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Por Félix Guerra

La vigencia del capitalismo hasta hoy día, su casi eterna contemporaneidad en agonía, se debe o puede deberse, básicamente, a algunos acontecimientos y realidades del mundo en que hemos vivido durante el pasado siglo XX. Pasemos lista.

EN PRIMER LUGAR

Su gran capacidad de reinventarse. De rehacerse a partir de una y otras crisis. De su habilidad de asimilación, estimulada siempre por recompensas diversas y ganancias mercantiles. Discurso, oratoria, publicidad y propaganda, arte, además de ideología, se reprograman así casi de forma cíclica y constante para prometer y facilitar nuevas expectativas sociales. Su arsenal ha estado dotado de variadas exitosas manera de alargar el estirón.

Su destreza y arte, con recursos de comunicación amplios, para utilizar tormentas de ideas al gran nivel social, que desataron en su momento desarrollos y consecuentes auges cíclicos de consumos, industria, agricultura, tecnología, ciencia, estética y finalmente de producción (no previstos en amplitud por teóricos de la economía ni clásicos del marxismo).

Su capacidad de refundarse económicamente, de acuerdo y con arreglo a las bases productivas en movimiento, tanto en aspectos sociales, culturales, científicas y tecnológicas, como en imaginerías y esperanzas.

Recursos, innovaciones, invenciones y descubrimiento de ciencia y tecnología fueron siempre y finalmente utilizados para alcanzar nuevas cotas de productividad y refundaciones. Aun cuando ello conllevó, por otra parte, ruinas ambientales, sobreexplotación del trabajador, mayor desempleo y desigualdades abismales de disfrutes entre ciudadanos y países, clases sociales y continentes.

La humanidad laboró hasta ahora, además, bajo el concepto ilusorio y manipulador de que las riquezas, facilidades, bondades y novedades que concurren a la vida cotidiana, mediante mercado, son sobre todo un producto básico y neto del capitalismo.

Habilidades y capacidades para esperanzar a los de abajo y dotar de riquezas superiores a los de arriba, hasta crear desigualdades inauditas y disfrutes muy polarizados.

Un instante inspirador del transcurso, fue la creación publicitada del consumismo, que ahora calificamos de irracional, insuflado a la economía en la primera parte del siglo XX, para sacar a la sociedad de sus estancos económicos y crisis existenciales.

Así el capitalismo crea una sed continua y repetida de consumos. Crea furor y sensación de que el disfrute y la vida social estriban en consumir hoy más que ayer y mañana más que hoy.

Promete con eficacia e insistencia lo que no puede cumplir ninguna sociedad. Los recursos naturales, muchas veces no renovables y además finitos, convierte la quimera consumista en una pendiente que el planeta Tierra no lograría rebasar.

En medio de la guerra social, se crean elites económicas, categorías de privilegiados, ávidas y sumamente egoístas, que no ceden en la intención de acaparar siempre la mayor cantidad de riquezas posibles. NO existes límites éticos o jurídicos posibles, mediante concientización o prohibiciones y leyes de castigo, para refrenar esas deformaciones de apropiarse de las riquezas del planeta y de la humanidad creadas por las fuerzas productivas.

La guerra, política resuelta en el campo de batalla, con uso de municiones, armas de fuego de todos los calibres y alcances, mortíferas al para el medio y a la población mundial, ha sido un mecanismo de apoyo que ocupa cada vez un sitial más predominante en la panoplia capitalista de subsistencia y afianzamiento económico. Tanto, que hoy los monopolios y transnacionales de la guerra comporten un porciento importante del Poder del capital a nivel mundial. Los mayores fabricantes y exportadores y armamento y tecnologías de la guerra, son los países, con excepciones provenientes de estatus heredado de guerras mundiales (Alemania y Japón, por ejemplo) que mayores cuotas de poder acumulan en el planeta.

A esas política están obligados otros países que no disfrutan de los dividendos, pero forzados a defender sus territorios y recursos naturales.

Un sistema social que perduraría a base de la fabricación de armamentos y tecnologías bélicas cada vez más sofisticados, está llamado a plagar a la humanidad de enormes sufrimientos y desgastes. Que significaría algún día incluso la ruina del planeta y la extinción de la especie humana.

Cada plato de comida real en las mesas de los comensales, cuesta lo que cuesta, además del precio en el mercado de las balas y cañones del soporte. Una espiral endemoniada y destructiva ya puesta en marcha. Así caminamos por el siglo XX y así abrimos las puertas del siglo XXI.

