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Por Ramón García Guerra

SUMARIO

La crítica que recibió mi artículo La causa libertaria en Cuba, hace que precise mi análisis al respecto de la política de UNIDAD –o frentista– que animan los socialistas democráticos en Cuba ante un enemigo en común. (¿Estatismo o castrismo?) Empezaré por quitar de en medio la hojarasca. Discreparé con la socióloga Marlene Azor Hernández en puntos específicos y trataré de dialogar con un libertario de mil batallas: Octavio Alberola. Después me ocupo de identificar los desafíos de los socialistas en Cuba de frente a la transición.

DIATRIBAS (ACASO) ERRÁTICAS.

Deficiente el artículo dada “la ausencia de posibilidad de que la voluntad popular no sea en la dirección de [la] plataforma” que ofrece el mismo.

1. Epistémicamente, usted sufre de empacho libresco en tal caso –fruto de leídas de última hora–. Indigestión que hace evidente en su crítica a mi artículo. [Cuando tan magras lecturas hayan llegado al giro decolonial –sic. Ramón Grosfoguel y otros– (dado en las academias del NORTE), entonces, podré hablaros de Nicolás Guillén Landrián y Sara Gómez –o acaso de subalternistas y poscoloniales auténticos, como: Martí, Mariátegui o Fanon–.] Desde luego, hallo correcta la observación de Octavio Alberola en este punto. Precisando, usted debió de consultar el gráfico que había insertado en el artículo. Las fuerzas que alientan dicha “plataforma” se deducen de las bases sociales que sostienen la causa libertaria en Cuba. Entonces no será difícil dar cuentas de que –con las viseras– hablo desde adentro y desde abajo con el pueblo cubano.

“Y como estrategia política discursiva no me parece feliz definirse a partir de criticar al hermano ideológico más cercano”.

2.   Empecé así mi artículo: “Este estudio no personaliza el objeto de crítica”. Usted hace tal cosa ahora. [Debería de revisar los artículos de su autoría en relación con las críticas a nuestros “hermanos ideológicos” hechas en estas páginas (Observatorio Crítico).] ¿Acaso me ha medido con su vara? Sugiero mirar todo desde otro ángulo. Precisamente, la fuerza de la izquierda está en debatir sus diferencias en público sin miedo a errar y rectificar. ¡Quién dijo que le hacemos el juego al enemigo al debatir las diferencias en público! Cuando recién se había alfabetizado este pueblo, abrirá el Che Guevara un debate sobre la vigencia de la ley del valor en la transición al socialismo, entre otras cosas, porque hacer la revolución no es tarea de elegidos sino drama de multitudes. Nada en los salones sino en las calles. Porque a todos compete hacer la sociedad.

“Me ha parecido que el socialismo democrático ha sido entendido en este trabajo como el adversario más “dañino” del liberalismo y esa visión es profundamente distorsionada, sencillamente por no ser ácrata”.

3.   La crítica de Azor reduce al absurdo mi artículo. ¿Dónde está la causa que motiva mi crítica? ¿Por qué trazar la línea entre socialdemócratas y libertarios en vez de hablar de UNIDAD? ¿Dónde está el peligro en todo esto? “Enfrentados a una creciente resistencia popular –advertía en el artículo– los liberales perderían terreno ante el [socialismo] de Estado que se fortalecería en el maridaje del Estado-nación con el capital transnacional”. Entonces, la crítica que hacemos a los socialistas democráticos está fundada en una previsión que se confirma en la realidad. Lo que hace mucho daño a la izquierda es esa visión maniquea que adopta la crítica: donde los buenos siempre tienen la razón y la razón siempre está de su parte. (Visión esta que emplea sin dudar al hablar del Che Guevara o al meter a José Stalin en el potaje.)

“De este razonamiento se desprende la negación de la democracia, porque crea problemas mayores, entonces ¿el autoritarismo y un partido único es superior? o ¿cuál es el contenido de la libertad política para Ramón?…”

4.   Demasiado sería pedirle a la Azor que se detenga a hacer una lectura mesurada del artículo –o realice un análisis ponderado del mismo– mientras se ocupa en criticarlo. Colocar mi nombre en cualquier buscador de internet sería excesivo. Pediríamos, si acaso, que atienda lo discutido en mis artículos objeto de la polémica. ¡Dónde coño se hallará una defensa mía al autoritarismo en dichos textos! Sobre la libertad política, en cambio, adelanto unas líneas contenidas en un ensayo en concurso que no debo revelar.

