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Por Isbel Díaz Torres

aduana-general-de-la-republica-sede-Plaza-2Al dirigirme hace algunas semanas a las oficinas de la Aduana General de la República, a fin de reclamar un paquete de periódicos enviados desde Venezuela, me enteré que allí sabían cuáles eran “los intereses de la nación”, pero no quisieron decírmelos.

Esa instancia confiscó el pasado 10 de diciembre un envío de ejemplares del periódico El Libertario, enviados al Taller Libertario Alfredo López, proyecto que conforma la Red Observatorio Crítico, pues su contenido “atenta contra los intereses generales de la nación”. Al menos así dice en el Relato de los Hechos que tuvieron a bien entregarnos.

Era tan curiosa esa razón, que no pude contenerme de preguntarle a Yakeline Sánchez Santiesteban, la hermosa muchacha que me atendió, si allí sabían cuáles eran tales intereses invocados.

Ella aseguró que por supuesto que lo sabía, pero que no me lo diría, pues yo ya debía conocerlos. Además, ella estaba allí solo para recibir las reclamaciones.

Con su flamante uniforme de Aduana, la joven Asesora Jurídica con charretera de tres galones me indicó que debía presentar la reclamación por escrito, lo cual me pareció justo. Tomé un papel y escribí mis datos y qué cosa reclamaba, mientras ella se retiraba, dejándome con otra joven de un solo galón.

Aquello me tomó menos de un minuto, y la funcionaria de menor rango quedó un poco desconcertada. “No, no, debes explicar bien detalladamente en esa carta, el por qué quieres que te devuelvan el paquete”, me dijo con condescendencia.

Ella, por supuesto, no veía el absurdo de sus palabras, de modo que con una sonrisa en mis labios le dije que quería las revistas porque eran mías ¿no era esa razón más que suficiente? Parece que sí, pues sin salir de su desconcierto se encogió de hombros y aceptó mi carta.

Agregué que quiénes debían explicar detalladamente por qué las retuvieron eran ellos, y ya sabemos que allí no se daban explicaciones, sino que se recibían reclamaciones.

Yakeline regresó con aire triunfal y una especie de manual de procedimientos en la mano. ¡Qué pena le daba conmigo! Me había hecho escribir por gusto, pues el reglamento establece solo 30 días para presentar la reclamación. El decomiso había sido a principios de diciembre de 2012, y ya estábamos en febrero de 2013.

Con su misma sonrisa le respondí que eran 30 días “contados a partir del siguiente a la notificación”, la cual había sucedido después del 1 de enero de 2013, según consta en el matasellos de la oficina de Correos de Marianao, por lo estaba en tiempo.

Ella se sintió defraudada, y revisó lo que yo había escrito. En la breve nota expresé que no sabía cuáles eran esos intereses invocados, por lo que la uniformada funcionaria comentó con renovado aire triunfal eso que tantas veces hemos escuchado: “el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”.

Salté de alegría. ¿¡Ah, porque se trata de una ley!? ¿Puede decirme, por favor, qué ley es, dónde puedo encontrarla? Yakeline comprendió nuevamente su imprecisión y reconoció que no se trataba de una ley.

¿Y entonces de qué se trata? Pregunté con insistencia. Ella le daba vueltas a las tres hojitas que tenía en su mano hasta que dio con la invocación a los apartados 1ro y 2do de la Resolución 5/96 del Jefe de la Aduana General de la Aduana General de la República.

¿Tienes esa Resolución a mano? ¿Me la puedes mostrar? Pero la Asesora Jurídica parece que además era la dueña de la ley, y no quería compartirla con el resto de sus conciudadanos.

En cualquier caso, es imposible que algo tan importante como “los intereses generales de la nación” esté contenido en una legislación interna de la Aduana. A lo sumo, allí podrán estar reflejados los intereses de “los dueños de la nación”, con capacidad para plasmarla allí, por lo que serían más bien “intereses particulares”, no “generales”.

Por cierto, ¿estará, entre esos intereses, el derecho de sus ciudadanos a recibir información diversificada, plural, actualizada, de los procesos nacionales e internacionales? Creo que no, pues si fuera así, no hubieran retenido los periódicos. Quizás ellos piensen que con el Granma es suficiente.

De modo que me fui de aquella oficina con el compromiso de que en el plazo de un mes tendría una respuesta oficial. El día 6 de marzo se cumple ese plazo, ya les contaré lo que resuelven los aduaneros cubanos.

Quizás y hasta tengo la suerte de conocer qué le interesa a mi nación. Prometo compartirlo.

Publicado en Havana Times