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Por Erasmo Calzadilla

De izquierda a derecha Yusimí Rodríguez, Erasmo Calzadilla, Isbel Díaz, e Irina Echarry, durante una acción ecologista en el Reparto Eléctrico

Ayer domingo fueron las elecciones y una vez más decidí no ejercer mi derecho al voto; no quiero apoyar el circo que ha montado el régimen para legitimarse.

Pero tampoco firmé el “Llamado urgente por una Cuba mejor y posible”, que corre a cargo del grupo Concordia. En este post quisiera explicar por qué.

El problema (para mí) no es, ni mucho menos, que se trate de un documento democrático liberal. Elecciones, democracia, división de poderes y el resto de los componentes que integran la murumba liberal me parecen grandiosos, y cuento con ellos para refrenar el siempre latente totalitarismo.

No tengo alergia alguna a la representatividad; si en la práctica se cumple lo que el nombre dice bienvenida sea. ¿Socialdemocracia? Tal vez el menor de los males posibles si estuviéramos en la Europa occidental de unas décadas atrás.

El problema es que todas esas bellezas precisan, para no ser mero maquillaje, de cierta equidad económica entre los actores que van a participar en el “juego”; pero la equidad era un hueso y se la llevó un perro en la boca.

Desde mi modesto punto de vista la inequidad global y la cercanía de los EE.UU. atentan terriblemente contra la posibilidad de construir, en la Cuba de hoy, país pobre y sin tradición civil, una democracia liberal.

En la inmensa mayoría de las naciones que nos rodean existe democracia, pero casi todas presentan problemas sociales mucho más graves que los nuestros. Repito, yo no apoyo la dictadura y desearía su desaparición ya mismo, pero no quisiera la llegada de un sistema que de seguro traerá prosperidad económica para los bien ubicados, pero males sin nombre para buena parte de la gente.

En nuestro entorno el desastre de la “democracia liberal” es evidente: violencia a un nivel que acá no se conoce, la droga convertida en un conflicto social, prostitución y trabajo infantil, seria crisis del sistema de salud público, desplazamiento de los pequeños propietarios por las empresas transnacionales y un largo etc.

Todo eso en naciones donde hay libertad de asociación, pluripartidismo, prensa libre etc.

Entonces, queridos amiguitos, estoy como el burro de Buridan: ni para un lado ni para el otro. Pero como no quiero correr la misma suerte que el animalito de la fábula, apuesto a una tercera vía.

No la de Anthony Blair sino la del trabajo de hormiga, desde abajo, por despertar en nuestros hermanos, amigos, compañeros, socios, consortes, enemigos etc. el deseo de ser libre en el más amplio (aunque modesto) sentido de la palabra. Preferiría concentrar mis energías en participar en la creación de una alternativa diferente.

De todas formas voy a seguir pensando en el asunto, puede que en un futuro cambie de idea. Me consuela pensar que mi decisión no tiene demasiada importancia, es el pueblo en su conjunto quien debe escoger o crear su futuro. No sé si mediante elecciones democráticas u otra vía. ¿?

Publicado en Havana Times