Este índice de fuerza capitalista es al mismo tiempo una demostración colosal de debilidad. Debilidad intrínseca de mecanismos de excepción, exterminadores, la fuerza más bruta, cuando otros antes eficientes y altamente productivos comienzan a mostrar notables desgastes. Evidencia además de las enormes desigualdades e injusticias sociales que prevalecen.

EN SEGUNDO LUGAR

Desde principios del siglo XX, y de forma muy particular, las insuficiencias teóricas y las incompetencias adquiridas del (llamado) socialismo (también socialismo real) para recrear lo que debía ser una nueva democracia. Democracia al fin esencial y abarcadora, no clasista, no dictatorial ni caudillista, genuina, más allá de cualquier cota anterior de sociedades dominadas por algunas clases sociales.

Democracia y libertades que implicarían la participación de todo el conglomerado humano. Al tiempo que generaría, además un amplio espíritu solidario en ascenso, mayores producciones, mayor productividad y trabajo creativo social, tanto científico como cultural y artístico. Y liberar así a la criatura individual, al ciudadano, al grupo y la familia, de algunas visibles e invisibles y muy antiguas y retorcidas ataduras.

La incapacidad “socialista” para encontrar vías y resortes económicos y sociales que elevaran producción y productividad. Obtusos igualitarismos y concepciones que convierten en teoría al mercado en fantasma maligno, por un lado, y una eufemística planificación estatal, casi siempre verbal y errática y no práctica y dirigida a NO resolver necesidades del consumo social, en otro espectro de signo contrario.

Dirigentes que convirtieron el laboratorio socialista mundial en un banco de fracasos económicos, subdesarrollos y opresiones. Algunos incluso con nobles intenciones pasajeras y otros por el afán más inescrupuloso y siempre insatisfecho de poder.

Ausencia de estímulos económicos o morales, o ambos, a gran escala, convierten la fuerza de trabajo en aburrimientos, rutinas, formalismos, derechos decrecientes, obligaciones y deberes crecientes y una corrupción vertiginosa. En faltas graves de competitividad y productividad.

Finalmente en carencias de expectativas individuales y sociales y degradación de los niveles de vida, tanto en el aspecto material como espiritual. Perdidas graves de derechos, identidades y sentimientos de pertenencia.

El cese, o intermitencia ocasional, del debate teórico y democrático en el seno de partidos comunistas, socialistas, populares o de los trabajadores, movimientos obreros y/o marxistas, paralizó análisis críticos y creadores de las izquierdas nacionales y la izquierda mundial. Los aprendizajes manualistas sin laboratorios de ideas, sin debates críticos y participación democrática, con especulaciones indiscutibles subordinadas a partidos, gobernantes y gobiernos e intereses de Poder, congelaron el desarrollo teórico dialectico actualizado al amparo de la modernidad y los logros de pensamiento social humanista. Los fracasos no fueron compendiados. Y lógicamente desviaron por senderos reaccionarios y compulsivos.

En muchos y demasiados aspectos, casi todos, imperaron ideas retrogradas y antidemocráticas vinculadas a dogmatismos doctrinarios, interpretaciones oportunistas, apetencias de poder, manualismos, conceptos arcaicos y falta de audacia, consignismos, culto a la personalidad, rituales ideológicos, pérdida de horizontes al calor de luchas sociales y debate conceptual, convertía rápidamente la teoría marxista en estéril fósil económico e ideológico. Y por supuesto, político.

A los dirigentes del supuesto socialismo, a quienes sobró ignorancias e ínfulas y afanes de retener privilegios y poder, a costa de democracia y derechos sociales, les faltó y falta necesariamente asideros conceptuales y praxis revolucionaria teorizada y debatida críticamente al calor de combates y acontecimientos.

Los dirigentes, teóricos, partidistas o administrativos, a esta altura de la vida y la historia, no disponen de una interiorizada ética acumulada y fuertemente fomentada. Tampoco de preceptos que inoculen contra ego desbordado, culto a la personalidad, controles y burocratismos, centralización de las decisiones, poder desmedido y vanidoso, arrogancias y mandos vitalicios. Y desprecio por métodos y derechos democráticos.

De tales dirigentes y partidos se derivan, como secuelas, las vías conceptuales de un poder concentrado, vertical, autoritario, muchas veces mesiánico y finalmente burocrático.

Faltó, incluso hasta grados superlativos, noción y sensibilidad, perceptibilidad y agudeza, tanto para dirigentes y dirigidos, acerca de que más que dirigente de “masas” (palabras demagogizada en el transcurso por pastores de conciencias, manuales, vulgarizaciones y praxis ideológicas), el dirigente es un dirigido educado, como otros, suficientemente consciente y honesto para ejecutar el plan social a favor de la población. Una criatura subordinada al mandato social. Un hombre o mujer y criatura noble y desinteresada, superado en contacto con la educación y la cultura y los conflictos de la población, dotado provisionalmente con autoridad que se somete a los interés reales de mayoría, Nación y sociedad.

