Ulises Canales entrevista a Zuleica Romay

PL – En entrevista exclusiva con Prensa Latina, la investigadora Zuleica Romay, autora del libro “Elogio de la altea o las paradojas de la racialidad”, recientemente presentado en Ginebra, Suiza, defiende la obra de la revolución en materia racial, sin ocultar que todavía queda por hacer.

La recién electa diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento) asegura no temer que la tilden de chovinista cuando asevera que Cuba “ha avanzado más que la mayoría de los países del mundo” en el tema racial.

Romay nació en una tierra que antes del triunfo revolucionario de 1959 veía que blancos y negros caminaban en sentido contrario alrededor de algunos parques y se les impedía a los segundos el acceso a asociaciones cívicas, aunque tuvieran dinero.

La revolución eliminó las prohibiciones a los negros para acudir a lugares públicos como clubes y playas, el carácter marginal que se le atribuía a las religiones de origen africano, e hizo universal el acceso a la salud y la educación.

Sin embargo, Romay, quien alienta el debate crítico y constructivo del tema, lamentó que en el país se adolezca de un entramado legal más definido para enfrentar actitudes de rechazo o maltrato por el color de la piel.

“Hay que construir un consenso sobre cuáles deben ser las políticas que tenemos que implementar para luchar contra esto”, afirmó la también presidenta del Instituto Cubano del Libro.

A raíz de un encendido cruce de opiniones entre la intelectualidad cubana, dentro y fuera de la isla, la especialista agradeció que el debate haya llegado a la Asamblea Nacional y a los barrios, promovido por el propio parlamento en audiencias públicas.

“Que se haya designado a un vicepresidente del Consejo de Estado para atender estos asuntos, es un paso indiscutiblemente en un sentido positivo”, apuntó.

En opinión de la profesional, “hay una señal de que la revolución y la institucionalidad de la revolución se organizan para ocuparse del asunto hasta que se resuelva totalmente”.

Buena dosis de responsabilidad en la actual dinámica favorable la atribuyó a los intelectuales que “en los últimos 20 ó 25 años tanto han ayudado a clarificar el problema, a canalizarlo en toda su dimensión, a diagnosticar cuáles son las situaciones más complicadas”.

Romay se vanagloria de que autoridades y estudiosos cubanos con sus escritos, investigaciones, argumentos y debates, están ayudando a que la sociedad propicie ese consenso y a que el estado identifique, construya y diseñe las políticas que deben dar respuesta al fenómeno. Reacia a cualquier manifestación sectaria, reconoció que en Cuba el racismo “antinegro” es el más visible, “pero no el único”, de ahí que no basta con que la Constitución criminalice la discriminación racial, tiene que haber leyes que la penalicen”, señaló.

Explicó que la Carta Magna de la isla hace una declaración de principios, establece cuál es el precepto legal, oficializa cuál es la posición del país y de su sistema institucional.

Sentenció que convertir ese precepto en práctica significa en Cuba luchar contra todo lo que se opone a que las políticas de la revolución sean todo lo inclusivas, democráticas y socialistas que se pretendió cuando se formularon.

Negra, mujer, joven, legisladora y presidenta de una institución gubernamental, la entrevistada repudia de modo tajante que a los cubanos negros que ocupan cargos públicos se les promueva o elija por “patrones”, en lugar de méritos propios para su ascenso social.

En varias sociedades, incluida la cubana, los prejuicios se naturalizan, se trata por todos los medios de incorporarlos a la cotidianidad, que no se noten, que se conviertan en un hecho natural.

Lo mismo pasa con las discriminaciones encubiertas, se naturalizan de manera tal que parece que no está ocurriendo nada, argumentó.

Los ciudadanos y las instituciones tienen que participar y generar entre todos el consenso necesario que nos permita llevar esos ideales a un cuerpo de ley, a políticas concretas, recalcó.

“En Cuba todavía hay maneras muy racializadas de ver las relaciones entre las personas y actitudes que entrañan un tremendo prejuicio racial”, deploró al advertir que desde el extranjero el tema suele ser politizado de modo intencional para atacar al gobierno.

Recordó que entre los cubanos hay prácticas que no dejan de reflejar un prejuicio, como la conmemoración, por separado, en La Habana de la efeméride del 27 de noviembre de 1871.

“Hacemos la celebración oficial y masiva de la Universidad de La Habana para recordar a ocho estudiantes que cayeron fusilados víctimas del odio de los colonizadores españoles, y elementos de la sociedad civil hacen otra para honrar a los abakuás (secta de origen africano) que ese mismo día cayeron tratando de evitar que fusilaran a los estudiantes”, ejemplificó.

Dado el alto grado de mezcla genética y cultural, en la isla es imposible una lucha contra el racismo en la que participen sólo negros y mestizos. El problema es de la sociedad en su conjunto, puntualizó Romay, quien cree que “las parcelas tampoco nos ayudan demasiado”.

A su juicio, es bueno diferenciar estrategias de lucha y políticas que tengan que ver con los prejuicios y las discriminaciones por motivos del color de la piel, de género o de origen social y orientación sexual, pero la lucha debe tener objetivos específicos.

Los seres humanos, en nuestra comunicación, podemos ejercer los roles de víctimas y de victimarios de una manifestación discriminatoria, de ahí la importancia de la labor educativa con la familia, la escuela, los medios y las organizaciones sociales.

De acuerdo con la investigadora, dotar de estos contenidos a la institucionalidad de la revolución es clave para que las personas y las instituciones estén dispuestas a instrumentar políticas y decidir estrategias de lucha contra el racismo.

Preguntada sobre cómo revertir tales conductas, Romay opinó que los cubanos viven en “una sociedad racializada en la que el color de la piel, la forma del pelo, las facciones y el color de los ojos tienen algún tipo de significación”.

Al respecto, considera que ese es uno de los retos que tiene Cuba y reconoció que es difícil luchar contra eso, porque los prejuicios racistas están incorporados en blancos, negros, mestizos, jóvenes, adultos, profesionales, que muchas veces actúan de forma mecánica.

“Se puede hacer mucho desde la literatura, pero hay que hacer mucho más desde la educación misma, desde la visualidad, cuando los códigos visuales acuñan constantemente que lo blanco es lo bello y desarrollado, y lo negro lo feo y lo subdesarrollado, es muy difícil para una persona que crece con esos códigos”, indicó.

Convencida de que el racismo “no tiene color y es como la luz”, Romay alertó que las víctimas de esa práctica están en cualquier segmento racial y consideró importante “mirar al pasado con la mayor amplitud de miras posible”, para superar un lastre muy antiguo.

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