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Por Félix Sautié Mederos

Crónicas Cubanas

Durante muchos años ha sido objeto de mención constante en los discursos e intervenciones oficiales el tema de las indisciplinas sociales y ocasionalmente de la carencia de una educación formal, enfocados ambos como culpa de los demás y sólo excepcionalmente de los estratos oficiales. Estas intervenciones reiteradas se han referido tanto a lo que realmente subsiste al respecto, como a lo virtual improvisado por quienes no quieren reconocer sus reales responsabilidades en problemas que se suscitan dentro de la sociedad cubana contemporánea. Su uso extendido ha sido y es casi un recurso de uso automático, principalmente cuando se refiere a las manifestaciones extemporáneas que se califican como indisciplinas sociales, utilizado por la burocracia de manera tácita quizás no concertada, pero devenido una justificación con vistas a conservar su estatus institucional y político.

Es cierto que intrínsecamente las indisciplinas sociales se interrelacionan con lo que podríamos denominar como educación formal, un término muy al uso que quizás no sea fácil de comprender para quienes usan el concepto de la vieja asignatura denominada “Cívica” que como tal fuera abolida desde hace mucho tiempo de los programas docentes y que en mi época de niño y joven se impartía en los distintos niveles de enseñanza de la época.

Debo añadir que además esas manifestaciones, sus consecuencias, su uso y su abuso, los he abordado con relativa frecuencia en mis crónicas y artículos, porque de acuerdo con mis percepciones se encuentran muy extendidas y forman parte de nuestro devenir existencial en el día a día cotidiano. Considero que silenciarlas y/o no abordarlas en búsqueda de sus reales causas subjetivas y objetivas cogiendo el toro por los cuernos, tal y como se plantea en una expresión muy castiza, se convierte en una actitud verdaderamente vergonzante y facilista de quienes optan por no buscarse problemas con lo que está establecido, ni con la burocracia política y administrativa que lo determinan. Siguen pues, tras la corriente de utilizarlos como pretexto y explicación universal de todo, ya sean las insuficiencias, los incumplimientos o las actitudes ciudadanas muchas veces sin distingo de si son correctas o no. Lo importante para quienes promueven estos planteamientos y los expresan con recurrencia es no dar su brazo a torcer.

En una última Mesa Redonda, que es un programa de la media tarde en la Televisión cubana, hace poco se abordaron con un conjunto de destacados especialistas los temas de la Educación Formal en Cuba, su actualidad y perspectivas. Quiero expresar que apoyo sus planteamientos y me regocijo por algunas de las medidas docentes que al respecto, según explicaron, se están implantando y se implantarán próximamente en los ámbitos docentes. En honor a la verdad y con toda honradez las aplaudo; pero considero que hay causas intrínsecas que en mi criterio van más a allá de las carencias educacionales y formativas. Son causas sociopolíticas y económicas que durante años han estado determinando sobre la sociedad cubana contemporánea y que mucho tienen que ver con la falta de oportunidades de participación y de perspectivas para el presente y el futuro, así como y muy especialmente por motivo de la centralización excesiva de la sociedad, los esquemas dogmáticos en vigor, la falta de libertad de conciencia y de expresión incluyendo las sistemáticas descalificaciones al pensamiento diferente que se han concentrado en una búsqueda a veces paranoica de enemigos en todas partes, incluso en donde verdaderamente no los hay.

En este orden de cosas quiero recordar que el primer paso para la solución de cualquier problema, insuficiencia, deficiencia o error, ante todo es la imprescindible necesidad de reconocer plenamente su existencia en todas sus manifestaciones y consecuencias. Si no se comienza por ahí, lo demás que se haga en búsqueda de soluciones efectivas quedará latente en la superficie con muy pocos resultados.
Lo que precisamente en muchas ocasiones se obvia en reconocer por parte de esas tendencias que endilgan a la indisciplina social todo lo malo y muchos de los incumplimientos, es el concepto integral de la sociedad y los efectos dañinos de su centralización excesiva que durante muchos años se ha puesto en práctica pasando por encima de la familia y de los individuos, devenidos verdaderas fichas de un ajedrez sociopolítico en el que su participación y la democracia de su desenvolvimiento han sido formales. La no utilización o bien las formalidades en la puesta en práctica del concepto que determina que para exigir responsabilidades hay que otorgarla efectivamente, es una clave importante que debería utilizarse en los análisis y los esfuerzos para la recuperación de una educación formal que sea verdaderamente útil y efectiva y valgan las redundancias de los términos, en el enfrentamiento de las indisciplinas sociales.

En este orden de cosas, nuevamente reitero lo que hube de expresar al respecto en mis últimos artículos parafraseando los planteamientos del Padre Roberto Betancourt, Párroco y Rector de la Basílica de la Caridad del Cobre, cuando en una de sus últimas homilías nos planteó la necesidad de tomar en consideración que quizás las indisciplinas sociales que hoy se identifican con tanta fuerza en nuestra sociedad habanera, sea su forma de protestar por quienes durante mucho tiempo han sido excluidos y no tomados en cuenta. Actuar en contra de su marginación, respetarle su libertad de conciencia y de expresión y darles participación efectiva en la sociedad teniendo muy en cuenta sus angustias y anhelos de realización, así como restituir decisivamente el papel que juega la familia hoy afectada, preterida y dispersa por una diáspora galopante, debería ser el complemento práctico fundamental a los esfuerzos encaminados a recuperar la Educación Formal.

Así lo pienso y así lo afirmo, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en Por Esto!
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