Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

La necesidad de la disciplina y del orden constituyen problemas puestos en los primeros planos de la sociedad cubana, que no se deberían debatir en campaña o solo a partir de consignas preestablecidas y con lo que pudiéramos denominar como “un todos a una” sin pensarlo mucho, sino con razonamiento profundo, búsqueda de las verdaderas causas, así como un radical espíritu crítico y autocrítico. Por lo importante y decisivo de estas cuestiones se requiere de la más libre posibilidad de poder opinar con pensamiento propio y con plena libertad de expresión “…sin excluir a nadie con rigor e intencionalidad política… sembrando en cada uno la motivación por ser mejores y llevando por delante el ejemplo personal… ”, tal y como ha planteado el Presidente Raúl Castro en un reciente discurso suyo pronunciado en la Primera Sesión Ordinaria de la VII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Además añadiría por mi parte también y muy principalmente, que habría que analizar la indisciplina social, la pérdida de valores y el desorden generalizado dejando a un lado las descalificaciones, los insultos, las advertencias e incluso los esquematismos oportunistas de quienes solo se movilizan por medio de las consignas originadas en los planteamientos oficiales sin permitir que existan opiniones diferentes, lo cual es muy negativo porque en definitiva son problemas esenciales, que requieren de una profunda depuración de responsabilidades para poder abordarlos objetivamente.

Las expresiones a que me refiero y que deberíamos dejar a un lado, devienen un más de lo mismo dentro de un clima rígido y enrarecido que se fundamenta en la limitación del pensamiento objetivo y que impide la efectiva participación del pueblo, si por pueblo se entiende a todos los cubanos y no solo a los que siempre están de acuerdo.

Estas actitudes que planteo rechazar se manifiestan cada vez que se expresan desde las cúpulas de la sociedad cubana del momento llamamientos de atención, así como criterios, análisis o conceptos sobre problemas que se consideran generalizados en un sector o en la sociedad en su conjunto.

Hay personas de pocas luces, detenidas en el tiempo, en sus dogmas y en sus esquematismos, para las que solo existe una única posibilidad de la verdad; y aunque alrededor de ellas se esté cayendo a pedazos la sociedad en que se encuentran enclavadas, incluso afectándolas directa o indirectamente, lo orientado desde arriba es lo que se tiene que imponer por encima de cualquier otra consideración. Conforman en su conjunto una especie de fanatismo inconmovible dentro del cual se mantienen enquistadas e intentan enquistar a los demás; y este es un problema que necesariamente habría que plantearse como parte del análisis de estos fenómenos a que me refiero, porque con sus actitudes lo complican todo e impiden el diálogo de todos con todos, tal y como debería ser en mi criterio.

Los serios y evidentes problemas de indisciplinas sociales, desorden, pérdida de valores y corrupción que se han planteado son realidades existentes desde hace mucho tiempo; y algunos de una forma u otra los hemos expresado con infructuosa insistencia, análisis de causas e incluso propuestas de soluciones, afrontando descalificaciones, exclusiones o sin simplemente sin ser oídos en el mejor de los casos. En este orden de pensamiento, considero muy importante que se haya reconocido ampliamente su existencia, pero a la par opino que el análisis de causas y responsabilidades no se debería descargar únicamente sobre el pueblo, que durante mucho tiempo ha sido víctima de la centralización extrema, del autoritarismo, de las prohibiciones absurdas, así como de los planes fallidos, de las perspectivas incumplidas y que ha tenido que sobrevivir por sobre todas las cosas. Un análisis científico de los problemas de indisciplina social y del desorden existente, tendría que comenzar ante todo por aquello que planteó Carlos Marx: que el hombre piensa según vive; y la vida se ha hecho muy difícil para la población por motivo de tantas limitaciones, prohibiciones y burocracias.

Si la vida para el pueblo de a pie, cada vez se ha hecho más precaria, si las posibilidades de salir adelante con su propio esfuerzo se le han hecho muy difíciles, si la corrupción burocrática se ha extendido en las instancias que deberían prestarles los servicios imprescindibles a los ciudadanos, entonces la responsabilidad esencial de estos problemas habría que buscarla ante todo en las instancias de dirección y en los organismos administrativos. ¿Qué respuesta podría esperarse que no fuera un sálvese quien pueda?

Por aquí, en mi opinión, habría que comenzar, por ir hacia el pueblo con espíritu autocrítico, liberar las fuerzas productivas, exigir cuentas en las instancias administrativas y políticas, depurar las responsabilidades, cambiar efectivamente todo lo que deba ser cambiado, hacer efectiva la participación de todos, tener en cuenta sus criterios y darle un vuelco a la situación generalizada de una centralización vertical. Por ahí tendrían que marchar las cosas y no por lo que para algunos resulta más fácil: arremeter contra el pueblo, principalmente el pueblo de a pie, como único culpable. Con esto no estoy negando las acciones legales contra el delito y la corrupción en donde se manifiesten comenzando por arriba.

Así lo pienso, así lo afirmo con mis respetos para las opiniones diferentes y sin querer ofender a nadie en particular. fsautie@yahoo.com

Publicado en Por Esto! el lunes 22 de julio 2013.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=257095

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