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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Como muchos conocen, el intelectual cubano y director de la revista Temas, Rafael Hernández elaboró hace algún tiempo Carta a un joven que se va. Este despertó nuevamente el interés por el género epistolar en nuestro archipiélago, sobre todo por la respuesta surgida poco después, Carta de un joven que se fue. Yo estaba resistiendo la tentación, se los juro, hasta que leí en el reaparecido espacio La Joven Cuba, la respuesta de Osmani Sánchez, La carta perfecta.

Le escribí, pues, a los compañeros de LJC. Les envié mi propia carta por correo electrónico, de lo más orondo. No me respondieron. Volví a escribirles. Sin disponer de un acceso a Internet regular, no puedo asegurar que me hayan o no publicado en su sitio, solo puedo decir que no me han respondido.

En fin, que aquí está mi Carta.

Estimados Osmani, Tatu, Harold

Contemplo con satisfacción que ustedes, el grupo del Blog La Joven Cuba, regresa después de un tiempo de inactividad y una despedida que diera pábulo a más de una preocupación. La presencia de las voces de ustedes en la blogosfera nos dotó de un espacio de interés y promotor del debate y el pensamiento. Me dirijo así a ustedes convencido de que el colectivo LJC que conocí, discrepancias momentáneas aparte sostuvo un valor, inteligencia y patriotismo dignos del nombre que enarbolan. Si no creyera que vale la pena defender la posibilidad de todos de hacer honor a tales empeños, no me habría molestado en dirigirles la presente.

Dicho esto, me tomo el atrevimiento de escribirles para participar en las iniciativas de diálogo y discusión respetuosa sobre nuestra realidad que, pienso, convienen tanto al bien de la patria. Necesariamente voy a referirme al material que colgaron, La carta perfecta.

Como ustedes saben bien, el tema es generado a partir de la misiva escrita por Rafael Hernández (RH) a un personaje a la vez ficticio pero muy real, un joven que emigra. Esto provoca la publicación de una carta-respuesta de una persona que refiere ser Ivan López Monreal (ILM) un joven emigrado y, cosa que no conocía hasta que lo leí en el sitio de ustedes, otra respuesta de una persona que refiere ser una joven que no se ha ido, Diosnara Ortega González.

Si me lo permiten, voy a exponer en este espacio una visión discrepante con la que ha presentado Osmani Sánchez. Me disculpan la extensión. Si en ocasiones confundo la posición personal de Osmani con la de otros miembros de LJC sabrán disculparme y dejar de lado ese detalle irrelevante.

En primer lugar, despejemos los asuntos de menor importancia. Resulta que se duda de la identidad de ILM. A mi entender, este asunto es de ínfima repercusión. El mismo RH no dirigió su carta a ninguna persona en específico, lo hizo a un joven genérico. Son muchas las razones que podría tener una persona para usar un seudónimo como respuesta. Entre ellas, el conocimiento de que el gobierno cubano usa procederes discrecionales para conceder a los emigrados el derecho de regresar o no a su país. En todo caso, los argumentos del remitente pueden encontrar eco en el pensamiento de una nutrida masa de personas que concuerdan con la descripción: joven, cubano, emigrado como encuentran una contrapartida natural en la carta de Diosnara, la cual me quitó de la boca varios pensamientos expresados por ella sobre el nivel de frustración que nos puede llegar a abrumar a los que aquí estamos, y que permanece oculto en tanto no nos hemos convertido en una estadística más de la emigración.

Prueba de que la identidad del mensajero es de menor importancia que el contenido del mensaje, es la repercusión que dicha respuesta ha tenido en el país. Una gran cantidad de personas que no conoce al tal Iván la comenta y se la pasa de mano en mano, correos electrónicos y memorias USB mediante. El hecho de que los haya movido a ustedes a contestar habla por sí mismo. Puedo comentarles que escuché declarar al Doctor en Ciencias Miguel Ángel Roca, Profesor Titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad de La Habana y especialista en temas de comunicación, que la misiva de marras le había causado honda impresión. En una exposición realizada recientemente, la calificó de demostración, tanto del respeto que se debe rendir a la inteligencia de los jóvenes, como de la urgencia de cambiar las políticas que están causando la pérdida del patrimonio que tiene nuestra nación, que es su pueblo y su juventud.

Dejando de lado este tema de la identidad, a ustedes parece molestarles que ILM realiza un compendio de razones que les sabe a montaje. Bueno, se puede señalar que RH también hace un compendio de otras razones que merecen respuesta seria y argumentada. No me parece justo reprocharle, al replicante, tomar al primer ponente lo suficientemente en serio como para tratar de dar una respuesta a la misma altura. Por otra parte, ¿sobra algo en la carta del verdadero o falso Iván?

