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Por Ovidio D´Angelo

La elocuente y elegante consigna que presidió este Primero de mayo en Cuba no deja de causar incertidumbres en medio de las diversas polémicas acerca de ¿Hacia dónde va Cuba?, que puede ser la traducción actual de la canción de otrora de la Nueva Trova: ¡Cuba va!, claro que no sabíamos muy bien si de verdad íbamos y hacia donde, después de la mística revolucionaria de las primeras épocas, los avances sociales y retrocesos económicos y políticos del principio y profundizados posteriormente, aunque “actualizados” periódicamente y ahora con más fuerza con los Lineamientos “económicos”, una de cuyas principales lagunas consiste en un “pequeño” problema, que es que no se basan en una conceptualización sólida del marxismo y sus progresos, ni de una valoración crítica de sus prácticas erróneas en todo el mundo – en el sentido de la “crítica crítica” de Marx; es decir, de la crítica para partir hacia nuevas síntesis teórico-prácticas-.

En efecto la consigna enarbolada en la ocasión. “Hacia un socialismo de progreso y sustentable” parecería inobjetable, como expresión del buen deseo.

Un pensamiento crítico-reflexivo abordaría, al menos, estas interrogantes esenciales:

1-Hacia un socialismo: ¿Qué socialismo?, ya que como reza el refrán metaforizando: cuantos crímenes se han cometido en tu nombre. La cuestión es tan seria como para recordar que, algunos de nuestros principales dirigentes –incluido el líder histórico- han expresado que no se sabe lo que es el socialismo, frase que puede reflejar lo erróneo de las aplicaciones apropiadas acríticamente, como también dejar entrever que no se ha “leído e interpretado” las tesis esenciales de los clásicos del marxismo, sino lamentablemente las deformaciones estalinistas que dieron al traste con el llamado “socialismo real”…..mentalidad no solo latente, sino en gran parte operante en la Cuba de Hoy, desde los extremos conservadores y los pragmáticos que apuestan a una redefinición de base capitalista autoritaria: economía gerentocrática autonómica sin participación autogestionaria obrera, descentralización municipal sin participación popular ciudadana, etc (*).

2- De progreso: ¿Qué tipo de progreso y como se reflejaría en la calidad de vida ciudadana en medio de los desajustes monetarios, cambiarios, salariales y de precios que existen actualmente, si que se haya esbozado una solución esencial a la cuestión clave de cómo malvive el cubano de a pie si no es en medio de la corrupción, las ilegalidades y el deterioro moral que ocasiona una política irracional que sólo enfatiza el esfuerzo, la productividad, el ahorro como medios de salir del “hueco” y no el mejoramiento de las condiciones reales de vida e ingreso de la población, lo que podría lograrse con un enfoque realmente descentralizado hacia la potencialidad productiva de la sociedad civil autoorganizada colectivamente en relaciones cooperadas.

3- ¿Sustentable?: a pesar de las medidas de ajuste organizativo y el desplazamiento de las fuerzas productivas hacia el “cuentapropismo”, que esconde relaciones capitalistas entre otras propias de la flexibilidad de empleo personal, precisamente lo que no ha sido este proceso revolucionario es “sustentable” en el amplio sentido: económico, político, jurídico, etc. Las soluciones de sustentabilidad de un tal socialismo de progreso serían sus esencias participativas ciudadanas en el diseño, la toma y control de las decisiones que nos afectan a todos, es decir, no solo las del barrio sino las que competen al Estado en todos sus niveles.

Mi conclusión: La consigna del primero de Mayo requiere un “cambio de mentalidad” que pasa por la reconstrucción desde la teoría y la práctica realmente marxista –desde los clásicos hasta los pensadores cercanos de la actualidad que abundan en sus esencias participativas, autogestionarias, cooperadoras-solidarias y de profundo sentido democrático ciudadano, opuestos al estadocentrismo que confunde la relación Partido-Estado como el centro y meta de la vida del país, reduciendo así el papel del “soberano” a simple instrumento de las decisiones desde arriba, a lo sumo “consultadas” de vez en cuando con algunos sectores de la población, la academia y otros, desde esos altos centros de poder decisorio inapelables.

(*) Los cubanos, como dijo Gómez, nos quedamos cortos o nos pasamos. Y no se ha aprendido a escuchar los criterios diversos que ponen las cosas en su justo medio esencial, al parecer. Muchas medidas de los Lineamientos van en buen sentido de progreso social; otras retrotraen a impredecibles impactos en relaciones capitalistas; otros limitan la apertura necesaria de las fuerzas productivas en su esencia realmente colectiva, participativa y democrática.

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