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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Me encuentro con una socita mía, una que escribió un artículo hace poco sobre la eximia central sindical que tenemos por acá, y empezamos con nuestra maledicencia. Mira tal nota, le comento apegado a mi capacidad de relacionar la gimnasia con la magnesia, dijo hoy Cubadebate que había tantos millones de cubanos que fueron de turistas el año pasado. Qué bien que estamos, y eso que ya el sindicato no le da reservaciones a los trabajadores. Por mucho que se inmolen en su puesto de trabajo, por ejemplo un médico o un maestro, con su sueldito de 20 cuc mensuales, no podrán ir al hotel; en cambio, seguro se consolarán con los compatriotas que sí pueden ir. Así, concordamos, todavía se pueden pensar más maravillas de la CTC y de las buenas decisiones que toma sobre el lado del que se va a poner.

Cabe también recordar otras noticias interesantes de nuestros diarios nacionales sí, porque aquí no leemos esa malvada prensa internacional, y no digamos ya la pérfidaInternet. Como aquellas noticias que hablan del trabajo por cuenta propia, y cómo la categoría de los trabajadores empleados por los pequeños y medianos empresarios o hacendados, es ya la más poblada. ¿Pasarán por la mente de la organización sindical cubana, la idea de facilitarle a estos proletarios, maneras organizativas o cualquier otro apoyo, frente a la perspectiva de ser explotados todo lo posible por la nueva clase empresarial? Digo yo, esto sería preferible a que se alinearan con los patrones, pero quién sabe. Imagino en mis pesadillas que en la élite de la nueva clase empresarial, seguramente, va a haber más de un exdirigente o gerente u oficial, de los que llevan ya tiempo orientando amistosamente a la CTC.

Esto de apoyar a los trabajadores del capitalismo está muy bien, seguramente, pero para los países extranjeros. Uno se pregunta lo que no tiene que preguntarse, porque los capitalistas resulta que desembarcan luego aquí. Con las nuevas zonas francas, como las del puerto del Mariel, y las flamantes maquilas que se instalan en ellas, tendremos una vitrina inmejorable para apreciar la reproducción del capital a cuenta del trabajo producido, pero no totalmente remunerado: o sea, la explotación clásica. No es que yo desprecie la necesidad del capital, la tecnología y los mercados de estas corporaciones, pero encuentro que el lenguaje para darle la bienvenida a al Odebrecht brasileña de hoy, es el mismo con que antes de 1959 se anhelaba y correspondía, por parte de la élite burguesa criolla, la entrada de las Cuban-American Sugar-electric-railroad-retail sales-everything Companies. Sin embargo, a Odebrecht se le debería tratar hoy, que creemos que construimos un socialismo, con tanto o más cuidado que con el que se debió tratar ayer a sus pares estadounidenses. Y de nuevo regresa el bicho de las preguntas incómodas. ¿De qué lado se pondrá la central sindical cubana: del lado de los obreros cubanos, o de los intereses del capital? En mis pesadillas, también se presentan exdirigentes (o no tan ex), gerentes y oficiales, de los que llevan tiempo orientando a la CTC, estrechando relaciones carnales con los inversores capitalistas extranjeros de Brasil, China, España y cualquiera que se presente.

Y ya que el tema está de nuevo en el candelero, seguimos y nos preguntamos también: ¿Qué tendrá pensado hacer la central sindical, para evitar que el crecimiento de las desigualdades sociales que se observa con las transformaciones económicas de mercado, incida en el crecimiento de la discriminación racial y de género en nuestra sociedad? ¿Observará la CTC que los trabajadores de sus filas ven afectadas sus posibilidades en los distintos estratos sociales, de acuerdo al color de su piel y al sexo? ¿La lucha contra estos males encontrará algún día espacio protagónico en la agenda de la CTC, o solo ocurrirá esto si desde arriba, fuerzas bondadosas así se lo orientan?

En sintonía con la preocupación que han hecho muchos compañeros desde este sitio y otros parecidos, uno se pregunta, ¿cómo puede llegarse a un fin socialista, con medios tan impropios? ¿Dónde encontrar las imprescindibles estructuras horizontales, masivas, de coordinación, autoorganización y defensa de los intereses de los desfavorecidos, frente la actual repartición del pastel de la economía, frente a la actual transición?

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