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Por Ramón García Guerra

Del lado de allá es muy fácil faltar al respeto
y más si está por medio el océano completo.
Si tú eres guapo de verdad saca un boleto
y ven pa´ que te meta en la candela que me meto.

Los Aldeanos

Saber de qué se habla.

Este artículo mío hace de respuesta a uno anterior de Armando Chaguaceda: “Preservar la solidaridad, desterrar los sectarismos”, que acaba de publicar en estas páginas.

Pero antes debo definir una línea de debate.

La opinión de Marlene Azor ante mi artículo: “Suicidio político”, que publiqué acá, motivó un artículo de mi parte: “Defensa de la Utopía”. Paramentis. Emplee en el texto un viejo truco de Raúl Roa para hacer saltar a la liebre. Usé la palabra coño. Estalló el gusto pequeñoburgués de la Astor. Pero en ella lo peor no será su “tono”. [¡Pobrecitos nosotros: “pacientes de su sabiduría”!] También su modo de razonar se aparta de toda lógica. Porque los métodos que emplea la Azor, por ejemplo, conducen a absurdos. Sus análisis se desconectan del objeto. Estableciendo al final premisas que más tarde emplea en silogismos que, al mirar atrás, nos ponen en el lugar del alumno que entra a clases al final del turno y mira atónito un largo pizarrón lleno de trazos a todas. Pero no solo conmigo lo ha hecho. También usó métodos tales con Dmitri, con Isbel, con Rogelio, con Erasmo… Detesto el diálogo de sordos.

Entonces publiqué: “La causa libertaria en Cuba”, que sería el segundo texto de la serie. La idea que justificó ese texto era marcar la diferencia entre el ideal socialista del ¿SPD? y el de los ácratas en la Isla. (Algo que fue advertido por Octavio Alberola solo de un vistazo.) Intentaba con ese artículo, además, ofrecer una visión de campo al mapear el mundo de la política en Cuba. ¿Cuánto vale tener en política esa visión de campo? [Curiosamente, el mapa que ofrecí allí pasó de largo.] Dibujé un programa de acción. Siempre llevo esa idea en mente: Los árboles no deben hacernos perder la perspectiva del bosque. Porque, si no, la maya afectiva nos traga. Desde luego, quien no esté metido de barriga en las luchas sociales en Cuba poco tendría qué decir de aquel mapa de la política.

Después se publicó: “Reflexiones de un libertario”. Este análisis se basó en realidades y no en teorías. Todo el tiempo hablo de luchas, escenarios, actores… concretos. ¡Hablo desde la experiencia de luchas reales! Porque no hago lecturas apacibles de textos poéticos. Sucede que supe qué es la política bajo las balas, en África. Precisamente, yendo de la mano de Roque Dalton: mientras leía Taberna y otros lugares. No sé. Quizá otros aprendieron con Sartre. Pero yo no. Ciertamente, hay un tono ríspido en el texto. (Entiéndase que mientras otros hacen una carrera académica con la venia del Señor, los ácratas son condenados al ostracismo más severo.) Pero hay más. En el texto se menciona dos veces a Haroldo Dilla: 1) mientras me refería a la “soledad de los libertarios” en otra época, y 2) cuando hablo de un cambio de contexto en las luchas sociales en Cuba. Porque ayuda a entender mejor la realidad.

[Confieso que traté a Dilla de modo diferente que a la Azor por una razón. ¿Por qué? Porque no estamos ante un sociólogo de gabinete que hace figuritas con el humo del cigarro.]

Finalmente aparece: “Política de alianza, rechazo del pueblo”. Esperaba que este artículo fuera el último dado el silencio del “ofendido”. ¿Cuál fue la secuencia de los hechos? Primero está la reunión que adopta el texto de marras: “Votemos por la Democracia”. Después el pacto se rompe al meter Pedro Campos a la derecha en el potaje, y Radio Martí que lo publicita a toda página. Finalmente el comité del barrio Vote D me cuestiona por ello y yo publico el texto: “Suicidio político”. Puesto yo en peligro física y moralmente por esta actitud festinada de Campos, voy a su casa y hablo con él de frente. ¿Debería estar molesto? En fin, el mar… El artículo es un reportaje de la marcha del proceso en mi ciudad. Ahora le toca a mis compañeros decir qué han hecho ellos. Lo cual me resulta casi imposible saber pues la manera que emplean para tratar nuestra diferencia ha sido la de cortar la cuerda. Tengo café en casa. Pero ellos no me vistan.

