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Por Ramón García Guerra

Dedicado al Che Guevara
Ramón García Guerra

Ramón García Guerra

Comentario: Este estudio no personaliza el objeto de crítica. Entienda el lector esta crítica como un posicionamiento de frente a una corriente de pensamiento que busca la reconciliación de la nación (por arriba) y que estaría abriéndose paso a marcha forzada. [Pensamiento de corte socialdemócrata.] Proceso este que facilita la convergencia de actores políticos diversos bajo la confusión que produce la situación de des-gobierno que en la actualidad afecta a los cubanos.

PARTIDARIOS DE LA CONCILIACIÓN

Las luchas de los libertarios han estirado el espectro político hacia la izquierda. Mientras tanto, éstos han ido tomando mayor distancia del centrismo que adopta el gobierno y, finalmente, han abierto un espacio que se ensancha a favor de una socialdemocracia que crece a saltos y cada vez resulta más compleja. La situación de des-gobierno que afecta a la sociedad, así como el avance acelerado de esta fuerza política, podría hoy explicar los excesos de los partidarios del socialismo democrático que ahora discutimos en este artículo. No obstante, nos parece un deber el deslindar la causa libertaria de la ideología, el programa y la militancia de este sector de la izquierda dentro del espectro político de nuestra sociedad. En verdad no se intenta aquí una oposición ante estos compañeros sino de marcar la diferencia para evitar la confusión entre las luchas por un socialismo democrático –que sólo nos llevaría a una redistribución del poder sin modificar la alienación de fondo– y aquella por un proyecto más radical: socialista libertario.

¿Cuáles son nuestras objeciones al respecto?

  1. Sospecho de todos aquellos que hablan de concordia, paz, diálogo, mediación etc. en medio de un contexto de lucha de clases que se agudiza en la Isla. Entendamos que la lucha política en Cuba es entre opresores y oprimidos y no, como lo entienden las élites: entre estatistas, autogestionarios y liberales, o entre autoritarios, demócratas y libertarios. Precisamente, donde la autogestión sólo serviría para reproducir el régimen de explotación que padece la nación y la democracia, sin falta, para justificar un sistema de dominación clasista en contra del pueblo. ¿Cambiamos el actual “silencio de los corderos” por un futuro de “lucecitas montadas para escena”?
  2. Absurdo es reducir la “reconciliación” a un hacer las paces. (Entre élites, claro está.) Tendría aún menos sentido el concebir ese proceso como un dilema por resolver al interior del pueblo. ¡Quien hoy debe de reconciliarse es el Estado con la sociedad! (Somos en tal caso los rehenes de un Estado mandamás del cual debemos de esperar nos permita hacer nuestras vidas.) Para estos señores el pueblo es acéfalo. [La deuda externa de Cuba es de ellos, no del pueblo. Y no basta con ella. Insisten en hipotecar el futuro. Firman ellos convenios sin consultar al pueblo. Aclaro a todas las partes que los débitos de este des-gobierno no serán saldados en el futuro.]
  3. Insistimos en decir, que el proceso de democratización de la sociedad no resultará en pacificación de aquélla sino en abrupta multiplicación de los espacios de luchas sociales. [Espacios que pueden ser monopolizados por grupos de poder. Intentos que se inician con la búsqueda de cierta reconciliación entre las élites políticas de una sociedad.] Pongamos un ejemplo. Frente al régimen autoritario en Cuba los socialdemócratas hacen énfasis en la libertad de expresión. Correcto. Pero nos omiten (u ocultan) algo: La política de equilibrios que sugieren daría ventajas a los opresores (escritura-poder) y pondría en desventaja a los oprimidos (oralidad-pueblo).
  4. La política de confrontación clasista no pertenece a la tradición socialista libertaria sino a los comunistas de la III Internacional: satélite del imperio soviético. La lucha en contra de la opresión, la alienación y la exclusión no debe hacernos regresar a la II Internacional: ¡no hace falta otro Kaustkin a esta hora en Cuba! Desconocer el papel de los conflictos clasistas en el proceso histórico de las sociedades modernas, –mientras se dicen ser marxistas– enreda a estos compañeros en una contradicción en los términos. Entendible en una sociedad como la nuestra en donde la transferencia (fuga) entre el estalinismo y el populismo es la única posible.
  5. ¿Acaso será el socialismo un régimen que –como sucedió con el capitalismo según la vulgata– nacerá en las entrañas del ancie regime? Sucede que, apegados a la historia, decimos: dicho proceso no ocurrió de esa manera. La sociedad capitalista fue articulada con aquellos elementos espurios del régimen feudal, precisamente, cuando este régimen era víctima de su implosión. [La historia nos muestra que la burguesía forjó al capitalismo de forma consciente.] La ruptura con el capitalismo será un acto consciente de masas y no el resultado de la “competencia” entre dos sistemas. Entonces un cambio cultural radical hará ineficaz la ley del valor.
  6. El sujeto de la revolución no sería el trabajador libre asociado que se hallaría al final del proceso. (Porque a falta de éste otro hará su tarea.) Ciertamente será el sujeto político popular el artífice del cambio. “Proceso de apropiación por el hombre –según Marx– de su verdadera condición humana”. Instituir otras relaciones de producción (cooperativo-autogestionaria) no cambiará de modo automático la ‘superestructura’ política (participativo-democrática) de la sociedad. Convierten una abstracción en realidad. Diferente sería contrastar el discurso oficial (constitucional) con las luchas populares en cinco décadas. [Identificable en el audiovisual.]
  7. Los críticos socialdemócratas de la revolución sitúan el momento de extravío (regresivo) del proceso allí donde supuestamente se renunció a la democratización de la sociedad (¿1965?) y no, según nuestra opinión, justo cuando fuera adoptado el modelo soviético (años ´70s). [Durante la década de 1960 fue articulado un modelo de democracia popular con todas las imperfecciones que el ajuste inconcluso de cuentas con el populismo nos dejó de saldo.] La causa de la Libertad no se extravió en los ´60s. “Mentirota de niño asustado” –habría dicho Roque Dalton– que nos hicieron creer los obreristas al calificar de etapa preinstitucional a ese período histórico.
  8. Los críticos aseguran que el dilema de la revolución se reduce al voluntarismo que han practicado sus líderes políticos. Esta es la mitad de la verdad. Pero fallan en su apuesta de futuro. En otro artículo decía: “Aquellas formas de ‘autogestión’ que apuestan por el libre juego de un montón de Pymes, todas iguales, –que regidas por las leyes del mercado nos deben de conducir al reino de la libertad– no hacen más que ahondar la fractura de la sociedad”. [La dialéctica del límite –según Paulo Freire– nos advierte del voluntarismo y la espontaneidad que condena al fracaso.] Estamos, en tal sentido, por la disciplina del proceso y en contra de entes soberanos.