Si me preguntan a mí, yo creo que estas cartas del intercambio RH-ILM debieran ser apenas las primeras de una conversación sumamente importante. Conversación de la cual todos sacaríamos gran provecho, si tuviéramos el ánimo de participar con respeto, humildad y profundidad. Paso a explicarme.

Aprecio en el escrito de RH el enorme esfuerzo de intentar alejarse de el teque, el lenguaje consignista y banal que provoca la enajenación de cualquier persona inteligente, más allá de su edad o posturas políticas. La dificultad del empeño se acrecienta por cuanto este discurso está impregnado hasta el tuétano de nuestros huesos, y ha corrompido avasalladoramente las posibilidades de tratar temas de relevancia especial sin teñir, con su tedio, las proposiciones que se intenten formular. Que conste que igual dificultad se presenta para defender o atacar al gobierno y su gestión. Otro punto a agradecer es la claridad de los objetivos de RH: tal vez su interpelado del momento ya está en marcha irreversible, pero otros pueden repensar destinos. Y este mismo que parte, puede llegar a sopesar la importancia de permanecer ligado a la patria y un eventual regreso. Finalmente creo que el mensaje más abarcador de RH es el que sigue: si ustedes (los jóvenes) se van, pierden las oportunidades que puedan tener de cambiar las cosas que los oprimen y que eclipsan otra serie de cosas que tendrían un chance de relucir mejor si se desbrozara el marabú social.

Y contemplo en la respuesta de ILM el mismo sentimiento que nos duele a muchos, idos y quedados, de que ya se ha perdido la esperanza de los jóvenes de cambiar esas realidades opresoras, esos factores de desencanto y amargura.

Me resultan entonces discordantes muchos de los argumentos con que trata de responder Osmani a las críticas de ILM. Cuando este último destaca realidades deplorables del país, el primero encuentra como mejor defensa decir que en otras naciones es igual o peor. Como si la Revolución, con todos los sacrificios que conllevó, no se hubiera hecho para librar a este país, este y no otro, de esos mismos males y problemas. ¿Si el sacrificio exigido no tiene una satisfacción superior a la alcanzable en otro lugar, entonces para qué valió o valdrá? ¿Qué sentido tiene decir que Silvio Rodríguez vive satisfecho aquí, y pasar por alto todas las llamadas a atender a los que no ganamos, con nuestro trabajo durante un año, ni lo que valen las cuerdas de sus guitarras?

Osmani inventa un nuevo término, involucionario, tal vez para distanciarse del vocablo contrarrevolucionario. No pienso que este último pueda parecerle extemporáneo a alguien informado como seguramente es este autor, no obstante elucubra uno diferente. En todo caso, sirven a lo mismo: descalificar y rebajar el mensaje de quien así es etiquetado. Pero tal estrategia es pueril y contraproducente.

Anticubano y contrarrevolucionario es quien perjudica conscientemente al país por motivos egoístas, quien estorba sus necesidades y esfuerzos por construirse un mañana mejor. No hay por qué sentir rubor de llamar contrarrevolucionario a alguien que realiza un sabotaje económico o planta una bomba asesina; no tiene por qué temblar la voz para llamar contrarrevolucionario y anticubano, a alguien que manipula y distorsiona realidades delicadas de las personas para crear odios y rencores e impedir las posibilidades de reconciliación y amor entre todos los cubanos honestos, donde quiera que estén. Es anticubano obstaculizar el propósito del cubano de Sarasota de venir a ver a su tía a Campo Florido, como lo es enredarle la pita al residente de Campo Florido que quiere ir a Rio de Janeiro porque aprendió portugués y quiere probar suerte. Es contrarrevolucionario interponerse ante el ánimo de cualquier persona de contribuir en envíos humanitarios a Cuba, como lo es exprimir un impuesto prohibitivo del que recibe cualquier paquete de ayuda. No debe sentirse pena, sino un orgullo glorioso, por denunciar a los contrarrevolucionarios y antipatriotas donde quiera que estén; por combatir aquí o allá a aquellos que roban los recursos del pueblo cubano y acaparan con sus maniobras corruptas los frutos del trabajo de millones de personas para disfrutar de las mieles del poder; por exponer a los politiqueros que se recubren del discurso altisonante, consignista y vacuo que rinde tan pingües beneficios, ya sea en Miami o en La Habana, mientras la nación sufre el detrimento de su más importante patrimonio, su pueblo y su juventud.