Mientras tanto he publicado otros dos artículos[1]. Primero el texto: “Trabajo salariado: esclavitud moderna”. Después otro texto: “Estamos en la Isla de la libertad”. Intentaba con el primero dejar servida la mesa, en principio, para un debate sobre la vigencia de la ley del valor en nuestra sociedad hoy mismo. Hacemos una arqueología de la tradición libertaria en el segundo, para ayudar a situar política y epistémicamente las luchas sociales en que estamos. [¿Desde qué punto de la geografía se nos habla?] Pero lo que se necesita es otra cosa. Entiendo que al tratar en un plano afectivo el tema a debate se liberan del deber de dar siquiera una razón que explique el fiasco que sufrió el Vote D. Empleando el recurso del melodrama no mejora la situación. ¡Y habla del tema quien tal vez trabajo más por lograr el éxito!

¿Están siendo responsables con las consecuencias de sus actos?

Veamos ahora qué podemos hacer para “preservar la solidaridad” y “desterrar los sectarismos”, a partir de este texto que Armando Chaguaceda nos ofrece hoy a debate.

¿Democracia como tecnología?

La cuestión se explica por Armando Chaguaceda a partir del sentido común. Porque lo que existe es lo que debe ser e intentar otra cosa es inútil. Entonces lo mejor es administrar con la mayor efe-ciencia “la realidad”. [Empleando la efe de Franco o Fujimori o… Después de todo, Chaguaceda es hijo de la revolución.] Pero esta lógica de pensamiento está siendo hoy cuestionada en todo el mundo. Contracorriente, nuestro amigo hace cualquier cosa por salir adelante. Defendiendo una causa perdida este compañero se atreve a manipular lo dicho por Enrique Dussel, –filósofo de la liberación– para acabar por argumentar un modelo de democracia. Que se haya más allá de la representativa y más acá de la concejil. Dussel habla en su extensa bibliografía de subvertir el orden existente. Ciertamente, intenta ser realista. Pero no aplaude lo dado. Chaguaceda, en cambio, manipula ese discurso. Definitivamente, Enrique Dussel: piadoso de libertad, resulta más demócrata que libertario. Demócrata participativo, además.

¿Democracia participativa?

¿Participación para subvertir el orden existente o acaso para reproducir a este último?

¿Participación democrática?

Entendiendo el artículo de Chaguaceda desde este supuesto, entonces, podemos entrar a discutir la racionalidad que sostiene a dicha Democracia. En tal sentido, no estamos en contra de dotar a la sociedad de bases democráticas sobre las cuales el proceso de reproducción de ésta logre acontecer de forma natural. [Las luchas sociales que hemos reportado con detalles en decenas de artículos nos advierten de lo saludable que sería producir ese cambio en la sociedad. Y esto echa por tierra la infamia de la Azor de que estamos en contra de adoptar tales formas sociales en la Isla.] Pero ahora se trata de redistribuir las cuotas de poder. Y es lícito el interés que tienen los libertarios por saber cuál será el destino de los de abajo. [Solidaridad de clase la nuestra. Puesto que estamos con aquéllos los ácratas, –sin remedio– hundidos en el fondo del caldero.] Veamos cómo quedará todo esto. Sigamos ahora la lógica de ¿Chaguaceda? para ver qué sucede al final.

Casi al final Chaguaceda nos dice:

“¿No debía ser la lucha por ese Estado de Derecho –sin exclusiones dictadas desde arriba– una prioridad junto a la acción e imaginación en pro de una valiosa radicalización socialista de la democracia?”

Sobre el tema hemos debatido mucho en el OC. Incluso existe un audiovisual que muestra los consensos a que hemos llegado juntos. También he dado yo milongas por el Estado de derecho en las cuatro esquinas de esta ciudad. Precisamente he dicho en otro lugar:

“Porque será este gobierno el que ostenta el record del mayor déficit legislativo que pudo acumular gobierno anterior en Cuba desde 1940 a la fecha. Carecemos de leyes de culto, emergencia, prensa, etcétera. Desde hace veinte años no se registra asociación alguna en el Ministerio de Justicia. Pero hay más. La política de postergar el reconocimiento de los derechos civiles y políticos sólo compite con aquella otra que confisca los derechos antes otorgados. Esto sin contar la pésima calidad de estas leyes. Porque las leyes civiles, por ejemplo, son un chaleco sin mangas.”

