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Por CRISTO SALVADOR GALERIA

El presente texto es la obligatoriedad a la que se ha visto remitida CRISTO SALVADOR GALERIA después que se publicara en Diario de Cuba (DDC) un artículo de María Matienzo Puerto sobre la presentación de P350, revista coordinada por Yornel Martínez, y el panel que le sirvió como colofón Revistas culturales: sociabilidades de papel.
El artículo en cuestión apareció publicado bajo el nombre P350, Cristo Salvador y las sociabilidades culturales el 15 de mayo del año en curso. Los coordinadores de Cristo Salvador Galería tuvieron noticia de dicha publicación a partir de comentarios de terceras personas en terceros espacios. Aún hoy no se explica la razón por la cual la autora, al parecer una corresponsal de DDC, quien según el artículo visitó el espacio de la galería Cristo Salvador, no notificó a los coordinadores sobre la labor periodística que llevaba a cabo, labor destinada a concluir en la publicación del texto citado.
Cristo Salvador Galería revisó directamente el artículo en la plataforma de publicación, o sea, DDC, e inscribió en el espacio dado a los comentarios una suerte de notas al pie (texto que se adjunta al final del presente) donde dejaba registro de su inconformidad frente a una serie de aspectos desinformativos y tendenciosos que hallaban lugar en el artículo, así como de una solicitud de disculpas a la autora y a los responsables del noticioso por los perjuicios que estas cuestiones podían causar. Estas notas les fueron así mismo enviadas al momento a la redacción de DDC usando como vía el contacto que el diario provee en su sitio.
Tras haber dejado transcurrir un lapso de tiempo prudencial (unos tres días) para que aquellos a quienes iba dirigida la solicitud respondieran a la misma, y al no haber recibido respuesta alguna, Cristo Salvador Galería decide hacer uso de sus posibilidades de circulación en la plataforma mediática para corregir y aclarar aquellos errores y malentendidos a los que da lugar el artículo de la señorita M. Matienzo. Intento que se encuentra en franca desigualdad de posibilidades dado que la plataforma informativa a la que tiene acceso Cristo Salvador Galería es considerablemente de menor alcance que la que dispone DDC. En lo que de lesivo tiene el artículo de M. Matienzo para Cristo Salvador Galería y que expondremos a continuación, no observaremos estrictamente el orden cronológico de las enunciaciones en el mismo, antes nos referiremos a ellas desglosándolas categorialmente en la estructura del texto.
Se impone comenzar por una cuestión de simple nomenclatura. Pase que al nombre de Otari Oliva se le halla sustituido la I latina final por una Y, pero resulta inadmisible que Yornel Martínez se halla convertido en , y citamos, Yosnel J. Elía. Esto deviene una total falta de seriedad y rigor en el manejo de información por cuanto Yornel Martínez es nada menos que el coordinador del proyecto P350, una revista alternativa cuya presentación en el espacio constituía la base del evento. Yornel J. Elías (y no Yosnel ni Elía) es el nombre que usó Yornel Martínez (nombre compuesto por su segundo nombre, José, y su segundo apellido, Elías) para figurar en la lista de artistas colaboradores en el soporte P350. No disponer al menos de la información correcta sobre el nombre de la persona que fue el responsable de una buena parte de lo sucedido, el artista que ha dado lugar a un interesantísimo proceso en torno a la investigación de los conceptos sobre los que se construye la idea de una revista, proceso que a la vez constituye hoy un comentario muy oportuno sobre el tema, es un hecho que no puede catalogarse como una mera imprecisión informativa sino como un descuido propio de alguien que anda con demasiada prisa.
A continuación tenemos lo referido a la información que se ofrece en el artículo sobre qué es Cristo Salvador Galería y quiénes son responsables de la misma, citamos La idea de Cristo Salvador, de Otary Oliva, es genial como imagen plástica, aunque no escapa a la connotación religiosa y a la idea del fin de todo o del inminente peligro. De cualquier manera me parece una estrategia de marketing necesaria (que hablen los dos milenios en el imaginario occidental), a menos que el sitio se convierta en uno más con temores a dialogar desde la pluralidad. En primer lugar Cristo Salvador no es una idea sino un espacio doméstico que funciona actualmente bajo las determinaciones del concepto de medio expositivo para artes visuales. En segundo lugar tampoco es una idea de Otari Oliva, si con ello la autora pretendía informar sobre la autoría de la idea debió tomar debida nota y atender que el proyecto se debe al trabajo colectivo de Jazmín Valdés, Álvaro Álvaro y Otari Oliva.
