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Por Yordanka Caridad

Estoy en Venezuela, tengo amigos venezolanos, mi novia es venezolana y no me haría ninguna gracia que ninguno de ellos sea golpeado o asesinado.

Y claro que tampoco me haría gracia que me suceda a mí, que soy cubana y, aunque no esté de Misión, a la hora del “guateque” nadie me va a preguntar qué ando haciendo en Caracas.

Anoche sobre las 8 pm comenzaron a sonar las cazuelas.

En estos meses vivo en una bonita zona, como toda bonita zona hay mayoría de personas que no está de acuerdo con el gobierno de izquierda. Cerca de nuestra Posada vive Tibisay Lucena (presidenta del Consejo Nacional Electoral), esa que por estos días anda recibiendo amenazas y agresiones por parte de los seguidores de Capriles, que la acusan de fraudulenta. Así que frente a su casa las cazuelas y amenazas fueron más intensas.

En pocos minutos nos fuimos enterando de que el Cacerolazo estaba dejando de ser un simple golpear de cazuelas y ollas para expandir el golpeteo a Casas del PSUV, objetivos estatales y CDI (centros de salud), extendiendo el golpeteo a candela, golpes y balazos en varios estados de Venezuela, con los muertos incluidos por supuesto. Oh…oh… – pensamos – ya esto pasa de una protesta pacífica.

Y ya sabemos que cuando las protestas dejan de ser pacíficas y cuando la gente es alentada a actos de violencia, cualquier cosa puede pasar. En todo caso, me dije, no tengo nada que perder. Así que me uní a mis vecinas y vecinos de Posada para salir a la calle, primero para ver pasar a los protestantes, luego buscamos banderas y fotos y pasamos entre ellos para unirnos a otro grupo que, poco a poco, se había ido formando al otro extremo de la calle. La gente del barrio de Chapellí, cercano a nuestra Posada, salió a la calle también con banderas y música apoyando al gobierno bolivariano. Gracias a dios la violencia no se apoderó de ninguno de los dos bandos, aunque cada cual se expresó con libertad, la bulla no pasó de las cazuelas caprilistas y de la música chavista.

Pero en otras zonas del país no ha sucedido igual. Pasan de 10 los CDI que han sido atacados, o estuvieron bajo amenaza directa (uno de ellos fue quemado, un grupo de médicos secuestrados aunque esta situación ya fue resuelta -.

Al menos hay 7 muertos (y no precisamente de los protestantes), uno de los más de 50 heridos sufre quemaduras por el intento de quemarlo vivo; varios mercales asaltados e incendiados, asedio y asalto a televisoras locales, de VTV y Telesur, periodistas y artistas – que apoyan al gobierno – agredidos o amenazados de muerte.

Ya sabemos, si el otro 50,66% que apoya al gobierno sale a la calle, con el mismo espíritu que llevan los protestantes, más allá de una guerra civil, no demorarían en llegar las fuerzas de la ONU, y las “otras fuerzas” que prefiero no mencionar.

No hay otra verdad, más allá de la perfección o imperfección de los gobernantes de Venezuela, no existe motivos para que se desate la violencia y la muerte. Al final siempre perderá el país.

El rector opositor del Consejo Nacional Electoral, Vicente Díaz, ha invitado a Henrique Capriles a realizar formalmente el acto de impugnación de los resultados electorales. Pero hasta ahora no lo ha hecho.

Publicado en: Havana Times

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