Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

En medio del atiborramiento del calor extraordinario que sufrimos este verano 2013 en mi Habana querida, siento quizás con mayor intensidad que vivimos dentro de una obsolescencia sostenida que se hace evidente en los más disímiles ámbitos de nuestra sociedad caribeña insular. En este orden de cosas, considero que cuando los problemas subsisten si verdaderamente se quisieran solucionar, deberían ser identificados y dados a conocer objetiva y públicamente como primer paso para su enfrentamiento; es con este propósito que escribo la presente crónica con la esperanza que pueda llegar a muchos oídos receptivos. La obsolescencia está dañando las esencias básicas de la nación cubana, y la historia no va absolver ni a este mal en sí mismo, ni a quienes lo propugnen y lo sostengan. La obsolescencia es un cáncer social de efectos terminales en el tiempo.

Identificarla públicamente es lo que puedo hacer y lo hago por encima de los miedos que como fantasmas recorren por nuestros medios sociales, porque acallarla y ocultarla sería lo mismo que sostenerla en el tiempo con el propósito implícito e incluso muchas veces involuntario de que todo continúe igual, sin cambio positivo alguno. Esa actitud de silenciarla que generalizadamente se adopta en nuestra sociedad mientras pasan carretas y carretones al decir del pueblo, constituye una alternativa generalmente propugnada por quienes les preocupa mucho que se produzca cualquier movimiento que pueda alterar el orden social establecido dentro del cual subsisten.

En estos empeños a que me refiero algunos de por aquí utilizan para justificarlos los más variados argumentos, entre otros: la necesidad de la lucha contra los enemigos, el enfrentamiento al bloqueo, la defensa de los intereses de la Patria y otros similares que sería extenso relacionar; casi todos fundamentados sobre la base de principios justos, pero con una aplicación tergiversada superficialmente que poco tiene que ver con la justeza de los propósitos a que se le aplica, ya que el ocultamiento de la realidad nunca sería algo verdaderamente justificable, porque es a partir de la verdad que podrían sustentarse las soluciones verdaderas.

La obsolescencia generalizada que se manifiesta en la sociedad cubana del momento, con honrosas excepciones, constituye una de las realidades que nos atrapa a todos sin excepción, incluyendo a quienes se apoyan y se benefician en ella, mientras que cada vez se hace más insostenible, de la cual urge deshacernos porque su subsistencia podría ser el regreso a la edad de las cavernas, triste situación a la que nos estamos precipitando aceleradamente, en medio de un Siglo XXI caracterizado por los más inusitados avances de las ciencias y las tecnologías.

Me refiero a una obsolescencia en los proyectos detenidos en el tiempo así como a su fundamentación conceptual, en los accesos a la revolución creadas por las nuevas tecnologías de comunicación, en las ideas esquemáticas que no se superan y en los avances del conocimiento humano. También se manifiesta en las personas detenidas en el tiempo que se aferran a su estatus establecido, incluyendo algunos liderazgos desfasados de las realidades, de los intereses de la población y de las épocas en que vivimos. Poco se podrá actualizar, resolver, reformar o cambiar positivamente en medio de estas situaciones acuciantes.

En consecuencia, puedo decir que estamos ante una muy lamentable y triste obsolescencia generalizada que a nosotros se nos hace cada vez más manifiesta en la medida que podemos contrastar nuestras realidades con las informaciones sobre los avances favorecedores de la vida y el desarrollo que se filtran desde el exterior por medio de las nuevas tecnologías de la información que algunos detenidos en el tiempo, intentan demonizarlas y tratan de entorpecerlas infructuosamente prohibiendo su uso, limitando sus posibilidades para los que logren acceder les sea muy difícil la navegación como sucede en algunos casos actualmente y complicándolo todo. Se utiliza una técnica que podríamos denominar como del no servicio justificado por las limitaciones tecnológicas generalizadas difíciles de solucionar, así como por la falta de recursos económicos para desarrollar un servicio que contradictoriamente puede ser muy rentable, y las más drásticas compulsiones sobre los posibles usuarios al objeto de desestimular su utilización. Toda una situación de retraso y obsolescencia que silenciosamente nos ahoga, nos angustia y nos hace muy difícil la existencia.

Testimoniarlo es muy importante en mi criterio, al objeto de tratar aunque resulte infructuoso, que este planteamiento pueda llegar a los que continúen detenidos en el tiempo en un intento de que pueda comprenderse mejor generalizadamente que esa obsolescencia sostenida nos rezaga del resto de la humanidad y que de mantenerse dará al traste con los propósitos de todos ya sea a favor o en contra del sistema sociopolítico vigente. Es un problema acuciante que podría dar al traste con nuestro presente y con el futuro que tenemos por delante.

Así lo pienso y así lo expreso con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. fsautie@yahoo.com

Publicado en Por Esto! el martes 20 de agosto deo13.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=263274

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