Por Félix Sautié Mederos.

Crónicas cubanas

Uno de los reclamos oficiales que más se repiten en la actualidad está referido a las manifestaciones de indisciplina social que aparecen en las diversas instancias y localizaciones de la sociedad cubana contemporánea. Podríamos decir también que no son planteamientos solo de quienes forman parte de las instituciones y entidades políticas, económicas y administrativas, estas expresiones son también planteadas por muchas personas de la población que no ostentan ninguna responsabilidad social. Ello indica que evidentemente estamos ante un problema subjetivo con manifestaciones objetivas que se encuentran a la vista y la percepción de todos. Quizás no sólo constituyen parte de la realidad objetiva en que nos encontramos insertados los que residimos en el país, sino que precisamente por esas evidencias mismas de su existencia real, se han convertido también en una especie de recurso justificativo para tapar deficiencias, insuficiencias y actitudes políticas de la más diversa índole.

Pienso en consecuencia que estamos ante un problema que requiere en primer lugar un análisis sociológico a profundidad de sus causas determinantes más allá de la superficie en que tanto se repiten estas quejas sobre la indisciplina social. Las personas detenidas en el tiempo y gastadas en el ejercicio de sus responsabilidades oficiales como parte de su aferramiento a los cargos en los que ya no resuelven nada, son insistentes en el planteamiento de la indisciplina social como causa universal de todo lo dañino que se manifiesta en nuestros entornos.

La Habana en su condición de capital de la República constituye un centro en donde pululan las indisciplinas sociales y no es necesario caminar mucho por sus calles ni internarse en sus más apartados rincones para encontrarlas. La Habana está habitada por un conglomerado diverso de cubanos procedentes de las más diversas regiones de nuestro país, fundamentalmente como consecuencia de las crisis económicas, sociales y de las desesperanzas que provocan estas circunstancias en quienes viven en el interior de nuestro país y se disponen a buscar su futuro en la Capital. Esta situación de población flotante es una tendencia y un flujo de movimiento que realmente ha existido en la República desde sus primeros años de existencia, pero nunca en las proporciones de la actualidad. Lo que vemos en la actualidad en Cuba y en La Habana es una tendencia humana que se ha manifestado planetariamente a lo largo de la Historia Universal. No estamos, pues, en presencia de algo extraordinario y específico de Cuba.

Ante estos problemas, en vez de buscar en sus raíces, se han planteado medidas inconstitucionales y violatorias de los derechos humanos concernientes específicamente a los ciudadanos de nuestra República, restringiéndoles su libre movimiento en el país, situaciones que han llegado a los extremos policíacos fundamentalmente enfocados hacia los jóvenes, los negros y los mestizos de solicitarle su carné de identidad y cuando ven que no son de La Habana, plantearles que no tienen nada que hacer en los barrios y localidades en que se encuentran. Esa verdadera “paranoia”, por denominarla de alguna forma, ha llegado incluso a manifestarse con personas de los barrios periféricos cuando se pasean por el Vedado, Miramar o el Casco Histórico de La Habana.

Con estas medidas extemporáneas e injustas maneras de conducirse nunca se van a resolver los problemas y, por el contrario, cada vez se agravarán más. Es necesario analizar a profundidad la sociedad cubana del momento, las diversas discriminaciones que subsisten y poner verdaderamente los pies en la tierra así como los oídos en los reclamos de la población. Está bueno ya de repetir y repetir los logros evidentes que se han alcanzado como consecuencia de la Revolución de 1959. Nos encontramos a 55 años del Triunfo de la Revolución y renovarse es vivir; pero renovarse de verdad y a profundidad. Salir de los esquemas intocables, compararnos con los procesos sociales que se están manifestando en Latinoamérica a partir de verdaderos sistemas electorales, más allá de nuestras formalidades enquistadas en los que la población puede manifestar sus descontentos, desacuerdos y sus proposiciones.

Es cierto que existen muchas manifestaciones de indisciplina sociales; pero también es rigurosamente cierto que son muchos problemas acumulados como consecuencia de los errores, desenfoques, insuficiencias e ineficiencias de una burocracia enquistada y corrupta que muchas veces se escuda en estas indisciplinas, en el Bloqueo y en las agresiones externas para justificarse y continuar detentando responsabilidades administrativas, económicas y políticas. Si se quitan del medio a estas justificaciones y a la burocracia que tanto las utiliza y que tanto trina en contra de las indisciplinas sociales sin hacer un análisis objetivo, y se realizan cambios a profundidad, no sólo en la superficie económica sino a fondo de las estructuras y de los conceptos, entonces tomaremos un rumbo verdaderamente efectivo hacia la solución de estos problemas.

Para terminar, quiero decir que hace algunos días que el Párroco Rector de la Basílica Menor de la Caridad del Cobre, en su homilía dominical, refiriéndose a las situaciones de indisciplinas sociales que se manifiestan en el barrio de Los Sitios del Municipio de Centro Habana, en donde se encuentra enclavado este templo al que asisto regularmente, llamó la atención de todos entre otras cosas con una frase en la que planteó que esas maneras de conducirse indisciplinadamente, quizás sean su forma de protestar ante las situaciones de penurias en que se encuentran. El incisivo planteamiento del sacerdote quedó en el aire para que todos pensáramos un poco más profundamente en estas situaciones sin condicionamientos previos. fsautie@yahoo.com

Así lo he vivido y así lo afirmo con mis respetos para las opiniones diferentes y sin querer ofender a nadie en particular.

Publicado en Por Esto! el lunes 22 de abril del 2013

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion

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