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Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

En los últimos meses, han ocurrido tantos acontecimientos en nuestro país, que podríamos estarle dando vueltas mucho tiempo. Tanto, que para cuando termináramos, ya estaríamos otra vez desactualizados. Interesante reto, orientarse e insistir en el derecho de participación en la nuevas épocas, marcadas por los famosos lineamientos del Partido.

No hace más de un año, para poner un par de ejemplos, era sencillo señalar las opresivas restricciones sobre el derecho de viajar y el daño que infligían a nuestro país, o reclamar espacios para una forma de producción socialista tan ventajosa como lo constituyen las cooperativas en todo tipo de actividades económicas. No se presentaban obstáculos de mucha cuantía en los torpes justificativos de muchos exégetas gubernamentales -los cuales, como era de esperar, experimentaron la mutación correspondiente en cuanto llegaron los decretos con los últimos cambios. El caso es que ya dichas realidades y otras más- cobran cuerpo, para provocar estas curiosas mezclas de sentimientos, de incertidumbres y expectativas.

El alivio de una liberación no excluye las razones para algunos enojos. Por años oímos que las razones para las restricciones de viajes eran el bloqueo norteamericano, el robo de cerebros, la ley de ajuste cubano Que pretender cambiar la política de aquí, sin vencer antes las malvadas maniobras de allá, era hacerles el juego, debilitar la sacrosanta unidad de la patria, etc., etc. Ahora resulta que no se cayó el cielo sobre nuestras cabezas sino que, por el contrario, el cambio desde aquí es el que está replanteando todas las reglas y obligando, a los de allá, a ponerse en una posición defensiva muy novedosa. O sea, otra manifestación patente de cómo hemos sido manipulados, se nos ha mentido, sujetado hasta el último momento en cajoncitos estrechos que, finalmente, no han resistido la presión de la naturaleza y la voluntad humanas de crecer. Otra de esas contradicciones espectaculares es el asunto del famoso cable óptico para Internet, campo en el que primero nos dicen que no tenemos esta conexión por culpa del imperialismo, luego que viene un cable, luego no se menciona más el cable y se vuelve a culpar al imperialismo, años más tarde aparece de nuevo el cable, y uno simplemente confirma lo que sabe, que no puedes creer a quien pretende con tanta desfachatez mantener el monopolio de la información.

Las causas de incertidumbres y preocupaciones tienen con frecuencia esa manía de despejarse, solo para dar paso a otras. Se podría decir que, prestando una estrecha atención, tal vez gracias a estar en los lugares adecuados, ya se ha hecho posible comprender el rumbo, por lo menos el general, de las reformas económicas que avanza el gobierno. Y es que los planes de este avanzan, pasan a las siguientes etapas. Por momentos han parecido lentos, pero lo cierto es que no han retrocedido sino que se consolidan. Ahora, podemos saber que vamos a tener enormes espacios cedidos a la economía de mercado y a las empresas privadas pequeñas. Que la gran contracción del sector estatal, con despidos masivos incluidos, se va a coronar entre el hoy y, a más tardar, los años 2014-15. Lo que no está para nada definido, es si esta transición parcial al capitalismo traerá mejores o peores condiciones para los cubanos, o para algunos sí y otros no. La palabra transición ya no es tabú, aunque su carácter capitalista todavía es negado con afectada indignación, supongo que en pro de mantener ciertas púdicas apariencias.

Las pistas más recientes sobre esto se me pegaron durante la Feria del Libro de este año, ahora en su etapa nacional. Entre las actividades habaneras, coincidí con un par de paneles con participación de los entendidos, o sea, especialistas conductores o consultores del gobierno para este proceso, que hablaron sin demasiados tapujos de estos temas. Justamente Temas, la revista, ofreció un conversatorio bajo el título de Transición, y también estuve en la presentación del sitio web del Centro de Estudios de la Economía Cubana. Se pueden imaginar de qué hablamos con aquellos cabezones. Por supuesto, que la transparencia en los detalles todavía deja mucho que desear. Un detalle -escandaloso- revelador, que nos comentó alguno de estos académicos, es que el gobierno acapara tanto la información, que no permite que unas comisiones estén al tanto de lo que producen las otras en este proceso, actitud ridícula e ineficiente, que por otro lado permite sospechar todo lo sospechable sobre las intenciones de quien así pretende vendar los ojos de las personas.

Otro chisme de ese panel de Temas: una periodista de Bohemia se quejó de que, a nivel inmediato, no los dejan ejercer las orientaciones del presidente Raúl de hacer un periodismo serio, objetivo, crítico. No me extraña, hay muchos poderes que saldrían perdiendo; lo que sí es de lamentar que el coraje de un Esteban Morales sea cosa tan poco frecuente.

