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Por Armando Chaguaceda

Nunca lo previmos quienes seguíamos la contienda electoral venezolana: la pírrica victoria del candidato oficialista a la presidencia de Venezuela fue una verdadera sorpresa para adversarios y adeptos.

Pese a usufructuar todo el capital simbólico del recién fallecido líder Hugo Chávez, a utilizar la inmensa maquinaria y los dineros del estado y contar con la parcialidad del ente electoral, Nicolás Maduro no ganó, como él predecía, por 10 millones de votos. Ni siquiera confirmó mi pronóstico de una ventaja de 7 puntos porcentuales para su candidatura. Al revés, obtuvo que el voto chavista descendiera, en comparación con el pasado 7 de octubre un 8,37%. Mientras el candidato opositor Henrique Capriles, ignorado por los medios públicos y con muchos menos recursos que su contrincante, remontó un 10,30% consolidándose como líder de la mitad del país que adversa al proyecto chavista.

Debido al ventajismo oficial, el candidato Capriles planteó una estrategia de votación en sus seguidores repartida a lo largo del día. El objetivo era neutralizar la llamada “Operación Remolque” que tan buenos resultados había dado a la opción oficialista en las pasadas presidenciales, mediante la cual comparaba a mitad de la jornada la lista de personas que habían votado con diferentes bases de datos de políticas sociales, para ir a buscar a quienes no habían ejercido el sufragio.

Desde horas de la tarde los resultados eran inciertos y apretados. Al parecer -según información de fuentes fiables- en algún momento de la tarde Capriles iba delante por unos 3 puntos, que se acortaron al pasar las horas.

Los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE) entraron a la sala de totalización, permaneciendo más horas que de costumbre, y todo se asemejaba demasiado a aquel 2 de diciembre de 2007 (Referéndum Constitucional) en el cual el oficialismo cosechó su primera derrota.

La demora del CNE, las reuniones del Alto Mando en el Ministerio de Defensa, la tensión y el silencio en las calles…los cohetes en barrios chavistas…los rumores de victoria opositora difundidos desde twitter….. Todo estaba confuso, apretado y nada decidido.

Luego Maduro, en su discurso desde el Balcón de la Patria, repitió su característico triunfalismo sin reconocer que la mitad del país le adversa. Para colmo, estableció una analogía fatal -aunque muy real- entre su voto cerrado y el del mandatario Felipe Calderón hace unos años, ignorando que entonces la izquierda mexicana (con todo derecho) pidió un recuento de votos, que le fue negado.

Al parecer eso lo desconoce Maduro, quién dijo ahora que la izquierda azteca aceptó tranquilamente los resultados, intentando legitimar con analogías internacionales su apretada ventaja. Por lo que enseguida provocó en varios amigos –que debatíamos en Facebook- la siguiente reflexión: ¿si entonces dijimos que era injusto que a los opositores mexicanos se les negara ese derecho (negativa que puso un velo de sospecha sobre la elección) entonces ahora no es justo que sostengamos una actitud y reclamo similares para con los venezolanos? Eso se llama coherencia democrática.

Al final, la foto que nos presentó el CNE en la medianoche del 14 de abril otorgó un 50.66% a Maduro y un 49.07 % a Capriles. Resultado que llevó al Rector del CNE, Vicente Díaz, a solicitar la auditoria ciudadana. Sabiendo que la ventaja oficialista podría cambiar cuando se agreguen los votos provenientes del extranjero, en donde tradicionalmente gana la oposición.

Este ha sido el proceso electoral más breve e intenso de todos los vividos por Venezuela desde 1999. Pero también el más cuestionado por las irregularidades del día de votación: más de 3000 hechos, que abarcan el acoso a votantes y fiscales, el robo de urnas, las propagandas de funcionarios oficialistas frente a los centros de votación. Así, creo, es hora de pedir para la democracia de Venezuela lo mismo que en México pedimos para quien, en 2006, compitió contra los poderes dominantes: hay que realizar el conteo de votos y el esclarecimiento de los ilícitos, limpiando el resultado final.

Y, allende a las elecciones, hay que acompañar a los venezolanos para que logren construir, entre todos, un país donde no haya cabida a la exclusión: ni la social- heredada de gobiernos prechavista- ni la política, acumulada en estos 14 años.

Esta ha sido la mejor votación obtenida por la opción no chavista desde 1998, lo cual matemáticamente los ubica como la primera opción de poder para la siguiente cita electoral.

Por último, los resultados debilitan la autoridad de Maduro a lo interno del movimiento bolivariano, lo cual puede anticipar crisis a lo interno de sus fuerzas.

Para los países del ALBA parece que, por el momento, los envíos de petróleo venezolano no estarán amenazados, aunque los márgenes de maniobra y legitimidad del chavismo, en la arena regional, queden seriamente cuestionados. Cuba, por su parte, no tendrá que apretar el paso en sus reformas económicas, aunque debería comprender que la actuación de sus funcionarios como agente interno de la política venezolana no ha sido suficiente para calzar a Maduro, a la vez que ha quedado expuesta por las denuncias opositoras sobre la asesoría militar y de inteligencia del gobierno de la Habana.

Publicado en Havana Times

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