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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Esta es una de esas noticias de las que no podemos tener una certeza cabal, entre nuestra mala conectividad a Internet y la acostumbrada opacidad del sistema cubano. Si las conclusiones que uno extrae a partir de la limitada información que posee, son erróneas, ¿a quién culpar?

Vamos al grano. Al parecer, el canciller cubano Bruno Rodríguez se habría reunido con un grupo de emigrados agrupados bajo la organización Cuban American For Engagement (CAFE), que se oponen al bloqueo, defienden la normalización de las relaciones entre los EEUU y Cuba y otras buenas ideas que desde aquí aplaudimos. Entre las cosas que el canciller les habría dicho el pasado 28 de septiembre, me llama sobremanera la atención la parte donde, según lo que me ha llegado, les explica que se rechaza la posibilidad de que ellos inviertan abiertamente en la economía cubana por un hecho bastante simple, el de que no pueden aportar lo suficiente: las cantidades anheladas de cientos y miles de millones de dólares a las que aspira el gobierno cubano.

Así enunciado, da la impresión de que los términos que asienta el gobierno cubano para que cualquiera venga a invertir acá son bastante simples Usted traiga una cantidad de dinero indecorosa. Nosotros le vendemos, si nos ofrece lo suficiente, el Capitolio.

Uno se siente decepcionado. Después de tanta política e ideología con las que tiene que lidiar, se pregunta uno, ¿qué hay de la parte de los principios tales como esperar, por parte de las inversiones, que respondan también a intereses de protección laboral, social, de desarrollo, ecológicas, de las comunidades donde se inserten, y no sólo que sean voluminosas?

Uno se siente confundido. Después de tanto nacionalismo que nos incrustan en la cabeza, ¿no hay un tratamiento diferenciado para los cubanos que emigraron, alcanzaron un estado económico favorable, y quieren participar de las oportunidades que ofrezca el desarrollo económico del país?

Uno se siente intrigado. Después de que dicen que los municipios adquirirán autonomía, y que el gobierno central se debe sacudir muchas responsabilidades económicas y sociales a nivel de barrio ¿La entrada de muchos aportes pequeños y medianos no equivale a un aporte mayor, ni tiene un papel dentro del plan de desarrollo integral de toda la sociedad, ni se le permitirá convertirse en una fuente de empleo más que necesaria?

Uno se siente engañado. Después de saber que muchas personas con familiares acaudalados emigrados montan restaurantes, compran viviendas fastuosas y levantan otros tipos de iniciativas que exigen un capital, se piensa ¿será esto casualidad, o el canciller no quiere reconocer que el capital de los emigrados ya entra por esas vías?

Y como siempre, al final, uno se siente defraudado. Porque ni en el Granma, ni en los demás periódicos del gobierno únicos legales en el país, ni en las bitácoras de los blogueros oficialistas, aparece la noticia sobre este encuentro y las varias cosas que en él se conversaron, ni mucho menos una explicación más detallada de las opiniones del canciller, ni mucho menos un análisis crítico sobre la actuación de quienes deben representar y defender al pueblo cubano.

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