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Por Erasmo Calzadilla

Ayer, cuando anunciaron su muerte yo estaba en pleno centro de la ciudad y pude captar el espíritu con que se recibió la partida del presidente.

No sé en el interior de su alma, pero la gente en la calle no parecía demasiado afectada por la novedad. Era un día como otro cualquiera salvo porque la noticia estaba en todos los televisores.

En la Habana del centro es muy común que las puertas y ventanas que dan a la calle permanezcan abiertas hasta tarde en la noche. No es necesario hacer una encuesta, caminando por la acera se puede saber cuántas pulgadas tiene el televisor de la familia y qué programas prefiere.

Y ayer al caer la noche casi todos los hogares sintonizaban programas venezolanos referidos al deceso del mandatario. Había tanta sincronía que el clamor de sus emocionados partidarios colmaba el ambiente sonoro de las callejuelas de la ciudad.

Pero era un clamor extraño, ajeno en una Habana que parece hastiada de lo político. Tal vez por eso no duró demasiado. En cuanto apareció la novela brasileña, auténtica diosa de la familia cubana, las voces del doblaje mexicano inundaron el solar.

Una de las personas más emocionadas que vi con la muerte de Chávez fue a mí mismo.

Cuando se enteró de la noticia Mí Mismo se erizó completo y estuvo así buen rato. Es porque me apena la muerte del hombre, y porque sospecho que volverán momentos muy difíciles para Cuba si Maduro resulta vencido en los próximos comicios.

Las crisis son también tiempos de oportunidad. El terremoto político podría favorecer cambios positivos para Cuba: más democracia, más empoderamiento popular y menos dependencia del petróleo.

Pero lo cierto es que una crisis suele ser oportuna cuando uno la ha previsto y se ha preparado para enfrentarla; no creo que sea nuestro caso.

La crisis podría ser aprovechada por el Estado totalitario para apretar más la tuerca, y podría también abrir las puertas de la nación al neoliberalismo, tan desastroso como suele ser para los sectores humildes y el medio ambiente.

Pero no solo asuntos de Estado me preocupan a raíz de la muerte de Chávez, tengo en Venezuela a muy buenos amigos en misión, o de turistas, y temo mucho por su suerte. Ojalá no les pase nada.

Publicado en Havana Times

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