¿Estamos en esto de acuerdo? ¿Sí? Pues bien, esta manera de entender la política deja fuera del juego al mundo de vida popular. Las élites letradas al servicio del poder dictan las leyes, asumen la administración de justicia, adoptan los programas de estudio, deciden las agendas de prensa, prescriben el ordenamiento de las ciudades, pautan el calendario de la vida cotidiana del pueblo, todo ello: basado en el poder de la escritura. Pero estos códigos y reglas del juego político en el mundo de vida popular nadie las practica. Las luchas en el mundo de vida popular se realizan en los breves espacios que hacen la familia, el barrio, el trabajo, etcétera. El poder de la oralidad –siendo de primer o de segundo grado ella misma– decide hoy el mundo de vida popular en todos aspectos y supera a la escritura-poder en todos sus ámbitos. [Los espacios de diálogo en la sociedad están basados en prácticas escritorales que reducen la eficacia del poder de la escritura.] Entonces la política no puede ser reducida a la existencia de partidos, parlamentos, alcaldías o tribunales so pena de cometer el error proudhoniano de retorno al pasado.

Los letrados que aún recelan del poder instituyente del pueblo han perdido el buen juicio.

Pensemos no en luchas capilares que han echado abajo a los gobiernos en la región, sino en las luchas que ocurren en Cuba a diario. ¿Quién dictó la ley que obliga a enviar remesas a su familia en Cuba? [Economía que significa el 56% del presupuesto del Estado, o el 25% del PIB.] Podrían decir: si, pero toda esa economía es administrada por el Estado a su antojo. Entonces diría: La mitad de la economía del país, basada en el espíritu solidario y el sentido mutualista de los cubanos, está en manos del pueblo. [Economías del trabajo doméstico, de las remesas, de los fondos sociales de consumo.] Elaborar nuevas categorías económicas que reconozcan estas economías no mercantiles resulta una exigencia de los libertarios que busca suprimir las formas de alienación hoy existentes en el mundo de vida popular. (Particularmente el sexismo, el racismo y el clasismo.) Insumos políticos estos que demanda el proceso emancipatorio popular que ocurre en el cotidiano de la sociedad.

Cuando este asunto se mira desde arriba, entonces, la cuestión se reduce a lograr ordenamientos que aseguren la marcha del proceso. Siempre en beneficio de los elegidos. Desde abajo se piensa en alcanzar la mayor calidad de vida de las personas, en lograr la plenitud de las formas de vida en el planeta, etcétera. Seamos francos. Desde las clases oprimidas en Cuba, el modelo de democracia que sugiere Chaguaceda no satisface las exigencias del proceso. Entre otras cosas, porque este modelo está centrado en formas delegadas que el pueblo rechaza. Las bases del sistema actual pueden ser relanzadas si son dotadas de soberanía. Cuando esto ocurra, apenas en semanas, los actuales Consejos Populares serán convertidos en centros dinámicos de la sociedad. Asimismo el poder central sólo podría ser revitalizado si se rehace como Estado servidor de esta última. Pero esto implica un cambio copernicano de la vida política del país.

Desde el fondo del caldero.

Chaguaceda nos advierte, en tal sentido, sobre el fracaso a que están condenadas las luchas sectoriales, locales y puntuales que echan adelante los NMS en América Latina. Parece éste ignora que aquellas luchas han echado abajo a gobiernos y han hecho en la región que la política sea otra cosa. Los pueblos de nuestra América han cambiado en mucho después de estas luchas. Entonces, dotando de una mayor densidad social a la sociedad, dándole otra textura a aquélla, soltando las energías del pueblo; en fin, abriendo las puertas a la libertad, para vivir a plenitud la vida cotidiana, –como un acto de la multitud que la (re)crea por sí misma, quise decir– las luchas populares han cambiado la realidad. El desafío es hallar una solución de continuidad entre lo micro y lo macropolítico que catalice la creatividad del pueblo en el cotidiano. Para ello debe ser invertida la actual lógica de poder.

Pongamos un ejemplo: La defensa del Estado de derecho.

