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Por Félix Sautié Mederos

Crónicas cubanas

El tema de ética y periodismo con motivo de la reciente conmemoración del Día Internacional de la Libertad de Prensa ha sido puesto al orden del día por un colega a quien le profeso un especial aprecio (1). Como siempre su exposición al respecto ha sido enjundiosa e interesante. Modestamente la saludo y me regocijo de haberla leído. En realidad esta es una cuestión muy importante en la que considero que todos los que ejercemos el periodismo en Cuba deberíamos realizar un profundo análisis de conciencia sin concesiones de ninguna índole. Quizás seamos los propios periodistas cubanos los que en ocasiones no defendemos a ultranza nuestros derechos y responsabilidades en el deber de desarrollar una información realista conforme a la verdad histórica que estamos en la obligación de plantear al pueblo, quien es el verdadero soberano y además debería ser el centro de todos los afanes en una sociedad socialista verdadera.

Si lo esencial del socialismo en el siglo XXI ha de ser la democracia y la participación que facilite un control efectivo y verdaderamente popular en su desenvolvimiento cotidiano, entonces la información veraz a esa población soberana constituye un deber ineludible que no debería ser objeto de manipulación alguna por muy justos que pudieran considerarse los objetivos con que se justifique esa controvertida conducta. Al respecto no considero aceptable ninguna justificación. Aquí en mi criterio se encuentra el meollo del problema que tenemos por delante los periodistas que nos planteamos defender las ideas del socialismo.

La objetividad en nuestras informaciones, nuestros enfoques y nuestras opiniones debe ser un principio básico, aun cuando lo que estemos informando sea desfavorable a nuestros conceptos e ideas; e incluso suceda que en honor a la verdad, tengamos que ejercer la crítica como esencia básica de nuestro trabajo. En ello entran en juego los principios esenciales de la Ética para con el pueblo, a quien en definitiva nos debemos en el ejercicio de nuestra profesión si la ejercemos con honradez de vida.

La práctica, muy al uso por algunos en imitación de lo que realiza la burocracia, de enfocar nuestros artículos hacia la descalificación de las personas sin plantearnos el análisis de los hechos, así como las circunstancias y el contenido de lo que ponemos a la consideración de nuestros lectores, deviene una violación de la ética periodística que contrasta con la labor de los colegas que en el mundo ponen en peligro su integridad moral y física día a día, e incluso son abatidos como consecuencia del ejercicio de la verdad. El respeto de la ética en la profesión del periodista y del comunicador social en sentido general, es una cuestión verdaderamente trascendente en la que nos va la honradez de vida y si no somos capaces de cumplirla hasta las últimas consecuencias lógicamente caracterizada por la prudencia y la objetividad, lo mejor sería no ejercer la profesión y dedicarnos a otras actividades también honorables pero que no comporten estas exigencias.

El compromiso con la verdad, con los desposeídos y con el pueblo sin exclusiones onerosas de ninguna índole, en mi criterio implicaría las únicas restricciones válidas derivadas del ejercicio de la responsabilidad a que tendríamos que responder los periodistas y comunicadores sociales. Pero en este orden de cosas no deberíamos confundir esos compromisos verdaderamente trascendentales con las caricaturas de deberes que las burocracias adheridas al poder nos presentan como compromisos a cumplir. En esas concepciones realmente profundas más allá de los miedos inducidos, las indecisiones y la falta de valor, es que se determinan realmente la caracterización de nuestra profesionalidad y nuestra honradez profesional.

Quizás sea que si bien el periodista para realizar su profesión como todos los trabajadores honrados requiere de una justa retribución que le permita sobrevivir y desarrollarse, no por eso que es justo y necesario, deberían restringirse el cumplimiento con la ética y con los compromisos esenciales del periodismo y de la comunicación social a que me estoy refiriendo, venga de donde venga la orientación de no hacerlo. Me refiero a un contrapunteo muy especial que no debería entrar en conflicto; y que si se plantea, entonces es cuando tenemos que definirnos radicalmente porque como ha expresado Jesús de Nazaret no se puede servir a dos amos a la vez, según las concepciones propias del tiempo y el espacio en la época que se narran los evangelios hace tres mil años. Podríamos decir entonces actualmente que no se pueden servir a la vez a dos intereses contrapuestos, que bien podrían definirse como los de los sojuzgadores junto con los de los burócratas, y los de la población de a pie. Definirse en estas circunstancias y coyunturas, es esencial y determinante.

Ética y Periodismo pues tampoco deberían depender del relativismo tan al uso en nuestra época. Ética y Periodismo son consubstánciales con la verdad objetiva y con los intereses básicos de los pueblos que intrínsecamente se ejercen como el soberano; y que por demás vendrían a ser de acuerdo con los términos operativos y prácticos del ejercicio de la profesión, nuestros verdaderos jefes de redacción a quienes deberíamos responder en cada trabajo que publiquemos.

Así es como pienso y así lo afirmo con mis respetos para quienes opinen diferente y sin querer ofender a nadie en particular. fsautie@yahoo.com

Ernesto Vera, Retórica vs. Realidad. La verdad sobre la Libertad de Prensa. Granma página 3. Miércoles 1 de mayo 2013.

Publicado en Por Esto! el jueves 9 de mayo 2013.
Nota: los invito a visitar mi página WEB http://www.cuba-spd.com/#
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