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Por Rogelio Manuel Díaz Moreno

El pasado viernes 21 de septiembre, la sección semanal Cartas a la Dirección, del diario Granma, publicaba una misiva que muchos encontramos inquietante. Firmaba la carta un tal N. Páez del Amo, quien planteó la posibilidad de que el Estado cubano retire un número de subsidios que hasta ahora disfrutan los niños y jóvenes en las etapas escolares.

La nacionalización de la totalidad del sistema educativo es presentada como una de las conquistas de la Revolución después de su triunfo en 1959. Hasta entonces, la gran mayoría de los cubanos no podían completar niveles educativos avanzados por el alto costo que implicaban. Las nuevas concepciones implicaron la total gratuidad de toda la formación educativa, desde las guarderías hasta los estudios universitarios; el préstamo anual, sin costo, de la bibliografía necesaria para cada año lectivo; la entrega gratuita de cuadernos, libretas y materiales complementarios; almuerzos, meriendas y comidas en los centros de educación que lo requirieran, así como la entrega o venta de uniformes a precios muy subsidiados. Medidas como éstas permitieron avances nunca antes vistos en un país del tercer mundo.

Ante la crisis económica, aplatanada hoy día en nuestro país, todos los sectores socioeconómicos han conocido severos ajustes presupuestarios. El ministerio de educación ha conocido la racionalización de sus plantillas y establecimientos. Páez del Amo, en la misiva que nos preocupa, plantea entonces extender esta política mediante el traslado, al bolsillo de los padres, del precio del mercado de los materiales escolares, uniformes, etc., que se emplean en las distintas etapas.

Las semanas siguientes vieron aparecer, en la misma sección, respuestas indignadas de ciudadanos en total desacuerdo con las propuestas de Páez. Los discrepantes señalan que así se perjudicaría profundamente las posibilidades de las personas de insuficientes ingresos la mayoría de los cubanos de acceder, en plenitud de condiciones, a las oportunidades que permite la educación hasta sus máximos niveles. Ayer viernes 12 de octubre regresó Páez del Amo a la palestra para repetir los argumentos por los que cree conveniente su propuesta, díganse la economía para el Estado; la creación de una mayor conciencia sobre el valor y el cuidado a los materiales escolares, etc. También comenta que su propuesta debe venir acompañada del aumento correspondiente de los salarios de los trabajadores para que puedan enfrentar el incremento de los gastos. Aquellas personas que no puedan alcanzar la capacidad adquisitiva necesaria podrían ser objeto de un subsidio excepcional, añade.

La mayoría de los simples mortales no tenemos idea de cómo funcionan los entresijos de la sección Cartas a la dirección, los criterios de selección de aquellas que aparecen publicadas, ni siquiera si son reales las personas que allí se exponen. Sin embargo, tenemos la amarga experiencia de que, cada vez que en los medios oficiales comienza una especie de debate alrededor de estos temas, no pasa mucho tiempo sin que el Gobierno termina por implementar la variante más perjudicial para Liborio. Así ha ocurrido con la reducción de una sustancial parte de la cuota de alimentos normados y subsidiados mediante el sistema de racionamiento, conocido como la libreta de abastecimiento; el acceso y apoyo a actividades artísticas y deportivas, entre otras. Ah, y nunca vemos llegar la parte de los subsidios personalizados ni aumentar nuestros menguados ingresos.

Grandes ausentes en la polémica y nuestra posición

En Cuba existen varias asociaciones que tienen teóricamente la tarea de representar los intereses de los estudiantes en las distintas etapas. Ni en la sección Cartas…, ni en el resto del diario Granma o sus similares, ni en los medios propios de estas organizaciones hemos visto aparecer ningún pronunciamiento al respecto. Esta actitud nos resulta contrastante con las de otras agrupaciones de estudiantes en otros países, las que parecen un poco más activas en la defensa de los intereses de sus miembros, según reflejan las noticias que sí podemos leer en la prensa nacional de aquí.

No conocemos del pronunciamiento de ninguna figura oficial del gobierno en este punto en particular. Puede deberse a desinformación de este humilde servidor. Por supuesto, ya no confiaríamos del todo en que una figura ministerial, ni otra de mayor rango, que aparezca y prometa que el apoyo comprometido por el gobierno a la educación se va a mantener, con subsidios y todo lo demás. Promesas parecidas se hicieron, que luego no resistieron la cruda realidad con despidos masivos de trabajadores y racionalizaciones de centros de educación y salud, como ha reconocido el gobierno. No obstante, se reconocería el gesto, que reflejaría un poquito de esa conciencia que exigimos, de los gobernantes, de deberse al pueblo e informarle de su gestión.

Finalmente, nuestra crónica desconexión de Internet nos impide buscar en los blogs oficialistas, a ver si se han hecho eco de estas preocupaciones, y ver de qué lado se ponen.

A este servidor le preocupa que el debate, reflejado en la sección del Granma, sea el preludio de la implementación de recetas neoliberales y capitalistas en nuestro sistema educativo. Mi padre es hijo de una familia campesina humildísima, de aquellas donde las personas morían, antes de 1959, a causa de enfermedades triviales, por no poder pagar un médico. Ni hablar entonces de formación educativa, cuando sus padres mis abuelos cubrieron apenas niveles elementales de enseñanza. Sin embargo, el triunfo de la Revolución le abrió a mi padre las puertas del progreso y obtuvo un brillante título de ingeniero, gracias a las preocupaciones sociales abordadas y resueltas por el intento de construcción socialista llevado a cabo. En estos años, millones de cubanos han alcanzado asimismo una formación profesional avanzada, puesta luego al servicio de la sociedad, pero no hubieran podido llegar a ese punto sin la solidaridad que practica justamente esa sociedad, que aporta las riquezas necesarias para garantizarle, a todos, todas las condiciones para sus estudios.

De tal forma, haré uso de este y todos los medios que se pongan a mi alcance, para denunciar con la mayor energía que sea capaz, aquellas intenciones que contemplo de negar los valores más profundos de nuestra sociedad que aspira a construir el socialismo. En lo que mi esposa llama al ministerio de educación para averiguar si tenemos que empezar a ahorrar para, de aquí a dos años, comprarle los libros de primaria a Rogelito, intentaré contribuir al trabajo de muchas personas de buena voluntad, que permita asegurar que esos valores no serán revertidos como en el tiempo de mis abuelos.

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