Osmani no puede desconocer que a mediados de los años ´60, Ernesto Guevara al que RH cita mucho dijo confiamos en la juventud y la preparamos a la juventud para recibir de nuestras manos la bandera. A los que eran jóvenes en los ´60, que ya peinan canas y tienen nietos. Pero la dirección del país, en lo adelante, descartó muchos criterios de fondo del Che, para manipular una imagen superficial, como comprende bien RH cuando reflexiona lo que sabes del pensador político del socialismo es apenas unas frases sacadas de contexto en vallas y muros despintados, y ciertos lugares comunes, como el tema del ´hombre nuevo´ y los ´estímulos morales versus materiales´. ¿Por qué será que nunca te hicieron leer en clase ´El socialismo y el hombre en Cuba´? El Che no creía en la infalibilidad del gobierno o de lo que él llamaba la vanguardia. Voluntaria o involuntariamente, Osmani se pone del lado de la inmovilista, burocrática, secretista y vieja Cuba que solo le asigna, al joven, el papel de soldado disciplinado mientras se titula, a sí misma, dirección esclarecida, ilustrada, eterna.

No mejoran mis perspectivas con saber que unos dirigentes intermedios pueden hacerlo mejor que otros en sus regiones respectivas, porque no tengo una manera de renovar al cuadro nombrado desde niveles superiores y puesto ahí sobre mí. ¿Qué me recomienda? ¿Rezar para que el emperador nombre un administrador honesto para mi provincia? ¿Y los problemas que afectan a toda la nación?

En este rejuego de la participación, las comunicaciones juegan un papel que, como bien sabe Osmani, es estratégico. De ahí que no me baste que me cuenten, anecdóticamente, que se dan muchas interpelaciones por los jóvenes a los dirigentes parecidas a la de Eliécer Ávila a Ricardo Alarcón. Quiero verlas, por mí mismo, quiero que se publiquen, quiero que se publiquen también las respuestas de los dirigentes, quiero que los periodistas presionen sobre aquellas respuestas que quedaron incompletas o no ofrecieron más que ridículo, y que divulguen el resultado. ¿Ya le respondieron a LJC que pasó con el cable de fibra óptica? ¿Ya Francisco González, alias Paquito el de Cuba, pudo averiguar cómo se diseñó el censo, y lo pudo explicar por la televisión? ¿Porque el gobierno cubano maneje con transparencia el tema del nuevo Código de Familia, va a desembarcar la 82 división del US Army en El Morrillo?

Y sobre todo, quiero que esos dirigentes y sus instituciones comprendan que se deben al servicio del pueblo, como rezan los artículos 68 y 69 de la Constitución de la República de Cuba. A su servicio, a respetar y cumplir su voluntad y no a dirigirlo y ofenderlo cuando el pueblo no responde a su satisfacción; a protegerlo y no a castigarlo mediante la pérdida de bienes o el bloqueo al ejercicio de sus derechos, cuando ejerce su inalienable libertad de expresión de la insatisfacción o abandona el país.

Si no se es capaz de conmoverse, de identificarse con el trasfondo de las desafortunadas realidades que retratan las palabras de ILM, sean propias o prestadas, no tiene sentido seguir intercambiando. Pero mi apuesta es que sí, que los habitantes de este sufrido archipiélago residan en donde residan tienen bastantes fuerzas más, mucha humanidad y solidaridad que pueden verter en el crisol vertiginoso del encuentro de todos los ciudadanos de Cuba, cara a cara, para plantearse los ideales de una vida más luminosa. Y para luego trabajar en pos de esos ideales, mientras permanezcan convencidos de que el esfuerzo vale la pena.

Para mí, ambos interlocutores se acercan en ese punto: RH porque quiere que el otro no parta para trabajar en pos de ello; ILM porque manifiesta su convicción, al final de su misiva, de que si le fuera posible vencer a tales molinos de viento como los que maltrataron su vida, regresaría a galope tendido. Si hubiera que criticarle algo a RH, sería que no se atrevió a señalar que el camino de retorno que le pide a este joven, está preñado de dificultades y peligros para nada despreciables. Que de tan relegado al pasado, ya pocos lo contemplan como una vía verosímil y realista para emprender. Si hubiera que recomendarle algo a todos los Ivanes que podrían suscribir su carta, a todos sus lectores en Cuba y también, por supuesto, a los compañeros de LJC, es que no alejen por sí mismos esta posibilidad de encuentro.

Con saludos cordiales

Rogelio M. Díaz Moreno

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