La línea del horizonte en estos compañeros es más breve. Denunciamos en otro artículo ese “realismo” poco realista que conduce a un recorte del proyecto de nueva sociedad. La frontera que marca la diferencia entre libertarios y socialdemócratas en Cuba es política, epistémica y ético-moral: hablamos de la opción por los oprimidos. [“Desde esta atalaya –decíamos– la realidad tiene otro color”.] Ahora bien, para lograr entender mejor a esta fuerza emergente dentro del espectro político de la sociedad cubana, en principio, hemos de superar la retórica y adelantar un análisis sociológico de la misma en relación con la ejecutoria de los radicales de izquierda. (Una fuerza política, esta última, que aparejado a la radicalización de la izquierda, desfloro el frondoso árbol del estatismo-autoritario para propiciar la emergencia de los socialistas democráticos dentro del espectro político de nuestra sociedad.) Entiéndase, en tal sentido, que la crítica libertaria no descalifica a estos compañeros sino que marca la diferencia con dicha fuerza política.

CARTOGRAFÍA DE LA POLÍTICA

Las fuerzas de izquierda en Cuba están siendo afectadas por un proceso de constitución y diferenciación al interior de aquellas –en términos de ideologías, proyectos y militancias– que ha sucedido en la última década. Explicaría esto la corriente socialdemócrata que emerge y que, inevitablemente, marca la diferencia con la neomarxista y la libertaria en varios aspectos. Cuando se estudia el espectro político de la sociedad cubana, (ver gráfico) notamos que la ideología, el proyecto y la militancia de los socialistas democráticos se articulan por contraste con respecto al oficialismo del cual ellos formaron parte en algún momento anterior del proceso. Entonces la alternativa ante el autoritarismo será la democracia; ante el estatismo centralizador se ofrece la participación de masas (trabajadoras), y ante el sistema de partido único, finalmente, presentan una fórmula institucional más pluralista.Estamos ante una izquierda que se distingue de la clásica socialdemocracia europea (por ejemplo), entre otras cosas, porque entre ellos ninguno aún ha renunciado a subvertir el orden capitalista. (Definen así su proyecto.) Y en tal sentido ellos tienen muchísimo que aportar en la superación de la crisis ideológica, programática y orgánica que sufre aquélla a nivel mundial en la actualidad.