Regresando. Que las reformas van a ser solo económicas, es propósito confeso; por más que sepamos que economía y política son hermanitas inseparables, nos las han querido vender así. Lo que sí es evidente que no cambiará por ahora, al menos según los deseos del gobierno, será la vocación de este de controlar todo lo posible. Falta ver si los mecanismos de que dispone hasta hoy, serán suficientes dentro de poco en los nuevos panoramas.

Recuerdo intencionalmente bien las palabras usada por Miguel Limia, en uno de esos encuentros de la Feria del Libro a que me referí, sobre evolución de la sociedad cubana. Dijo este especialista del oficialismo que la participación popular se debía perfeccionar y profundizar, sí, pero de manera diferenciada. Por el contexto de su intervención, estaba más que claro a lo que se refería, vamos a seguir siendo una sociedad de iguales pero, en términos políticos, algunos han de seguir siendo más iguales que otros. Por si fuera poco, esta última semana, el diario Granma fue brutalmente sincero en su resumen del último pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, cuando recogió que el hecho de que se diga que el PCC no participa en las elecciones postulando candidatos, no quiere decir que se desentienda de las mismas, pues supervisa y aprueba las propuestas para la Asamblea Nacional del Poder Popular, o sea, el órgano de Poder supremo, con Presidente del país incluido.

Con lo que llegamos al punto de la nueva legislatura con el flamante vicepresidente. Que Raúl se hará a un lado dentro de 5 años, era más o menos previsible, dada su palabra empeñada ya hace tiempo, y el hecho de que tendrá más de 85 años para la próxima vuelta, pero muy pocos podrían haber adivinado el ascenso de Díaz Canel a la posición desde donde se supone, asumirá entonces la máxima magistratura. Sin tener nada en su contra, a uno le quedan las razonables dudas acerca de cómo pensará este compañero dado que, a diferencia de los anteriormente defenestrados Carlos Lage o Felipe Pérez Roque, el fallecido Carlos Rafael Rodríguez, o el mismo Raúl que está ahora, Díaz Canel no se ha destacado mucho en este período posterior a 1959 por participar con discursos o artículos o de cualquier otra forma, en la arena pública, defendiendo unas u otras maneras de construir el socialismo. Ahora es poco probable, dadas las características de las elecciones cubanas, que para el ejercicio electivo, esta persona nos explique sus propuestas e ideas propias. Lo creamos el óptimo o no, si nada cambia de aquí al 2018, tendremos entonces al frente de toda la sociedad cubana a esta figura seleccionada por el Partido luego de haber subido por sus rangos, obviamente como un buen ejecutor de las tareas asignadas.

Aquí nos unimos con otras cosas que concuerdan. Son estos años los que tienen que presenciar el establecimiento del nuevo modelo económico cubano, porque es el último período que tendrá al frente la generación de los históricos. Simplemente, el almanaque ya ha establecido el tiempo de descuento y, para que no le queden dudas a nadie de que Raúl se dio cuenta, este avisa que se baja del autobús y no solo, sino con el par de compañeros más que dejan respectivas vicepresidencias en manos más jóvenes. Jóvenes de los que van a escasear cada vez más a medida que la población envejece, emigra y se reproduce con muchas dificultades.

Y no me puedo acomodar con el descuido ante la cuestión constitucional. No me satisface el argumento de que es mejor no cambiarla pronto, sino esperar bastante para no tener que volverla a cambiar ante realidades transformadas. Pienso que principios filosóficos, políticos y democráticos, pueden y deben establecerse a tono con los tiempos modernos que vivimos; la constitución no necesita, por otro lado, legislar hasta el detalle más temporal, como no lo hace la actual, cuando se puede dejar espacios abiertos a cubrir por la legislatura subsiguiente que deberá cumplir, eso sí, determinadas pautas democráticamente consensuadas.

Esta descarguita me ha quedado un poco más divagatoria que otras anteriores. Pues sí, es que hay mucho novedoso a lo que acomodarse. Algunos de los fines que ha defendido el Observatorio Crítico se han concretado, para felicidad nuestra. Ahora bien, existen otros entre los que quedan, que son posiblemente los más complejos, ligados con el tema del ejercicio duro del poder en nuestra sociedad, y nuestra postura al respecto. Otros elementos inéditos han aparecido en el panorama, que nos despiertan serias inquietudes. Ojalá todos los compañeros que hemos tenido el privilegio de participar en estos empeños, comprendamos que ahora, tanto o más que antes, es importante y delicado nuestro esfuerzo. Una de las aristas más relevantes en nuestro empeño, ha sido la incorporación del respeto a la pluralidad, como ingrediente estratégico que deseamos pertenezca a ese futuro inseguro, siempre sorprendente, que nos espera. Al mismo tiempo, le rogaría a todos que mediten sobre el gran valor que tiene la participación, verdadera y democrática participación, sin diferenciaciones ultrajantes a la dignidad humana; que la opinión de todos es más que bienvenida, necesaria, y que está en las manos de cada uno hacer esta contribución única, con su presencia, sin la cual las cosas no podrán ser nunca iguales.

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