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Por Félix Sautié Mederos

Crónicas cubanas

Quizás las frases al borde del abismo y rumbo al fracaso parezcan excesivas; en situaciones normales de seguro que lo serían, pero lo que voy a exponer a mis lectores en mi criterio las justifica plenamente. Incluso, me atrevo a decir que quizás me he quedado corto con esas palabras. Los cubanos hace años que estamos atrapados en un mar de contradicciones jalonado por frases altisonantes y propósitos que se dilatan y se dilatan sobre la base de un conjunto de logros alcanzados primigeniamente que han quedado detenidos en el tiempo, en espera de los desarrollos propios que exigen el movimiento de la vida y que son entorpecidos por esquemas y dogmatismos que desvirtúan incluso las esencias básicas de la Revolución. El socialismo real centralizado y burocrático ha demostrado ineficiencia para el desarrollo y el desenvolvimiento de una sociedad verdaderamente participativa.

Lo peor de estas circunstancias es que expresar nuestros sentimientos al respecto así como las afectaciones que nos producen esas contradicciones, esas frases altisonantes devenidas dogmas de fe y la expresión de nuestras urgencias no tenidas en cuenta a favor de hacer realidad los propósitos de un futuro de desarrollo y paz, es enfrentarnos decisivamente a una burocracia todopoderosa e intolerante, lo que en ocasiones se podría convertir en una aventura complicada en la que nos va mucho y de la que casi siempre podríamos salir excluidos, descalificados o insultados en el mejor de los escenarios a que nos avocamos por nuestra “osadía” de exponer abiertamente lo que pensamos al respecto. Aunque hay que reconocer que de forma paralela en los últimos tiempos en la prensa oficial se recogen críticas y reclamos de la población en secciones muy específicas como Acuse de Recibo de Juventud Rebelde, Cartas a la Dirección del periódico Granma, Libre Acceso del Canal Habana así como una serie de reportajes en la televisión cubana por tan solo mencionar algunos ejemplos concretos que en mi criterio demuestran que estamos ante un verdadero punto de inflexión y que hay problemas que ya no aguantan más dilación.

Por otra parte, las muy limitadas posibilidades de acceso a las nuevas tecnologías de la información, cuando pueden lograrse entonces hay que chocar con una verdadera paranoia de entorpecimientos que las hacen excesivamente lentas e interrumpidas sistemáticamente, de manera que navegar desde Cuba se convierte en una actividad que le pone a la persona los nervios de punta por causa de los entorpecimientos evidentemente provocados y el abuso del tiempo de las personas. Logran en definitiva una triste cosecha de atrasos que va en detrimento del desarrollo mismo del país. Entre la burocracia que lo complica todo, los defensores de la fe y los guardianes de la plaza sitiada en vez de defender el proceso lo ponen en una crisis operativa tal, que lo inutilizan para cualquier desarrollo que sea necesario incluso.

En este orden de cosas, la insistencia de alcanzar un cambio de mentalidad de tanto repetirla ha devenido prácticamente un nuevo esquema, pero la urgencia de lograr ese cambio imprescindible es real y muy necesaria. Quizás sea el propósito más importante de lo que se intenta hacer para cambiar todo lo que deba ser cambiado; porque de no lograrlo estaríamos empeñados en unos esfuerzos que serían como si aráramos en el mar. Cada nuevo paso que se da en esta dirección se encuentra con la resistencia de una muralla de burócratas que se encargan de tergiversarlo a favor de sus intereses inmovilistas, culpando a la población por su falta de disciplina social, su no compresión o su no participación activa que por demás no le es verdaderamente propiciada. Esas situaciones crean y/o aumentan una brecha de falta de credibilidad y desánimo que nos ubica dentro de un verdadero círculo vicioso que de no romperse efectivamente podría dar al traste con los esfuerzos que se realizan.

Un verdadero cambio de mentalidad debería comenzar por un cambio efectivo en los actores sociales enquistados en los esquemas inamovibles que no van a cambiar su mentalidad porque ello iría contra su propia naturaleza. El cambio de mentalidad para concretarlo efectivamente debería ser enfocado por una política de masas, descentralizando lo centralizado verticalmente hacia desarrollos horizontales en los que la población sea realmente empoderada con las responsabilidades del cambio en sí mismo y para ello tendrían que dejarse a un lado los secretismos, los intentos de controlar las conciencias así como la expresión del pensamiento y la creatividad de las personas incluyendo la eliminación de las prácticas de “plaza sitiada” que buscan enemigos en donde nos los hay verdaderamente. Todo ello en la práctica se convertiría en una real desburocratización de la sociedad.

Las ideas de un socialismo verdaderamente participativo y democrático han sido sutilmente demonizadas por esa burocracia que las han convertido en una expresión de extremismo porque para ellos significaría perder su control omnímodo y traspasarlo a un poder verdaderamente popular desarrollado horizontalmente por la participación comunitaria y la gestión de las personas emprendedoras más allá de la ineficacia propia que ha demostrado la centralización estatal vigente. La propiedad debería evolucionar hacia la autogestión de los trabajadores y de la ciudadanos mediante formulas efectivas y verdaderamente democráticas de la cooperativización, de la pequeña empresa familiar y local así como del control popular de masas de la gestión administrativa y estatal. Para eso habría que acercarse efectivamente al pueblo, poner los pies en la tierra y los oídos en sus necesidades y anhelos, modernizando paralelamente la gestión estatal dejando atrás la centralización extrema y los entorpecimientos provocados a la creatividad de las personas con el más pleno uso de las nuevas tecnologías de la digitalización, la información y la comunicación social. En definitiva sería plantearse una revolución en la revolución que involucre a todos sobre la base de un diálogo abierto de todos con todos, sin exclusiones onerosas que implique a los cubanos de adentro y de afuera del país en el que sólo no participen los que no deseen hacerlo y los que no tengan nada que decir o aportar.
Así lo pienso y así lo afirmo con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en por Esto!
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