Los derechos civiles y políticos que fueron dados históricamente en la transición hacia el socialismo no se han realizado en países que, ubicados en la división internacional del trabajo en lugar del primer mundo, tengan una posición que les permita darse estados políticos más amables. […] El dilema más delicado al respecto se refiere al altísimo grado de contingencia que sufren los cuerpos políticos de estas naciones. La reacción en estos procesos de transición hacia el socialismo ha sido de tipo defensiva: instituir estados policiales. Cuando no ha podido ser esta la solución, entonces, asoma la oreja peluda del liberalismo burgués a través de políticas selectivas que hacen del estatuto ciudadano una triste y amarga falacia.

Las luchas por mantener el control político del proceso han motivado la articulación de sistemas de dominación clasistas –como aquel instituido por los obreristas en las décadas de 1970-1980–. Dictaduras que han reducido el margen de maniobra de los regímenes nacidos de estas experiencias de transición al socialismo. Estamos por una disciplina del proceso sin entes soberanos.

“Privilegiar la oralidad popular por encima de la escritura-poder nos lleva a una nueva dictadura de una minoría en contra de la mayoría”.

5.   La relación entre oralidad-pueblo y escritura-poder había sido tratada por Martin Lienhard en su libro: La voz y su huella (Premio Casa de las Américas, 1989) y más recientemente por Adolfo Colombres en su libro: Celebración del lenguaje. Hacia una teoría intercultural de la literatura (Ediciones Arcos, 2009). Después de estos textos se puede leer cualquier cosa si aquellos son tomados como clásicos en la materia. Imagino que estos textos nuestroamericanos son cosa extraña para la Azor. En un libro mío: Escritura y oralidad. Las clases sociales en Cuba (1959-2001), abordo la relación entre ambas dimensiones del lenguaje en medio del proceso cubano. Infinidad de temas son tratados en aquel libro: espacios de diálogo, procesos antropofágico-culturales, prácticas escritorales… Ganaría en mucho la Azor con una lectura de estos textos.

Inferimos que “Ramón se retrotrae a la tercera internacional como el paradigma de su pensamiento. Y retrotraerse a ella es levantar la dictadura de nuevo como forma de gobierno”.

6.   ¿Acaso por ser partidaria la Azor de la segunda Internacional estoy obligado a militar en la tercera? Dentro de mi esquema son éstas extremos de lo mismo. Tampoco veo posible un rescate de la primera Internacional en donde los libertarios habían logrado mayor espacio. Preferimos dialogar, dentro de la tradición marxista, con cuerpos de pensamiento más afines: Rosa Luxemburgo o Anton Pannekoek, por ejemplo. Trazamos hilos de pólvora, incluso, entre aquéllos y nosotros. Pero cierto rechazo al enfoque reduccionista del conflicto clasista por una parte, o el cambio de contexto en que ocurren estas luchas sociales por otra parte, hace que optemos por crear alternativas de cara a realidades y no a ideologías. Entiéndase cuán difícil es mantener un diálogo constructivo dentro de la Red Observatorio Crítico con tantos dogmas a cuesta.

“Ramón le cambia el nombre al sujeto de la revolución, pero peca igualmente de todas las abstracciones que se la han atribuido al Obrero y al Campesino, categorías propias del marxismo de los años 60…”

7.   Estimada socióloga ¿europea?, sujeto político popular es una categoría que elaboró el pensamiento de la liberación en América Latina. (Empezando por el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda.) Categoría con historia. La misma no fue traída por los subalterinistas y poscoloniales al “estudio científico” de la sociedad. En el texto que critica he dicho: “Diferente sería contrastar el discurso oficial (constitucional) con las luchas populares en cinco décadas. [Identificable en el audiovisual.]” Entonces, admita: mi análisis se haya apegado a unas realidades que el suyo oculta en su crítica. ¿Quién es el sujeto de la revolución según el discurso oficial? ¿Acaso el sujeto amorfo de los populistas (pueblo cubano) o el sujeto elegido de los obreristas (clase obrera)? El debate que motivó Carlos Vilas al respecto no logró adelantar un paso en Cuba.

BALANCES REGRESIVOS.

Dialéctica de la derecha (o caída libre).

Las reformas han ido corriendo la lógica del sistema. El poder real de los tecnócratas es cada vez mayor. Vemos un centro de poder que se inclina a la derecha. ¿Cómo se explica tal cosa? Sucede que la política de apertura al capital transnacional que adopta el gobierno hace que el estamento gerencial sea más fuerte, y con él los neocapitalistas: que hayan el respaldo de la nueva clase y el capital foráneo. Performance que siguen los académicos. Vamos pendiente abajo. (Fáltanos muy poco para que entre en escena un Chubáis.) ¿Cuestión de sentido común? Correcto. Estamos ante un sentido común que aconseja un retorno al pasado. [Quizá solo un tiempo antes de 1968.] En este contexto de caída la relación entre tecnócratas, estamento gerencial y nueva clase resulta casi directa. El final de esta historia se sabe: serán las bodas del Estado con el capital. (¿Amigo?). Política que daría al ancie regime un tiempo de gracia.