Resulta inadmisible que se trastoque, debido a no se sabe cuáles razones, un valor fundamental de gestión grupal en la signatura de un solo individuo, debido a que, y sobre todo a esto, Cristo Salvador Galería defiende desde su mismo planteamiento estructural la colaboración horizontal fundada en la concurrencia de diferentes saberes como modelo de praxis y pensamiento. Lo hace así con toda intención y con ello valida uno de los mensajes más importantes que trata de transmitir a la escena cultural y artística. Individualizar el protagonismo, no solamente es desinformar sobre uno de los momentos más importantes del planteamiento del proyecto Cristo Salvador, también constituye la réplica y traslado del modelo social de verticalidad, y la incapacidad de abandonar la identificación con este modelo de lectura en la apreciación fenomenológica de la diferencia.
En un segundo momento del párrafo citado se habla de una estrategia de marketing necesaria en lo referente al nombre del espacio. Esto constituye otro error garrafal que produce una lectura totalmente opuesta a lo que son los principios de trabajo del proyecto y que se hallan determinados en un texto que acompaña al dossier del mismo, el cual se le facilita a todo aquel que se encuentra interesado en cualquiera de los aspectos del proyecto. Citamos Interesada en un efecto societal real, la Galería entiende que debe realizar su trabajo como una opción a los valores de mercado que reconstituyen progresivamente el sistema de arte cubano, anteriormente dominado por determinantes de la ideología política. Es por tanto una gestión diversificadora y crítica frente a la homogeneización de valores, como se desprende del primer tópico enunciado.
Podemos ver, en este momento más que nunca, que la pertinencia de esa proposición queda fuera de dudas cuando un agente de los medios de información no puede dejar de proceder en determinada circunstancia como un sujeto totalmente estandarizado por ideologías de mercado. Ello se refrenda innegablemente en el hecho de que no logra dejar de percibir los objetos y fenómenos que componen diversas realidades desde una formulación mercantil, lo prueba ella misma cuando vuelve a repetir el escaque de su ideología: Todo el tiempo estuve repitiéndome el nombre de la galería, y reafirmando la pegada comercial que tienen estas palabras. Me parece renovador en el mapa cubano. (las negritas son nuestras). El mercantilismo no es renovador en el mapa cubano, si lo puede ser, por otra parte, una crítica de la singularidad contextual de sus realidades desde los valores de una inteligencia contemporánea que aplique una visión sistémica.
Cristo Salvador Galería no hace marketing, sociabiliza el arte con el que trabaja lo cual es muy diferente. Si alguien desea encontrar en La Habana espacios independientes dedicados a las artes visuales que poseen estrategias de marketing puede ciertamente hallarlos, sin embargo, por el momento, para satisfacción de quienes trabajan en Cristo Salvador, este no se cuenta entre ellos. Hagamos notar que tras dos años de trabajo continuo, con una exposición mensual como mínimo (Cristo Salvador Galería es un espacio conocido en su medio; pionero en el trabajo con el graffiti, entre otras cosas), M. Matienzo declara que es la Primera vez que oigo hablar de la galería Cristo Salvador, lo cual mueve a risa cuando se trata de una periodista y se piensa en la particularidad de su profesión. Pasemos ahora a un momento extremadamente delicado del artículo localizado precisamente en el párrafo citado. Es el momento en el que la autora pasa de mera articulista a pitonisa, leyendo en las brumas del humo del fuego profético posibles desenlaces futuros. Hablamos de posibles cualidades mágicas, porque sin traer a colación ninguna razón o argumento que sostenga sus especulaciones la autora dice a menos que el sitio se convierta en uno más con temores a dialogar desde la pluralidad. Matienzo no indica a qué se debe su temor a nuestros posibles futuros temores, y nosotros no entendemos el por qué se permite convocar tan negros nubarrones sobre nuestras cabezas. Es algo que nos gustaría saber siempre que rebase el consabido cliché de que aquí en Cuba todos somos de cierta manera la misma cosa inerte privada de juicio propio. Si la autora pudiera designar un precedente en nuestro trabajo que indique la posibilidad de una derivación hacia el futuro que nos promete, le estaríamos absolutamente agradecidos porque nos ayudaría, innegablemente, a conjurar a aquellos demonios con los cuales no deseamos compartir la mesa. Pero si, por otra parte, fue ese un comentario de pura malignidad y vaciedad intelectual, deseamos dejar constancia en este texto, constancia y prevención para tales articulistas que dejan correr la perversidad de su tinta para provecho propio, pretendiendo erigirse en referentes mediante irresponsables e injustas denostaciones del otro. Tales pseudointelectuales de miopía crítica.
