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Por Daisy Valera
Los primeros electrodomésticos que recuerdo son un ventilador Órbita que me garantizaba el sueño las pocas noches sin apagón. Una plancha que se encargó de alisar todos mis uniformes desde la escuela primaria hasta el preuniversitario y una lavadora Aurika verde; que amenazaba con romperse a cada intento de centrifugar pero siempre permanecía en una pieza.

Muchos de estos equipos fabricados en la URSS hace más de 30 años siguen siendo útiles en los hogares cubanos. Se siguen reparando “planchas rusas” y produciéndose artesanalmente vasos metálicos para batidoras Eta.

No extraña que durante la pomposa “Revolución Energética” de mediados de los 2000 muchos propietarios de refrigeradores Frigidaire o equipos de aire acondicionado soviéticos, se negaran a cambiarlos por sus homólogos fabricados en China.
A pocos años de estos trueques algunos equipos que llevan en funcionamiento décadas conservan su aura de inmortalidad, mientras los modernos refrigeradores Haier y las ollas arroceras Liya se amontonan inservibles en almacenes y talleres.

Por estos días el cubano se adapta a lo desechable y frágiles que son los nuevos electrodomésticos y desarrollan cierta nostalgia por los equipos duraderos y reparables.

En el seno de la dinámica de compra, tira, compra surge el movimiento SOP (Sin Obsolescencia Programada). La Obsolescencia Programada se refiere al fenómeno de diseñar con premeditación objetos de poca durabilidad para potenciar el consumo y es un tema casi desconocido para la población cubana.

Podría pensarse que el “consumismo” no es uno de los males que aqueja a un país en constante crisis de desabastecimiento, sin embrago, la Obsolescencia Programada nos afecta fundamentalmente por dos razones:

— los equipos que se ofertan provienen del mercado internacional, no de industrias locales.
— los cubanos perciben salarios risibles.

Para comprar en las tiendas una plancha, una batidora, y un televisor que cuestan 20, 50 y 400 CUC respectivamente, un trabajador con un salario medio (450 CUP) tendría que ahorrar el mismo íntegramente por poco más de 2 años.

El hecho anterior convierte a los mencionados electrodomésticos poco duraderos en prácticamente tesoros insustituibles.

Ante esta realidad el movimiento SOP, promovido por el ingeniero español Benito Muros, apuesta por la comercialización de productos que no estén programados para tener una corta vida y que respeten el medio ambiente por la eliminación de grandes volúmenes de desechos.

La empresa de Muros, OEP Electrics, ha creado una bombilla sin Obsolescencia Programada con una garantía de 25 años y reparable de por vida. Sumado a esto la bombilla permite un ahorro de hasta un 92% en electricidad y emite hasta un 70% menos de CO2.

Si el Estado cubano tuviera la intención de realizar una nueva revolución en el área de la energía, pero esta vez que sí diera resultados, debería no desoír el llamado del SOP y librarnos de las lámparas supuestamente ahorradoras, las hornillitas eléctricas y los temibles DVD Parker.

No estaría nada mal, por ejemplo, empezar construyendo una fábrica de las bombillas de Muros en la isla.

Publicado en Havana Times

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