La retórica y demagogia que, en cualquier latitud, se podría compendiar con la frase: DEL PUEBLO, CON EL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO, que es oronda y fácil de enunciar. Pero hasta pareciera hasta hoy casi imposible de practicar.

La democracia mayúscula, superior e inédita, mayor de la Historia, sin distingos, colosal y amplia, se estrenará al unísono con un pasaje de la verídica propiedad social. Es decir, de la propiedad convertida de brida para sojuzgar mayorías, a propiedad para crear libertades, democracia y solidaridad en amplitud social.

Y ambas entonces coincidirán a su vez con el estreno del socialismo de las utopías, con rango poético y respaldado por diversos y en ocasiones contrapuestos paradigmas y logros de la ciencia. Una sociedad con todos y en movimiento hacia el futuro.

Por último, una razón que ha influenciado además, consiste en que durante el siglo XX y lo que va del siglo XXI, los dirigentes de la izquierda diversa, no lograron rebasar nunca el diferendo inicial entre defensores de Marx y Proudhon y otros teóricos revolucionarios. Asunto que no solo impide cotejar criterios básicos y tácticas y estrategias para alcanzar algunos nuevos escalones en la lucha social.

Tal como sucedió desde hace muchos más de un siglo, la vida política los convirtió en rudos y enconados rivales. Semejante confrontaciones ciegas, intolerante y fundamentalistas, marginó a trotskistas, anarquistas y otras tendencias, cuando fueron honestas, de la izquierda mundial.

Hoy la división de la izquierda es factual y constante. Y al parecer irreversible.

La ausencia del debate teórico y la marginación de tendencias, instalado en los movimientos de izquierda como praxis inviolable, ha sido una barrera de primer orden para empeños estratégicos. Las intolerancias partidistas o teóricas se acrecientan y envilecen si no existe investigación y debate ideológico permanente y si los grupos intentan monopolizar constantemente la razón (en muchas ocasiones con el uso de la fuerza).

No sabemos ni podremos saber nunca, hasta donde las inoperancias, lacras y enormes errores de las izquierdas nacionales y mundial, en particular las que en su momento lograron el ascenso al poder, facilitaron espacios y maniobras al capitalismo para alcanzar éxitos en sus estrategias de renovación y poder, así como para colocar al planeta ante los dramas sociales y ecológicos que asuelan y los que sin dudan castigarán después.

Frente a la enorme creatividad y capacidad de reacomodos y asimilación capitalistas, el llamado socialismo del siglo XX (o también socialismo real) mostró incapacidades letales que abortaron experimentos en ciernes o ya avanzados. Esperanzas y proyectos que movilizaron naciones, clases, patriotas, militantes, convencidos y apasionados soñadores, concluyeron en fenomenales fiascos.

Algo sin dudas andaba mal o muy mal, pero las causas nunca fueron analizadas a fondo. Ni se convocaron posteriores foros abiertos y democráticos de interpretación. Cualquier intento fue fugaz y parcial y finalmente reprimido.

¿Ha llegado o llegará en algún instante la oportunidad de repensar y refundar? ¿De librar combate contra dogmas e insuficiencias ideológicas, filosóficas y políticas? ¿De redimir al pensamiento progresista de su pantanos y reticencias?

La necesidad de adelantarse a los episodios de futuro, contrasta con la inercia de observar los eventos de pasado y presente, revitalizar el pensamiento progresista y darle calado y los horizontes que potencialmente contiene.

¿La voracidad y agresividad de las clases dominantes capitalistas tuvo aliados en el bando contrario? ¿Aliados inconscientes o ignorantes o dogmáticos o aturdidos por el fantasma de las ideologías y el afán de Poder, además de la incapacidad “socialista” de crear sociedades económicamente más participativas y productivas, con democracia social más desarrollada y al alcance de ciudadanos y conglomerados humanos?

¿La vigencia del capitalismo hasta hoy, su casi eterna contemporaneidad en agonía, SU OBSOLECENCIA CRÓCNICA DEBATIENDOSE EN NUEVOS JADEOS, se debe o puede deberse, básicamente, a algunos de estos acontecimientos y realidades del mundo en que hemos vivido?

Pasemos lista. Y agreguemos personales opiniones y criterios.

POEMAS DE LA SANGRE COTIDIANA Marzo 23 de 2013. Ciudad de La Habana. Cuba.
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