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Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas Cubanas

El tema sobre el imprescindible sentido de humanidad en la prestación de los servicios y en la atención al público en general que comencé a tratar en mi anterior crónica (1) tiene múltiples manifestaciones y aristas que no se pueden agotar en el breve espacio de 2 cuartillas y en consecuencia continúo con este análisis, a partir de los insistentes planteamientos oficiales de potenciar la exportación de los servicios en el desenvolvimiento de la economía nacional cubana, lo que debería tener como contrapartida de fondo la búsqueda de la calidad y la excelencia en los que se prestan internamente a la población residente en el país, así como de las retribuciones justas y estímulos concretos a quienes lo prestan tanto dentro de nuestras fronteras como en el exterior.

En mi opinión estamos ante un tema de significativa importancia que no se debería enajenar del sentido de humanidad con que deberían prestarse los servicios adentro de nuestras fronteras y de la atención del Estado a quienes los prestan; no obstante quiero dejar claramente especificado que me manifiesto de acuerdo con los esfuerzos encaminados a su potenciación como elemento importante de la economía nacional exportadora porque una cosa no debería impedir la otra tal y como muchas veces sucede; claro está que existen sus muy honrosas excepciones. En este importante tema se presenta un problema de prioridades y de justicia social en el que ante todo el compromiso básico es con el pueblo, que con su trabajo y esfuerzos hace posible el desenvolvimiento del país. En este sentido considero necesario desactivar las tendencias que relegan a un segundo plano a la población que no les aporta beneficios directos, sustentado ello por la descalificación de la crítica, el esquematismo dogmático de unas normas escritas que en muchas ocasiones no se avienen con los problemas que presente el pueblo en sus necesidades de recibir esos servicios, así como de la priorización oficial por encima de las necesidades de la población de los intereses políticos y económicos volcados hacia el exterior y de proyectar además como objetivo primordial una determinada imagen internacional.

En consecuencia, considero que no se debería continuar abordándolo principalmente desde el punto de vista externo y significando en primer lugar excelencias y heroicidades en el exterior en menoscabo de lo interno cotidiano, sin tener en cuenta que todo debería partir de la calidad con que se atienda a nuestra población en el día a día. Atender ante todo a la población residente en el país constituye el cumplimiento de un deber esencial que no se está planteando actualmente con las características extraordinarias que significa hacerlo en el exterior, donde los reconocimientos se publicitan urbi et orbi por decirlo de alguna manera más comprensible. De esa limitada actitud subsistente se benefician sensiblemente las corrientes burocráticas centralizadoras y verticalistas con poder real, que con tanta fuerza persisten dentro de la sociedad cubana del momento.

También se presenta un problema concreto en ambas situaciones, adentro y afuera de nuestras fronteras, concerniente a una retribución que no se corresponde ni con el trabajo ni con la calificación de las personas que lo prestan, que en justicia debe ser resuelto conforme al principio básico que plantea retribuir a cada cual sobre la base de la calidad y la cantidad de su trabajo.

Me estoy refiriendo en general a un asunto del menoscabo a la población residente que es predominantemente objeto central de las conversaciones entre las personas que esperan sus turnos en las colas y en las dependencias de nuestros ya deprimidos servicios y que requiere de una atención priorizada, dejando atrás los viejos esquemas autoritarios que se resisten y descalifican a la crítica.

En realidad pienso que es imprescindible desterrar el concepto con que se funciona a partir de la idealización de un Estado todopoderoso y sobre protector, del cual emanan por su magnanimidad implícita la atención a una población considerada un objeto que siempre debe estar agradecida de ello. Todos los servicios que necesita la población constituyen una obligación correspondiente con su condición humana y con sus derechos inalienables y es una obligación esencial del Estado prestarlos y dar debida cuenta de ello al pueblo soberano. Aquí radica, en mi criterio, lo esencial del necesario cambio de mentalidad en esta importante dimensión social.

Así lo pienso, así lo he experimentado personalmente, así lo he conocido de mis vecinos y del pueblo en general y así lo expreso con mis respetos al pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. fsautie@yahoo.com

(1) Cuando se enajena el sentido de humanidad…POR ESTO!, sábado 8 de junio del 2013

Publicado en Por Esto! el jueves 13 de junio 2013.

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=248844

Nota: los invito a visitar mi página WEB http://www.cuba-spd.com/#

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