¿Coincidimos en empoderar a la comunidad? Pensamos que resulta inaplazable la adopción de leyes de municipio, Pymes y asociación. [Sólo el hecho de definir un plan legislativo nos indica la ideología que se haya detrás. En tal sentido, Chaguaceda tiene una prioridad: adoptar la ley de prensa. ¿Empoderar a las masas populares o a las élites letradas?] Pero qué motivos halla un demócrata –y cuáles un libertario– frente a este desafío. Chaguaceda se percata de estos extremos y nos sugiere una fórmula a medio camino:

“La acción de minorías radicalizadas -que combinan lo cultural y lo político- y las luchas locales/particulares no son estériles y mucho menos denostables: pueden converger con movilizaciones de diferentes envergaduras, de forma tal que sea posible concertar acciones para enfrentar las prácticas cooptativas y represoras de los Estados.”

Ahora bien, entre estas formas de la política el orden está bien claro. Chaguaceda no deja dudas al respecto: Las luchas populares deben de integrarse en la política tradicional si desean tener futuro.

Pues cualquier práctica de organización social que desee ser políticamente relevante (y no meramente testimonial) debe articularse con iniciativas políticas más amplias y plurales, y no contentarse con ser experiencias ubicadas en la periferia institucional y social. // Los problemas de una sociedad compleja como la cubana no se resuelven ignorando los problemas de la representación y concertación políticas, y desconociendo el estado real, promedio, de la opinión pública y la cultura política nacionales[2].

Entiéndase bien, negociar con los poderes establecidos en Cuba nos salvará del fracaso.

Debemos acertar la escuela autoritaria y la educación bancaria que recibimos u ofrecemos. Pero que padecemos todos. Entonces sería mejor que hablemos de diálogo ante el poder. Pero hacer una pedagogía de la liberación en Cuba, jamás.

Y la economía ¿qué? Pienso que si respetamos el sector estratégico de la economía que se reserva la élite política, entonces, podemos jugar en el gallinero –que llaman “economía ordinaria” los elegidos– con total libertad. Los nueve filtros que median hoy entre elector y trabajador, (que se supone que sirvan al control popular sobre la gestión del Estado) sería mejor que se queden allí en donde están sin molestar al poder. Esta es la filosofía que Chaguaceda nos sugiere en tal caso. Porque la solución de los problemas de una sociedad compleja como la cubana necesita de estas mediaciones: que se conocen por aparato burocrático del Estado. Siempre que haya cumplido todas las pruebas LPV, según Heberto Padilla.

Parece que la política de hacer más transparente todas esas estructuras no entra entre las prioridades de nuestro amigo. Discutamos un caso concreto en donde las mediaciones ha sido motivo de una guerra aduanera contra del comercio autónomo de la población. Empecemos por analizar por partes el problema. Después voy a intentar hallar una solución democrática a dicho conflicto con el auxilio de la concepción de nuestro amigo.

El asunto fue planteado en otro artículo.

Entonces decía:

“La política que adopta el gobierno de estímulo al cuentapropismo tiene previsto la creación de tiendas mayoristas, pero se produce un desfasaje entre la abrupta expansión del trabajo por cuenta propia y la dotación de equipos e insumos que son necesarios en la actividad. La solución que encuentra el pueblo es importar estos equipos e insumos. La reacción del gobierno que ve descapitalizarse las tiendas de recaudación de divisas (TRD), –sistema impositivo indirecto– será la de adoptar un régimen de aduanas más agresivo al respecto de este comercio.”

La solución que inferimos del ideal democrático que defiende Chaguaceda nos llevaría a la creación de un juego económico lleno de balances y mediaciones que haga factible el control del gobierno junto a la mayor autonomía de las empresas. Pero este modelo será insuficiente dado que supone la existencia de actores ubicados en una estructura de autoridad (el ojo de dios) domeñada por el mediador y no por el productor. Y así se repite la estructura que hoy se objeta. Finalmente, resulta en una entidad soberana que se encuentra por encima de la sociedad.

El rescate que hace Alain Badiou (2006) del leninismo nos puede ayudar en la solución de este dilema. Badiou se lo plantea de tal manera: Los procesos pautan una disciplina que acaba por reemplazar a los entes soberanos que antes mantenían el control de aquéllos. Partimos del consenso que sostiene al proyecto y que, traducido en proceso, pautará la disciplina de la sociedad. Esta es la solución que se desea. Preguntémonos ahora qué hace el Estado en esta ecuación[3].

¡Democracia para liberarnos!