Izquierda, unida… ¡jamás será vencida!

Los radicales de izquierda han estirado el espectro político y la clase dirigente se ha quedado al centro. Aquéllos que reniegan desde el estamento burocrático frente al régimen estatista-autoritario y tienden hacia la izquierda, califican de hiperbólico o temerario el discurso de los radicales. Entonces hallan en el socialismo democrático una estación de destino. La lucha en contra del Estado que nos conduce al abismo ha llevado a los socialdemócratas a sellar alianzas con la derecha sin hacer distinción entre el fondo emocional del disenso y el juego político –este último– que se articula a partir de aquel malestar popular. Echan agua al molino de la reacción esta política de alianzas con la derecha, sin duda, hunden a la causa libertaria en el cieno burgués. La sociedad abierta y libertaria por la que luchamos está condenada al fracaso. La política de alianza de los socialistas democráticos nos hará regresar a la sociedad cerrada de partida.

AGENTE DEL CAMBIO.

La cota de verdad en el otro.

Las luchas por la democracia que echan adelante hoy los socialistas democráticos sólo se reducen a una redistribución de las cuotas de poder en la sociedad. [Imaginemos por un segundo el escenario que resultaría si este sector de la izquierda lograse hacer efectivo su proyecto.] Desde luego, esto significa un cambio sustancial con respecto al calamitoso estado de cosas existente en Cuba hoy mismo. Precisamente, sería esta la estrategia que siguieran los líderes de la revolución en la década de 1960. Política que devino en la fundación de un partido leninista y que abrirá las puertas a la radicalización de la revolución (extremista), como parte del proceso de reapropiación de los contenidos más populares del proyecto populista más radical (ortodoxo). [Característica que identificó a ambas etapas históricas dentro de aquel período (1959-1971).] Conocemos esa historia. La lucha por una redistribución del poder a favor de las clases populares acabó en el secuestro de aquél por élites políticas.

Las críticas que hacemos los radicales de izquierda pueden ser calificadas de desmedidas por los ortodoxos y claro que tendría esa objeción una cuota de verdad. Desde finales de la década de 1940 un proceso de proletarización iba adelante hasta cerrarse con la Ofensiva de 1968. La realidad se orientaba en esa dirección y nada contradecía lo que parecía obvio: La creación de un Estado fuerte que respondiera con un proyecto de desarrollo ante las demandas de un hombre colectivo que ahora emergía en la política.

La memoria histórica y colectiva de la sociedad es recurrente ante la situación de precariedad que sufre la misma. Entonces se regresa a aquel momento en que pudo funcionar todo más o menos bien. [Los años ´80s para unos y para otros los años ´60s.] Y lo que distingue a esas etapas del proceso sería la pluralidad en tanto régimen de la propiedad, estructura clasista y diversidad cultural en el conjunto de aquélla. En verdad se trata de la densidad social que ha perdido la sociedad y que presiona por recuperar dicha pluralidad. Lo cual sucede al cerrarse el ciclo histórico de una sociedad que ve reducida su capacidad antropofágico-cultural: que además le permite superarse así misma. [El dilema que significa la condición adjetivada del consumo ante la producción de bienes y servicios es la mejor muestra.] Pero el rescate de esa pluralidad –es decir, devolver la densidad social perdida a la sociedad– no obliga a replicar la experiencia de las décadas de 1960-1990.

“Claro que falta por saber si todos los libertarios se identifican con la crítica que hace Ramón del “socialismo democrático”, y, sobre todo, si haciendo esa crítica (para marcar las diferencias) se potencia el futuro del socialismo libertario”.

Precisamente en este punto es donde los socialdemócratas y los libertarios hacen un parteaguas que divide las fuerzas entre los socialistas libertarios que son partidarios de seguir adelante hacia una economía solidaria y los socialistas democráticos que hayan suficiente una economía mixta de carácter socialista. La carencia de experiencias vitales que resultan de la heteronomía que padece la sociedad hace más complicada esta situación. Los radicales de izquierda han impuesto un equilibrio dinámico: que intenta superar el marasmo (subdesarrollo) en la economía, así como busca las alternativas que reduzcan la anomia (alienación) de la sociedad. Los socialistas democráticos, en cambio, coinciden en la superación del marasmo –con el empleo de formas diferentes de ordenar la economía que abren mayor espacio al mercado–; mientras se empeñan en encontrar los balances (democráticos) que aseguren la convivencia de sectores diversos en la sociedad. En este segundo punto se hallan las diferencias entre ambas fuerzas.