Con esto concluimos lo particularmente referido en el artículo a CRISTO SALVADOR GALERIA, no obstante queremos señalar algunos otros momentos del texto que consideramos contienen más de lo mismo pero en relación a otros sujetos y objetos.
M. Matienzo intenta dar de un plumazo una valoración de los espacios independientes, hoy por hoy no se sabe qué significa esta categoría. En un momento de pensamiento al respecto nosotros hemos llegado a postular que una categoría apropiada para aquello de lo que Matienzo trata, sería el concepto de gestores culturales independientes, ya que recoge tanto a los sujetos como a las plataformas en una categoría más amplia, categoría que aún debe ser revisada en lo relativo al concepto de independencia que nosotros creemos debe ser sustituido por algo más cercano a la idea de diferencialidad.
Sin embargo Matienzo sigue equivocándose del Pe al Pa no solo cuando ofrece una relación de lo existente en este sentido, ni tampoco en cuanto a desconocer la orientación del archiconocido Espacio Aglutinador, fundado no solamente por Sandra Ceballos sino también por el excelente artista Ezequiel Suárez (nota que pasa olímpicamente por alto). Matienzo se refiere a una línea performática en relación a Espacio Aglutinador, de lo cual no se sabe si Aglutinador era un performance en sí mismo, lo cual no era o si se dedicaba a exponer arte performático, lo cual tampoco hacía a modo de signo identitario de su labor, como tampoco exclusivamente, y su error acaba por concluir confiriéndole a Espacio Aglutinador un sentido inaugural en una dinámica cultural que ciertamente no le corresponde. No se nos malentienda, si algún modelo influyó decisivamente desde la escena cubana en la génesis de Cristo Salvador, ese fue Espacio Aglutinador, ha sido un espacio de un gran mérito histórico y cultural, y con ellos tenemos en ese sentido una deuda impagable. Aglutinador fue, por muchas razones que no podemos enumerar aquí, la prueba tangible de lo posible. Sin embargo, ya desde antes existieron modelos que pueden entenderse como antecedentes muy importantes en lo que se refiere a la posibilidad de incidir en aspectos de la cultura nacional desde plataformas y gestiones localizadas al margen de la dinámica institucional. Paideia, indudablemente, fue uno de ellos, por citar algo no excesivamente lejano en el tiempo que sigue resonando en quienes se interesan por este tipo de prácticas.
Si Matienzo acota esta corriente dentro de nuestra cultura en un número relativamente corto de plataformas, limitando además su densidad al presente, es porque no ha podido apreciar que esta problemática viene transcurriendo desde hace más de una década de un modo altamente diversificado y que constituye, debido a sus logros e influencias, uno de los nervios más fecundos de la cultura nacional contemporánea.
Matienzo se conduce frente al asunto como lo haría cualquier funcionario cultural. En el momento de referirse al asunto le resta toda la importancia que tiene y lo reduce, deformándolo completamente, a un grupito de espacios independientes que hoy cobran fuerza. El número es amplísimo y ha repercutido en la música (disqueras independientes), en el audiovisual (productoras independientes), en la literatura (bibliotecas independientes, editoriales independientes, revistas independientes) en las artes visuales(nuestra especialidad y de la cual podemos dejar constancia de al menos seis espacios físicos), en el pensamiento (plataformas de debate independientes), blogs, talleres, becas, residencias y otros. Todo esto puede refrendarse mediante la debida investigación como una operatividad cultural ya estabilizada y singularizada por las problemáticas que han definido el contexto nacional en la última década. Reiteramos, esta presencia se debe a los sentidos de posibilidad y diferencia que fueron articulados desde tiempos anteriores.
DDC es una plataforma informativa que cuenta en la vicedirección con José Antonio Ponte. Nos llama la atención poderosamente, y reconocemos que estamos entrando a cuestionar la política editorial del informativo, el que un artículo tan ligero sobre un tema tan delicado y complejo, como lo es un primer debate público en Cuba sobre la edición en el contexto cubano durante los últimos veinticinco años, de ciertas revistas culturales conocidas por el peso que la censura tuvo sobre ellas, tanto como por su relevancia histórico-cultural, haya pasado por sus manos camino a la publicación. No conocemos la competencia de M. Matienzo en otras áreas como puedan ser los deportes o las ciencias, pero sí nos queda claro que en lo referente a los varios temas tratados en su artículo y en especial al asunto de las revistas, esta es bastante inadecuada. No vimos en su texto (nótese que se trata de un artículo informativo y valorativo) más que la repetición de aquello que dijeron otros esa tarde y sus opiniones al respecto reflejan, tal como lo hacen notar algunos comentarios de terceros al artículo, una ignorancia proverbial, esa ignorancia tan necesaria a la constitución de los poderes cuando estos no pueden secuestrar el saber y ponen en práctica el des-saber.