Precisamente hace unos meses atrás nos reunimos para debatir sobre democracia. Resultado de este encuentro fue el audiovisual: Socialismo es Democracia (DVD de mayo, 2012). Considero que el consenso que logramos en esta ocasión fue decisivo. Pienso que sería adecuado que se comparen las ideas y posturas que fueron adoptadas en relación con las ideas y posturas hoy asumidas. Y desde ya advierto entre los miembros del SPD cierto repliegue en tal sentido. Particularmente dado en su agenda de debate, en sus enfoques y en su acción política.

Dedicaremos este acápite a dicho asunto.

Participamos siete compañeros. Dividimos en tres partes el debate: democracia, partidismo y economía. Debatimos desde los ideales de democracia hasta su aplicación en la economía. Viendo en perspectiva el panel, resultó algo excepcional para todos. Porque no se trataba de analizar algún acontecimiento en específico o de coordinar cierta actividad en particular, sino de construir un consenso en relación con la democracia en tanto horizonte de luchas en la política. Pasados seis meses he vuelto al material y me percato del resultado que han producido todas estas largas jornadas de debates en el OC. Como me decía un amigo mío, catalán, al ver el vídeo: “Advierto ciertos matices. Pero entre ustedes el parecido de familia es evidente”. [¡Sabemos hasta qué no discutir para evitar una fractura entre nosotros!] Pienso que este debate de ahora es un signo de madures, que más que perjudicar a una secta beneficiará a todos en Cuba. Entiendo que será la mejor lección que nos podemos dar y ofrecer a este pueblo.

[Sugiero al lector que acceda al vídeo en este sitio Web.]

Desde luego, no todo fue coincidencias en este debate. El análisis fue compartido entre socialistas democráticos y libertarios en esta ocasión. Los enfoques de los primeros fueron más político-institucionales y filosóficos, mientras en los segundos serían más antropológico-culturales e históricos. Pero no hubo una confrontación en cosas de fondo. Sobre los matices que advertía mi amigo, diría que los dividiría en tres grupos: a) propuestas no compartidas; b) posiciones encontradas; c) consensos totalmente logrados. La cuestión es que este diferendo está motivado en la fractura de este consenso. Porque, según éstos, una alianza con la derecha no se justifica a partir de los ideales y posturas que antes adoptó el SPD.

Francamente, esto no es leal. [La crítica que hacemos no parte de nuestras ideas libertarias sino de aquellas de los demócratas.] Entonces, está el abandono del pacto.

Los temas no compartidos son parte de diferencias que se entienden por sí mismas. Por ejemplo, está el análisis de Mario Castillo sobre las potencialidades que se hallan contenidas en las bases de las organizaciones de masas y sociales en Cuba. Pero estas luchas a nivel comunitario no motivan al SPD. También están las garantías mínimas que exige la democratización de la sociedad, según el criterio de Carlos Simón. Tampoco esto es de interés. Aunque se advierte una mayor proximidad de Ovidio D´Angelo a estos enfoques. Y esta actitud nos condujo a un consenso con respecto al tipo de democracia que se ajusta a las condiciones que se presentan hoy en Cuba. Precisamente, hablamos del modelo de democracia basado en concejos. Pero sin discutir la concepción liberal-burguesa que significa la distinción entre economía estratégica y economía ordinaria que han adoptado las reformas.

El otro pacto de importancia capital fue motivado por Pedro Campos. Coincidimos en luchar por una constitución apartidista (fuera del control de los partidos), donde el poder estuviera en manos del pueblo. (Aunque esto última no excluye la existencia de uno o varios partidos.) Entonces ahora se produce un retroceso en esta posición. Porque se recorta el horizonte de luchas al ámbito electoral. Lo cual no es tomar partido sino hacer partido para la toma del poder. (Que no estaría mal para un leninista[4]. Pero que nada o poco tiene que ver con lo dicho antes. Sobre todo si la lucha contra la alienación es sacada de la agenda del SPD. Dejando éste de ser anticapitalista en la práctica.) Y esto no nos tomará por sorpresa si se vuelve al debate de marras.

Precisamente se trata de un tema que parte aguas. Específicamente el tema del trabajo por cuenta propia. Según mi opinión, estamos ante una fórmula que retarda el desarrollo de la conciencia solidaria en la sociedad, que ahonda su fractura y que facilita un sistema de dominación política de la misma. Pedro Campos, en cambio, insiste en afirmar lo contrario. Estamos ante una degeneración de aquél en capitalismo privado, según la opinión de Campos.

