmín Silvia Portales, bloguera y activista cubana defensora de la diversidad sexual, destaca tanto por sus posts políticos como por sus relatos de ciencia ficción, que difunde pese a las limitaciones tecnológicas de la Isla

Por Sandra Abd´Allah-Álvarez Ramírez (@Negracubana)

12 de septiembre – Reconocerse feminista es un ejercicio de arduo de identidad para las mujeres cubanas, explicable a partir de las particularidades que ha tenido en el país el movimiento de mujeres, luego de 1959. Por suerte, hay quienes tienen esta cuestión superada (o nunca pasaron por ella), como es el caso de la feminista Yasmín Silvia Portales.

Yasmín es graduada de Teatrología y Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte, ex-tallerista del Centro Onelio y colaborada de varios medios de prensa. Con esos antecedentes “ilustres”, la joven ha desarrollado una carrera en las redes cubanas, que comenzó en 2005, momento en el que sacó a la luz Palabras Robadas, blog dedicado a sus narraciones de fanficción, del cual hablaremos más adelante.

Sin embargo, su bitácora más reconocida es En 2310 y 8225, en la cual desde el encabezamiento reconocemos su intención primigenia: Vivir en Cuba y ser queer ha sido elección. Mi vida es un fino equilibrio entre el ejercicio de la maternidad, el feminismo y el marxismo crítico[1].

El primer post data de 2007 y en aquel entonces se reconocía como una mujer con una heterosexualidad iconoclasta, que usaba las redes para expresarse, lo que imprime cierta riqueza al tratamiento discursivo, revelando argumentos consistentes: Lo hago porque la defensa del derecho a la libre expresión de la diversidad sexual es parte de mi vida cotidiana, tanto personal como profesional. En los posts de carácter personal simplemente expreso mi sexualidad heterodoxa, cómo permea mi percepción del mundo. En los textos periodísticos o académicos se trata de una toma de partido consciente. No se narra desde la neutralidad, siempre se narra desde cierto punto de vista, y parte de mi punto de vista es la defensa del derecho a la diferencia[2].

Del mismo modo, la bloguera fundamenta la pertinencia de Internet para dar cauce a sus preocupaciones y la reconoce como un medio válido como cualquier otro, señalando como la principal ventaja la naturaleza inclusiva y dialógica de la red[3]. Según ella, se puede opinar, se puede discutir, se puede denunciar sin esperar a que los responsables de los medios de comunicación tradicionales decidan que es políticamente oportuno sacar a colación la injusticia que afecta a X grupo social[4]. En 2310 y 8225 es muestra de sus intereses en campos afines como la diversidad sexual, las relaciones de género y la filosofía.

Una de sus entradas, “Pulsar en negativo“, es en nuestra opinión una de las más subversivas en cuanto a la maternidad en la vida de una mujer joven profesional: Creo que todo se resume a que llevo tres meses sin un orgasmo, me picaron la barriga y ahora comparto la habitación con un extraño que no habla mi idioma y de quien soy totalmente responsable ().[5]

No obstante, como los procesos identitarios son harto difíciles y en ocasiones inexplicables, al preguntársele recientemente si era ciberfeminista expresa:

¿Ciberfeminista? No. Yo soy una feminista marxista, creo que las discriminaciones (de raza, religión, capacidad física, género, orientación sexual, identidad de género y hasta etcétera) son mecanismos (intuitivos al principio) de la clase dominante para perpetuarse en el poder. Yo creo que la cosa está en desmontar el control material sobre los medios de producción y los modelos sociales que justifican la exclusión, todo a la vez, o se traba la catalina. () Yo tengo una relación crítica con los discursos sobre el uso de la tecnología (que no tiene ideología, que es natural en los hombres, y eso), pero estoy lejos de ser una usuaria activa con la tecnología. Para mí eso es: capaz de analizar un código y modificarlo para que responda a mis intereses; capaz al menos de resolver mis propios problemas con la PC. () Claro que reflexiono sobre la presencia femenina en Internet, pero es una derivación de la obsesión del feminismo marxista por el uso social de la tecnología (). Recojo la perspectiva de que Internet es una expresión más del espacio público y debemos hacer visibles nuestra presencia, los aportes (contenido, forma o tecnología pura) que hacen las mujeres y los mecanismos a través de los cuales se intenta replicar el sexismo preexistente en el espacio público físico. Yo soy una feminista marxista que mira con atención al ciberespacio. Nada más.

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