La situación de des-gobierno que padecen los cubanos, unido al origen oficialista de estos socialistas, (así como la reciente conversión de éstos en una oposición de izquierda más o menos moderada) nos explica la confusión que refleja su alianza con la oposición de derecha. Cumplida esta última sobre el fundamento de un pluralismo que estaría si acaso buscando ensanchar las bases del movimiento en cuestión en contra de un enemigo en común: para unos, el estatismo, y para otros, el castrismo. Particularmente esto resulta comprensible si se entiende que la economía privada (sector de las Pymes) y la emergente (trabajo por cuenta propia) que respaldan a ambas fuerzas políticas, así como la distancia que frente al sujeto político popular signa a ambas fuerzas de la oposición, conduce al recorte del horizonte del proyecto de nueva sociedad. Las formas de participación que los socialistas democráticos nos ofrecen –autogestión, cooperativas, etcétera– semejan una reacción pendular a partir de una centralización que ahora colapsa y que practicó de siempre el estamento burocrático de cual provienen los mismos.

En tal sentido, las muestras de simpatía que encuentran estos compañeros entre aquel funcionariado que reniegan del sistema de partidocracia y del régimen estatista-autoritario que hoy naufraga, nos advierte de la inminente complejización de esta fuerza política. Proceso este que sucederá a corto o mediano plazos.

Las reformas que echa adelante el gobierno deben de modificar la dinámica y composición del estamento burocrático bajo criterios tecnocráticos de eficiencia y racionalidad, hasta acabar estos siendo afectados más o menos por la política. Evidentemente, yendo pendiente abajo, la lógica del sistema se correrá cada vez más hacia el capital y en algún punto del proceso la causa libertaria puede hundirse en el pasado. [Pronóstico este que se justifica a partir de la evolución de un estamento gerencial que en este contexto iría adquiriendo unas cuotas de poder cada vez mayores.] Los rangos de solvencia con que dotarían los neocapitalistas al régimen estatista-autoritario –que trata de sobrevivir a su fracaso– serían amplios. Enfrentados a una creciente resistencia popular los liberales perderían terreno ante el capitalismo de Estado que se fortalecería con el maridaje del Estado-nación con el capital transnacional.

Este sería el tipo de pronóstico que podría ser deducido de la estrategia de reformas que sigue el gobierno en la actualidad. Previsión que anuncia el fracaso del socialismo. Las luchas de los libertarios son un factor decisivo en los destinos del socialismo en la Isla y la región.

Preguntémonos, ante todo, ¿qué hacer? ¿Emplearnos a fondo en tareas puntuales? ¿Pequeñas luchas que acaban por integrarse en una batalla aún mayor? ¿Replantearnos las reglas del juego? ¿Dibujar las casillas del tablero del juego político que hemos de cumplir? ¿Hacer la revolución hoy mismo? ¿Definir las políticas, estrategias y tácticas a emplear? No sé. ¿Deberíamos de hacerlo al unísono?… Una y otra vez: ¿qué hacer?

Empecemos por reconocer las verdades.

El potencial de transformación de que disponen los libertarios sólo se equiparía con las debilidades que afectan su desempeño en la política. Carecemos de plataformas de participación en política. Pongamos un ejemplo. Las cuotas de autonomía que fueron logradas por la sociedad en las últimas dos décadas en Cuba, así como la elevada solvencia de una economía solidaria que supera a la economía oficial en varios aspectos, esperan ser capitalizadas por la izquierda. Pensemos en la economía de remesas. Los fondos de inversión que podrían ser constituidos a partir de dicha economía, (empleados como fondos fiduciarios) –como un estímulo de la iniciativa comunitaria en las esferas de la producción y los servicios con impacto en el consumo popular– serían un factor correctivo en contra de la mercantilización que nos reconduce hacia la lógica del capitalismo. ¿Cómo serían movilizados estos fondos? ¿Cómo sería administrados los mismos? Esta sería la cuestión que hemos de resolver a corto plazo.

Pero el déficits es mayor. Superar la actual fractura de la sociedad sería una contradicción que los libertarios están obligados en resolver hoy mismo. Sin embargo, según nuestra opinión, el desafío que decidirá el destino de la causa libertaria en Cuba se hallará al interior de esta fuerza política.