Efectivamente, estamos ante una ruptura del consenso. ¿Pero esto debe acabar afectando la unidad que hemos creado? No lo creo. Durante más de una década el grupo que fundó la Cátedra Haydee Santamaría ha debido sufrir y superar más de un sisma. La salida de este diferendo nos debe ayudar a reconfigurar a fondo el espacio, para dar cabida a posiciones que son anticapitalistas aún cuando no sean libertarias. [Considérese lo dicho una autocrítica.] Lo que no parece una actitud democrática es que seamos obligados a convenir en algo opuesto a nuestros ideales y que seamos calificados de sectarios por tal razón. [¡Que se las trae! Pactamos una línea de trabajo, rompen el acuerdo y más tarde nos acusan de mil cosas.] También hay algo personal en esta situación. Dejándome llevar por las pasiones pude tener una reacción más áspera si se entiende que la actitud festinada de Campos me expuso a lo peor. Pero no. Los textos que he publicado no dicen tal cosa. Reitero mi admiración por Perucho.

Hablar lo que se conoce.

Regresamos al punto de partida. Chaguaceda nos demanda: “Preservar la solidaridad” y “desterrar los sectarismos”.

Estoy hoy obligado a decir: ¡Qué gran lección han dado los libertarios en los últimos diez años! Como una cápsula espacial que va dejando caer los cohetes de impulso en su marcha, así ha sido la suerte en Cuba de los ácratas en pleno siglo XXI. Participamos en la creación de la Cátedra Haydee Santamaría junto a otros compañeros que se fueron yendo. (Compañeros que en buena medida han hecho sus carreras de éxito gracias a estos locos que patean duro el balón.) Y ahora esta lección que significa el OC. Experiencias de un diálogo en la diferencia. Desde luego, que todo lo bueno que ocurre en la Isla no se debe a ellos. Pero en gran parte lo ha sido.

Como se dice en la calle: “hemos calentado la pista”.

Pregunto a Chaguaceda lo mínimo:

¿Dónde se halla en Cuba una alternativa más radical que aquella ofrecida por nosotros? Escoge la agenda que desees. Lo mismo da que hablemos de DESARROLLO como de ALIENACIÓN: ¿Quiénes están siendo los más radicales en Cuba en estos temas? ¿Quién ha forjado con la mayor audacia, inteligencia y CORAJE una visión más revolucionaria que esta de los radicales de izquierda en Cuba? ¿Quién ha logrado que la sociedad hoy logre distinguir una fuerza de izquierda (radical) que supera al oficialismo y que se sitúa más allá del PC cubano?

Espero que responda solo una pregunta de las hechas.

Sucede que indagamos sobre la sociedad pero no nos estudiamos a nosotros mismos. Apenas si se tiene pocas ideas del asunto. Los estudios que hemos realizado y publicado han estado signados por esta obsesión. Desde una historia de la izquierda en la revolución en cinco décadas, hasta la disección del sistema de dominación política en este periodo. (Incluyendo un montón de análisis de coyuntura en estos textos.)

Las ciencias sociales en Cuba –salvando las excepciones de siempre– siquiera se han atrevido a tratar los objetos que hemos abordado nosotros: etnología de la vida cotidiana; políticas de memoria, conocimiento e identidad; estudios subalternos sobre el lenguaje y la cultura popular; sociología de la conversión de las desigualdades en diferencias sociales y viceversa; espacios de frontera en la sociedad cubana, etcétera.

¿Quién en Cuba puede hablar del proceso de acumulación de la nueva burguesía o sobre la evolución del mercado negro en las últimas cinco décadas?

Podría decir lo mismo de Dmitri, Karel, Simón, Mario…

Cimarrón en pleno siglo XXI. ¿Alguien se atreve a negar la presencia de Tato Quiñones en las luchas contra el racismo en Cuba al menos en el siglo XXI? Desde luego, este mulato no es el único.

Insisto, no todo lo bueno que ocurre en la Isla se debe a ellos.

