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Por Félix Sautié Mederos

Crónicas cubanas

Hace algunos días visité el Convento San Juan de Letrán de los dominicos del Vedado habanero para asistir a una conferencia con el título “Los Frailes Dominicos y la Universidad de La Habana”, que como parte del ciclo “500 Años de compasión con pasión”, fue impartida en su prestigiosa “Aula Fray Bartolomé de las Casas” que es uno de los primeros espacios de diálogo y debate creados por la Iglesia Católica Cubana después del denominado Período Especial en Tiempo de Paz. El tema que nos convocó en esta ocasión lo expuso brillantemente, como es su costumbre, la destacada investigadora histórica y profesora universitaria Dra. Ana Cairo, a quien me unen estrechos lazos de amistad.

No puedo obviar el calificativo brillante, ni siquiera como recurso de sencillez periodística porque en realidad Ana Cairo con su natural modestia característica, sin afectaciones personales de ninguna índole, descubrió ante los que disfrutamos de su disertación, los resultados de acuciosas búsquedas en los archivos y testimonios sobre la fundación de la Universidad de La Habana, que es uno de los más antiguos centros universitarios en América, así como un espacio de iluminación, debate y vida de nuestra identidad, idiosincrasia y cultura nacional. Quiero reiterar que quizás lo más interesante de lo que allí se expresó, en mi opinión, fue la virtud científica de describirnos imparcialmente el tema en sus aspectos esenciales y diversidad investigativa, sin ubicarse en un primer plano con sus artículos y libro publicado “Historia de la universidad de La Habana”. En su disertación, durante el corto tiempo de que dispuso, relacionó lo esencial de los trabajos realizados así como de los testimonios sumergidos en el tiempo de quienes han estudiado meticulosamente los orígenes de nuestra Universidad: sus características iniciales y las contingencias afrontadas en su surgimiento.

El encuentro, en definitiva, tal y como expuso la coordinadora y anfitriona de las actividades del Aula Fray Bartolomé de las Casas en su agradecimiento final a la conferencista y a los participantes, resultó ser una expresión de la memoria histórica, muy importante porque un pueblo sin memoria deja de ser pueblo. No puedo reseñar en el espacio de una crónica el contenido específico de la Conferencia impartida por la doctora Cairo; pero me anima la esperanza de que como es costumbre de los dominicos habaneros, se publicará un folleto que habrá de enriquecer la historia escrita de nuestra más importante universidad cubana.

Por otra parte, en este orden de pensamiento, quiero describir también que, además del tradicional ambiente positivo y enriquecedor propio de los ámbitos del antiguo convento habanero de los dominicos, percibí aquella tarde noche durante todo el tiempo de mi estancia, un extraordinario entusiasmo característico de la juventud y de la pasión por el estudio. Ya hacía varios meses que por razones de salud no lo visitaba, y encontré a sus muros y espacios arquitectónicos en similar estado de limpieza y minuciosa conservación acostumbradas; pero el movimiento ambiental de aquel momento por denominarlo de alguna manera más comprensible, me impresionó profundamente. San Juan de Letrán estaba desbordado como nunca antes de jóvenes, que entraban y salían de las aulas ubicadas alrededor de su patio central, las que desde hace algunos años sustituyeron antiguos espacios conventuales primigenios de los frailes que lo refundaron en su nueva ubicación del Vedado habanero a mediados del Siglo XX.

Aunque debo reconocer que aquella presencia de jóvenes no me fue novedosa, pues en otras visitas, desde algún tiempo había visto algo parecido, pero en esta ocasión la percibí intensa y animada como nunca antes. Evidentemente estaba ante un desarrollo y un crecimiento en cantidad y calidad, que en mi percepción presentaba a mis ojos al convento dominico como un importante y nutrido centro de estudio y formación alternativa proyectado hacia el futuro. Me encontré allí con una profusa siembra de seres humanos que buscaban en la verdad dominica; y, que considero ya está fructificando.

Recuerdo que fui visita reiterada de aquellos espacios conventuales en mi época estudiantil en los años 50 del siglo pasado. Entonces íbamos a San Juan de Letrán los jóvenes estudiantes que pertenecíamos a la Acción Católica Cubana, porque los frailes dominicos eran nuestros consiliarios, pero lo que estaba observando durante mi visita de hace apenas unos días que les describo, fue a una muy nutrida pléyade de muchachas y muchachos que más allá de que tuvieran o no ideas religiosas, habían irrumpido y desbordaban los viejos muros del convento del Vedado habanero, para estudiar filosofía, así como disciplinas culturales y de humanidades en sentido general; incluso muchos de ellos son universitarios y estudiantes de las escuelas laicas de La Habana, que en San Juan de Letrán buscan la verdad y su enfoque conceptual más allá de los conceptos preestablecidos, de las prohibiciones absurdas y de los esquematismos contra natura, tan al orden del día en los ámbitos oficiales de nuestro país hoy.

Cuba necesita mucha diversidad en la ilustración, así como honradez de pensamiento propio, ética de principios y conciencia humanística actualizada conforme a las más novedosas tendencias científicas y de técnica digital propias del Silgo XXI, para abrirse efectivamente hacia el futuro; y los jóvenes habaneros allí matriculados, conforme a sus inquietudes propias, buscan en la libertad de opciones lo que muchas veces no encuentran en un pensamiento oficial, detenido en el tiempo y aislado de las nuevas tecnologías de la información así como de las redes sociales que se intercomunican planetariamente. En este sentido San Juan de Letrán una vez más en el tiempo, en sus aulas ha devenido un espacio y una opción diversa de ilustración, cultura y avances científicos, al igual como en los siglos pasados, fue base para la fundación de la Universidad de La Habana.

Así lo percibo y así lo afirmo con emoción y sentimientos afectivos hacia el Convento San Juan de Letrán, visita frecuente en la época de mi juventud. Con mis respetos para el pensamiento diferente. fsautie

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