Durante la última década hemos sido partícipes de una experiencia singular que anticipa el desenlace de una historia. Decenas de iniciativas y proyectos han estado dialogando dentro del espacio reconocido como Observatorio Crítico de La Habana. Espacio este en donde las culturas emergentes (p.e. Blackhat o El Guardabosque) o grupos excluidos (p.e. Cofradía de la Negritud o Arcoíris) han hallado un motivo para su desarrollo y su integración en un proyecto libertario de nueva sociedad. Los anarquistas cubanos, que han debido rehacer la tradición ácrata en la Isla, –puestos en relación con aquellas otras iniciativas y/o proyectos– han logrado dar a esta corriente de pensamiento libertario una vitalidad que sólo sería comparable con las primeras décadas del siglo XX cubano. La cuestión que decidirá el destino de estas iniciativas y/o proyectos se refiere la presencia, la capacidad de convocatoria y de agencia de cambios que éstos muestren ante la sociedad. Definitivamente, carecemos de plataformas los libertarios.

PLATAFORMAS LIBERTARIAS

Presentamos estas plataformas para debatirlas. Empecemos por decir, que el proceso de construcción de la nueva sociedad debe de concebirse en tres tiempos: a) cambio político, b) emergencia civilizatoria y c) vida cotidiana. Consideremos cada uno de estos tiempos:

Política.

9.   Cancelar la política del miedo. La fractura de la sociedad será el peor enemigo de su liberación. “El miedo que cada uno tiene de todos los demás –según Pierre Bordieu– aísla progresivamente a los individuos y a los grupos más activos en la resistencia a los poderes. La invocación de la necesidad, pesimista o cínica, proporciona un poderoso sistema de defensa contra los llamamientos a la acción”. La estrategia que han cumplido los libertarios ha contribuido en la subversión del orden existente por medio del cambio en la hegemonía que sostiene al régimen. “En otras palabras, las estrategias más eficaces –aclara Bordieu– son las que llevan a la mayoría silenciosa y aterrorizada a descubrir y mostrar su fuerza colectiva a través de acciones relativamente ordinarias y poco arriesgadas…” Finalmente, el efecto simbólico que producen tales acciones acabará afectando tanto al movimiento social como a la clase política.

10.    Traducir las autonomías en autogestión. Cuando la sociedad cubana se enfrentó a situaciones límites ¿cómo reaccionó el pueblo? [Recordemos los años ´60s o ´90s, por ejemplo.] Sinteticemos en tres palabras estas experiencias: diálogo, autogestión y consenso. Las políticas de Estado, en tal sentido, fueron un obstáculo o nada aportaron al respecto. ¿Diálogo abierto con el tercero excluido? ¿Estatización de la socialidad? ¿Facturación del consenso por métodos autoritarios? Desde el pueblo ha venido la solución. [Pensemos en la economía de remesas o el repliegue del socialismo en la década de 1990.] Experiencias que se dieron en la frontera, para luego ser extendidas a toda la sociedad. Los espacios de frontera se multiplican en las últimas dos décadas, dotando de nuevas experiencias sociales a la sociedad. Busquemos los nichos de autogestión. Las ciudades pequeñas son, en tal sentido, los espacios de frontera más adecuados.

11.    Democratizar la economía. Los políticos –asistidos por tecnócratas– nos han embaucado en mil aventuras (industrialistas, modernizantes, desarrollistas) que estamos aún pagando sin haber sido consultados antes en cinco décadas. La política de desarrollo (fallida) que adoptaron en la década de 1970 ha dejado endeudado a los cubanos por tres generaciones sin tener la esperanza de hallar una solución a este dilema. [Elevadísimo es el índice de país-riesgo.] Experiencias que éstos repetirán con China, Venezuela o Brasil en pleno siglo XXI. Insistamos en una idea-fuerza: ¿Qué hacen con nuestro dinero? (Hablo del dinero del pueblo.) Cobertura de salud y educación… ¿gratuita? ¡Pamplinas! Para que un trabajador de la Zona del Mariel –que puede ser elector en esa ciudad– logre estar enterado de qué están haciendo con su plata, deberá vencer nueve filtros administrativos sin antes no acaba en la cárcel. Este es todo un campo de lucha.

Civilización.

12.    Cambiar las formas culturales del capital. Instituirnos implica adoptar otros patrones culturales. [En tal sentido, el poder instituyente de la sociedad ha sido secuestrado por el Estado.] Un cambio en la política es o significaun cambio en la cultura. Porque las formas de imaginarnos la sociedad, de ordenar la misma, de interactuar con la naturaleza, etcétera son procesos culturales. Evitemos que la sociedad quede atrapada en las redes tejidas por ella misma y para ello, toda ella necesita dudar de lo establecido: a riesgo de motivar incertidumbres que induzcan la búsqueda de equilibrios de poder (regresivos) que acaben por detener o hagan naufragar al proceso. ¿Cuáles serían los insumos que nos demanda el proceso de reproducción ampliada de la sociedad cubana hoy mismo? Existe un conflicto no resuelto entre la demanda aplazada de la década de 1990 y los patrones de consumo que se articularon en la década de 1980.

