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Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

Será que se me ha vuelto alguna clase de hábito. Todos los años, a esta altura del verano, voy varias veces al club Otto Parellada, donde Rogelito y yo disfrutamos de baños en el litoral habanero. Y luego, malagradecido que soy, escribo algunas maledicencias. Las de este año, espero, aportan alguna que otra novedad y proposiciones para tener en cuenta. Espero, también, que sea la última. La esperanza, que no se pierda.

Como es del conocimiento público, este club o Círculo Social es el que le toca a los trabajadores del sector de la salud. Podemos asociarnos a éste, tras una sencilla gestión burocrática con foto carnet incluida como es mi caso. Teóricamente, somos entonces dueños del mismo. Tan dueños como lo es, de forma igualmente teórica, todo el pueblo de Cuba de sus empresas, minas, hoteles, etcétera.

Así que no resulta para nada paradójico arribar en estos meses de julio y agosto únicos en que los dueños podemos entrar casi libremente a nuestro círculo y atravesar, con disciplina, un cordón de celosos guardias de seguridad, armados con porras. Están ahí, al parecer, para defender el lugar ¿contra sus dueños?

El otro día, dentro ya de la instalación, compramos unos pastelitos a una vendedora que logró colarse. Quiero decir, que logró entrar una jaba de los dulces sin que los guardias se percataran. A mí me gustaría decirle, a los guardias, que no tengo ningún problema con dejar entrar a mi propiedad, un puñado de honestos comerciantes particulares para que mejoren las ofertas del lugar. No creo que me vayan a escuchar.

En general, son limitados los servicios a los que tenemos derecho sus dueños, si no nos cae del cielo la posibilidad de acceder a algunos otros, en la forma de ciertas invitaciones. Con ellas se puede entrar, por ejemplo, a la piscina y al restaurant. Este domingo, me encontré allá a una doctora de mi hospital, que logró conseguir algunas de las repartidas esta semana.

Me quedé pensativo. Si nosotros somos dueños del lugar, ¿quién es la persona que nos puede ofrecer estas invitaciones? ¿Será alguna clase de superdueño? El secretario de la CTC del hospital no es, ese es un simple acatador de orientaciones superiores. ¿Será el secretario que encabeza la rama sindical en el ramo de la salud? ¿Será el mismísimo Ulises Guilarte, flamante ex cuadro del PCC, apuntado por el Dedo Divino como líder de la CTC?

Y aquí está, finalmente, mi propuesta. Al tono de los tiempos que se viven, en los que el Estado suelta las unidades de servicios y permite formar, en ellas, cooperativas con sus propios trabajadores. Propongo, pues, que se permita a los trabajadores del Otto Parellada que formen una cooperativa, y que administren el lugar como mejor les parezca. Pienso que así se arreglen muchas de las insatisfacciones que ya he plasmado en anteriores ocasiones. Yo renuncio, gustoso, a la parte que me corresponde como dueño de ese lugar, si con ello contribuyo a la formación de la tal cooperativa.

Lamentablemente, yo mismo me doy cuenta, mi disposición cuenta para muy poco. Entregar mi potestad de dueño a ese colectivo de trabajadores, es una de las potestades de dueño que no poseo. Supongo que eso solo lo pueden disponer con o contra mi voluntad el zar de las reformas económicas cubanas, Marino Murillo, o el presidente Raúl Castro.

¿Serán ellos los superdueños?

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