Desafíos de los socialistas.

La adopción de una visión de conjunto sobre el espectro político de la sociedad nos asegura una estrategia global que facilite la transición. Constatamos que entre estas fuerzas existe un espacio de concertación que no siempre ha sido empleado de modo consciente. En tal sentido la cuestión se refiere a cómo obtener la mayor complementariedad posible en la puesta en práctica de ambos proyectos de nueva sociedad. Sugerimos una política concertada basada en objetivos:

  • a)   Establecer cierto balance de poder que resulte favorable a las fuerzas de izquierda.
  • b)   Complementar la sociedad democrática con lógicas y contenidos en sentido libertario.
  • c)   Defender una economía con formas de regulación que estén fundadas en la comunidad.

Constituiría este un espacio de convergencia que articularía a las fuerzas de izquierdas. Entendemos, sin embargo, que los desafíos de la socialdemocracia en Cuba son complejos. Pudieran ser definidos de esta manera:

  • a)   Reducir la confusión que produce el colapso del régimen.
  • b)   Integrar a los que desertan del oficialismo y optan por militar a la izquierda.
  • c)   Canalizar el disenso popular en contra del estatismo.

Discutir estos desafíos nos desborda. Corresponde a los militantes de estas fuerzas políticas pactar aquel espacio de convergencia que hemos sugerido de inicio, así como que lleguen los socialistas democráticos a asumir y solucionar las problemáticas que suponen tales desafíos. Esta sería la alternativa que ofrecen los libertarios ante la política de alianzas que los socialdemócratas han adoptado en relación con la derecha.

Políticas, estrategias y tácticas.

Estamos en contra de la realpolitik en tanto política de Estado. La relación entre ética y política se fractura bajo la realpolitik y esto hace que esta última siga siendo una fuente de legitimación de las asimetrías de poder entre los actores sociales. La libertad acaba entonces en mosca atrapada en la telaraña. Entonces la ruptura con estas asimetrías no se resolverá con un régimen justiciero que instaura un balance de poder basado en la realpolitik. Cambiando la manera de hacer política se asegura la libertad. Explica esto nuestro rechazo a la política de alianzas con la derecha. Los cálculos que justifican a esta última (relación costo-beneficio) niegan los presupuestos ético-morales que argumentan las luchas sociales por la libertad. Pensamos que termina siendo un contrasentido luchar contra la alienación con métodos autoritarios. ¿Cuándo la realpolitik es correcta? Correcta, sí… Cuando se busca una redistribución de las cuotas de poder. Pero los libertarios, en cambio, luchamos contra la alienación.

“Creo que lo que le preocupa a Ramón es que, al aceptar tal “unidad” con “otras fuerzas políticas no socialistas”, los libertarios dejen de defender sus propias “metas”. De ahí su insistencia en “marcar las diferencias”.

La lucha en contra de la alienación nos obliga a definir, inevitablemente, los campos en la batalla por la libertad. Entonces la acción política se hace consciente de su ámbito y eficacia. Pongamos un ejemplo: Entender el cambio político de la sociedad en tanto campo de luchas. En tal sentido, las luchas por vencer la política de terror del Estado trae como resultado que el pueblo logre recuperar la confianza en sí mismo y esto, asimismo, abrirá puertas a la traducción de las autonomías en autogestión social: condición esta última que facilitaría una democratización de economía y el control popular sobre la misma. Pero el cambio político no sería sostenible sin un cambio cultural radical. Asimismo, ni el cambio político ni el cultural serían eficaces sin una mutación en el mundo de vida popular –según lo entiende Dmitri Prieto–. La vida cotidiana en Cuba, por tanto, resulta un campo de luchas. La política de fomento de la creatividad popular en la vida cotidiana se enfrenta a la política de desustanciación del cotidiano que sigue el Estado.

Este es el sentido y alcance que damos a la lucha por una nueva sociedad. Soñamos con un mundo en donde las gentes acaben por hacer la vida que desean hacer y no aquella que otros se empeñan en que hagan ellas mismas. Dejaríamos de ser hojas lanzadas al viento.

Santa Fe, La Habana, Cuba: 16 de octubre de 2012.
E-mail: ramon0260@gmail.com