13.    Otorgar a viejas categorías, valores nuevos. La adopción de una política de reconversión tecnológica del aparato productivo por parte del gobierno, –proyecto que se debate entre los criterios de modernización y la carencia de financiamiento para llevarla a término– debería de ser precedida por un trabajo de reconceptualización del modelo de economía que resulte más adecuado al proceso de transformaciones que se intenta echar adelante. Pongamos un ejemplo. El cambio en las instituciones debe de someterse a las posibilidades de los ecosistemas que participan del proceso. [Ejercicio cuyo margen de maniobra es estrecho puesto que nuestra inserción en la economía mundial nos reduce a menos.] Las formas ideológicas que exige el proceso civilizatorio socialista deben de empezar por la resemantización de las viejas categorías sociales que sostenían a de la sociedad anterior. Estrategia esta que afectará al proceso en su conjunto.

Cotidiano.

14.    Empoderar a la comunidad. El derecho a hacer sociedad parte de la determinación de una comunidad de frente a las condiciones que exige el proceso de reproducción de la misma en el tiempo. ¿Quién estará en Cuba interesado en postergar la aprobación de una ley de municipios que ha esperado por dos décadas? La comunidad debe tener el derecho de establecer que dotación y calidad de servicios se ofrece, por ejemplo; así como el decidir sobre las intervenciones del Estado y otras entidades en su vida cotidiana. Para que estas no se conviertan en entes encerrados en sí mismos (heteronomía), –como un despotismo de masas– estos poderes han de mantenerse abiertos a las demandas de la sociedad como una totalidad. Empoderar a la comunidad es dotarla de derechos para decidir sobre su propia existencia. Los ejes de identidad de estos colectivos serán dislocados si el poder de decisión se sitúa fuera de sí mismos.

15.    Producción y reconocimiento de alteridades. El modelo de sociedad que se agotó (socialista igualitario) produjo en su desarrollo las alteridades que más tarde negaría. Contradicción que identifica a toda sociedad moderna y que replica la revolución en cinco décadas. Conocidos son los resultados: multitud de autoestimas dañadas y sentido de pertinencia perdido. [Pensamos que la sociedad que abrirá puertas al proceso etnocultural cubano –dado este último en el contexto de una emergencia civilizatoria en las Américas que, finalmente, conduce hacia la articulación de una macroetnia antes del mediodía del siglo XXI– sería la sociedad alter-activa liberada.] Sociedad que aprende a convivir en la diferencia y hace de esta condición un motivo en el desarrollo de sí misma. La reacción pendular de un socialismo igualitario sería hacia un proceso de individuación de sus miembros que premie el altruismo, la solidaridad y la liberación.

16.    Potenciar la creatividad del pueblo. Un modo eficaz de conservar el control político sería el de ritualizar la vida cotidiana de las masas. Desustanciar el cotidiano. El dilema que enfrentamos los cubanos en la actualidad se refiere a la precariedad de esa vida cotidiana, que obliga a todos y agota al cubano en hacer trámites legales y en buscar qué comer. La vida cotidiana en Cuba ha transitado por tres momentos que van del modelo espartano (años ´60s) hasta el hedonista (años ´90s). [Pasando por productivista (años ´70-80s).] Precisamente estos tres momentos han sido afectados por la desustanciación de la vida cotidiana al descentrar los ejes identitarios de la comunidad y los procesos de producción de sentido en los individuos. La política de estímulo a la creatividad popular es la única alternativa viable después de vivir la experiencia de un socialismo igualitarista basado en la reducción de las diferencias en la sociedad.

Entendemos por revolución: Superar el miedo colectivo y actuar sin demora. Instituir nuevas formas sociales. Banderas: equidad, solidaridad, libertad. Convertir las autonomías en autogestión. [Participación que liberaría a la sociedad y negaría al ancie regime.] Democratizar la economía y empoderar a la comunidad. Densidad social, transparencia, seres creativos. Comunidad que, por sí misma, se libera del gregarismo, el antintelectualismo, etcétera y aprende a convivir en la diferencia… Sociedad abierta y libertaria.

Santa Fe, Ciudad de La Habana, Cuba: 8 de octubre de 2012.