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Por Erasmo Calzadilla

En un post reciente de HT ocurrió algo intrascendente que me dejó conectado: Un amigo que defiende al régimen con tozudez hizo un comentario lleno de faltas ortográficas (ya se pueden imaginar quién), y otro comentarista, ubicado en sus antípodas políticas, aprovechó para burlarse de él.

Mi amigo se disculpó: “es que estoy escribiendo de madrugada, después de pasarme el día trabajando etc.”

Vean qué cosa: incluso estos que militan en posiciones políticas irreconciliables, hacen una pausa en su bronca para reclinarse a la Ortografía.

Por favor nadie se ofendiera con lo que voy a decir: me resulta patético semejante pleitesía en personas inteligentes. La mayoría de las leyes y disposiciones ortográficas no se fundamentan en la razón, ni en cuestiones prácticas o estéticas; son el mero fruto de la costumbre, y el único motivo para respetarlas es que siempre se las ha.

El respeto a la Ortografía no es, como algunos provincianos suponen, una cualidad propia de naciones cultas, sino de regímenes cristalizados y tiránicos donde la creatividad es vista con recelo.

Todas las lenguas van cambiando con el tiempo, desprendiéndose de lo espurio, de lo que se volvió cascarón inútil y estorba el libre desenvolvimiento ¿A qué tanto miedo pues?

Si la innovación genera ambigüedad o pérdida de sentido ya el asunto es más delicado, pero en muchos casos el libertinaje no perjudica seriamente la comunicación.

No lo dijeron en mayo del 68 pero mejor tarde que nunca: La Rebolusión será ortográfica o no será.

Publicado en HAVANA TIMES