Citamos a propósito de lo anterior Diáspora, después de Orígenes, quizás el grupo poético más influyente del panorama literario cubano, significó una ruptura con el canon que dictaban las instituciones. Es indudable para todo el que esté familiarizado con estos temas que Diáspora[s] (esta es la correcta ortografía del nombre de la revista) significa un hito en la historia cultural de Cuba, sin embargo, entre esta afirmación y el infantilismo de organizar jerarquías en importancia histórica, media mucho trecho. Al menos, no puede efectuarse tan a la ligera, pues recordemos que a este tema le falta como a muchos otros, y muy lamentablemente para el orden de ganancia cultural que significa un marco amplio de reflexión, los estudios investigativos recurrentes y la necesaria difusión de los mismos, en interés de establecer criterios y valores que permitan precisar la renta de estos temas y sucesos culturales.
Llegado a este punto cabe preguntarse, atendiendo además al silencio que tanto DDC como M. Matienzo ofrendan a nuestra apelación, si en realidad tal plataforma informativa está formulada desde el respeto al valor informativo como valor social, lo cual obliga a una ética periodística innegociable o, si por el contrario, es una de esas formulaciones tan conocidas por nosotros los cubanos pues tenemos rotundos ejemplos de la misma en casa, me refiero al tipo de servicio informativo que se genera desde el entendimiento de la información como usufructo de intereses particulares y que se monta sobre una estructura opaca orientada por el oportunismo mediático. Digo esto porque es cierto que nuestro contexto necesita fuentes altamente diversificadas de información, y necesita proyectos que lo hagan de modo sistemático, validando con esto el compromiso con su necesidad social, pero ello no puede ser nunca el tomar ventaja de una situación de precariedad para ocupar una vacante con una réplica en negativo del control informativo, control que pasa necesariamente por todo género de deslealtades tanto con el público como con los sucesos y personas que se transforman en noticia.
Y para concluir, deseamos referirnos a dos cuestiones. La primera se relaciona con los miembros de Observatorio Crítico, Mario Castillo y Dmitri Prieto, a los cuales se fustiga en el artículo. Resulta una remarcable y sospechosa casualidad que nadie más que ellos haya salido con sendas críticas en lo referente a sus funciones e intervenciones respectivas. El consecuente subtexto que se aprecia deviene en una suerte de táctica ramplona de ataques que pudiéramos llamar sinecdótica, algo nada nuevo en el paisaje pero no por ello menos triste en lo referente a su valor instrumental. Refiero esto por dos razones, primero para apuntar al manejo de las intenciones en el texto y segundo para dar cuenta clara de que no pensamos pasar por alto el que se ataque selectivamente a personas que colaboraron con nosotros en el encuentro. No pretendemos asumir la especificidad de la defensa que pudieran Castillo y Prieto hacer sobre las críticas que recoge el texto, pero no mostraremos ninguna indolencia al respecto.
Segunda cuestión, si como parece ser, el postulado central de la razón de existir de DDC y corresponsales como M. Matienzo, es la visibilización de la alteridad como ganancia cultural y principio transformador, entonces queda en tela de duda la coherencia del proyecto al menos a partir de lo anteriormente expuesto. Las dinámicas culturales de las que formamos parte constituyen precisamente un aporte en el sentido de la alteridad, ningún proyecto noticioso puede defenderse en estos momentos como portavoz y acompañamiento de esas dinámicas sino les ofrenda el rigor informativo y analítico pertinente a una seria validación, teniendo en cuenta el que estas dinámicas deben pasar por necesarios filtros críticos para ganar con ello una condición reflexiva que van necesitando. Mal presentar procesos y proyectos como Cristo Salvador Galería u otros solamente conduce a provocar un retroceso en la ardua labor de generar nuevas condiciones en la sociedad cubana, labor a la que muchos concurren en estos días desde posiciones muchas veces exponenciales y que ameritan reconocimiento y respeto. El signo de una nación, su voz social, se está recuperando y no hay que hacerle dar falsas notas.

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