Sobre las luchas que ocurren en Cuba todos los días hemos escrito más de una vez. Hablemos de un huracán: Los Aldeanos. Pensemos en decenas de delegados del Poder Popular que están dando la batalla hoy mismo en concejos y asambleas a pesar de tener en contra todos los poderes. Pero, sobre todo, hablo del heroísmo cotidiano de esa diáspora humilde –porque no son los millonarios los que remesan– que dólar a dólar hace una economía para aliviar el dolor de su gente. Preguntemos a los indigentes de La Habana cómo sobreviven. Y los “palestinos” ¿qué? Cuando oigo hablar de estos temas, siento gotas heladas de agua rodar por mi espalda. En verdad, ¿sabe esta gente algo de todo esto? (Empecemos por el fiasco del Vote D que comentamos.) Preguntemos a éstos: ¿Cuál será el modelo de democracia que logre integrar al 70% de los habaneros que dedican todo su tiempo a hacer trámites legales o buscar qué comer? Efectivamente, la política es para ellos cosa de los políticos. Insisto, ¿cuál será el modelo de democracia que los interesará por la cosa pública?[5]

Entiendo que con tantas autoestimas dañadas, y vistas las cosas desde la academia, –para hablar claro: con tanta sed de importancia personal y ganas de escalar que hay en Cuba– sean hechas lecturas tan ligeras. Pero no esperaba que hiciera esto Chaguaceda: por lo tanto que hemos lidiado juntos y por sus amplios estudios en la materia. Pero bien, me ocupo en precisar el sentido y alcance de mis palabras.

Cuando los radicales de izquierda en Cuba emergen en el escenario político las demás fuerzas del espectro se ven obligadas a rehacer, precisar o ajustar sus agendas. Los radicales no son responsables de esos desarrollos. Pero sí de aquel estirón a la izquierda de que hablé antes. Debemos de rehacer el itinerario de esta izquierda. (Sobre todo si se tiene en cuenta el paso de aquéllos por centros de investigación y de estudios en esta capital y en la década del 2000.) Nadie se atreve a negar el impacto de Temas y de Espacio Laical en los debates de ideas. (Incluso el debate al interior de la Iglesia Católica entre esta última revista y Palabra Nueva.) Participamos de manera indirecta en estos procesos. Pero el influjo se nota. Seguimos trazas del proceso en algunas instituciones culturales del país que retoman las propuestas del OC y las convierten en audaces e inteligentes proyectos ahora en sus manos. Gracias a dios el OC no es tanto. Solo ha ayudado a crecer o ha catalizado a otras fuerzas.

Lástima de que no exista un diálogo en democracia que haga más fluida esta relación.

Y al final, ¿qué decir?

Distorsionar el sentido y alcance de mis palabras dice más del exégeta que de mí mismo.

Santa Fe, Playa, La Habana: 22 de noviembre de 2012. E-mail: ramon0260
NOTAS
[1] Confieso haber estado muy ocupado. En este último mes, además, envié un ensayo a concurso que trata el tema de la democracia y que podré publicar en breve. Espero en verdad no obtener un premio en este evento. Apenas si mido la temperatura del campo intelectual en el país. Esto nos va a distinguir de otros en Cuba. Practicamos una ética al respecto: 1) Evitamos ser enredamos en negociaciones ridículas con partidos, academias o doctrinas, y 2) Nada de hacer un currículo para después trepar las pirámides del saber: canijo, mañoso y estéril. ¡Somos seres libres! Aunque nos falte qué comer. (Porque hasta el tener un empleo nos está negado.) La censura nos condena al ostracismo por patear el balón saltando las “reglas del juego” que otros aceptan. Gracias a ello Cuba es más libre. Entonces el poder es más tolerante con las luchas de estos demócratas por lograr se respete el derecho al café con leche.
[2] En verdad, no hallo de dónde pudo sacar Chaguaceda todo esto del “estado real, promedio”, “la opinión pública y la cultura política” nacional. Sugiero que indague con Marlene Azor, que algo debió ella aprender en Francia con Bourdieu sobre estos temas.
[3] Todavía está pendiente una definición de las piezas que integran la ecuación: consenso, proyecto y disciplina. Pero esto forma parte de la construcción del modelo en cuestión.
[4] La crítica en contra de la democracia burguesa que hizo Pedro Campos en esta oportunidad no dejó lugar a dudas.
[5] Alguien hizo una pregunta a Mario Castillo –miembro del panel organizado por la revista Espacio Laical– sobre el pluripartidismo en Cuba, y éste contestó: “Imagínese usted, si con un solo partido tenemos tantos problemas…”