Por Daisy Varela

¿Será que el Ministerio de Trasporte llegó a la conclusión de que el burocratismo que lo corroe le impide brindarle al pueblo un servicio decente? ¿Será que los resultados del timbirichismo* solo han sido el robo de materias primas y la degradación de la situación sanitaria?

No se puede responder con certeza; pero hoy La Habana nos impacta con paradas atiborradas y esperas por ómnibus que duran una hora. También con un mar de escuálidas cafeterías con ofertas monótonas que solo superan a los acostumbrados “ron y tabaco” de los establecimientos estatales.

La situación de los servicios de Trasporte y Gastronomía comienza a preocupar y en lo que podríamos llamar un ataque de impotencia, el Estado se permite invocar una palabra que logró escurrirse dentro de los lineamientos: cooperativas.

Según el periódico Trabajadores las cooperativas cubanas podrían llegar a la ciudad. [1]

Pero sabemos que el verbo utilizado para dar la noticia no es demasiado alentador. Lo que sí logra es recordarnos que la mayoría de los trabajadores cubanos, para asociarnos, tendremos que seguir esperando una la legislación sobre cooperativas que parece jugar a las escondidas.

El hecho que sea precisamente esta forma de asociación entre trabajadores una de las idóneas para un país que se pretende socialista hace prácticamente increíble nuestra situación actual.

En otro orden de contradicciones, es alarmante y lamentable la forma en que la oficialidad pretende comenzar a tratar el tema.

Las palabras del Doctor en Ciencias Económicas, Claudio Alberto Rivera Rodríguez (Presidente de la Sociedad de Cooperativismo de Cuba) parecen ser el disparo que marca el inicio:

“En nuestra nación existe un modelo agropecuario que, más allá de los problemas subjetivos y objetivos que presenta, nos ha dado buenos resultados.” [2]

La cuestión es la siguiente, si se parte para la creación de la nueva norma jurídica del modelo utilizado en los campos, las cooperativas en las ciudades estarán destinadas al fracaso. Las cooperativas agrícolas tienen una dificultad ineludible, no son verdaderas cooperativas.

Desde la década del 60 con las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) hasta los 90 con las Unidades Básicas de producción (UBPC) el experimento rural ha estado padeciendo administraciones designadas por instancias superiores, dificultades para acceder a la materia prima, salarios fijos, ventas de la producción al Estado por precios que no compensan el trabajo de los cooperativistas y hasta la imposibilidad de recibir donaciones; lo que ha provocado una muy objetivo desabastecimiento de alimentos, aumento de las importaciones y campos arruinados por el marabú.

Los que defendemos la iniciativa cooperativa lo hacemos teniendo en cuentas ventajas como que los representantes/dirigentes son designados por los propios trabajadores y su cargo no implica privilegios salariales, que todos los miembros de la cooperativa tienen voz y voto y las decisiones son tomadas en conjunto, que los salarios están relacionados con la producción y finalmente que la comunidad se beneficia ya que a ella se destina parte del capital.

¿Como posicionarse ante este amago de querer repetir los mismos errores? ¿Qué hacer ante las posibilidad de que las nuevas cooperativas seas secuestradazas por compromisos con el Estado?

No queda otra que rechazar todos los mecanismos que desmotiven la producción e impidan la libre asociación de los trabajadores sin patrones y demandar la implementación de una ley tributaria para las cooperativas, que tengan en cuenta su papel económico enfrentado directamente a las dinámicas capitalistas.
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*timbirichismo: palabra que hace referencia a la proliferación de pequeñas cafeterías de propiedad privada.
[1] Las cooperativas buscan llegar a la ciudad, www.trabajadores.cu, 9/7/2012
[2] Cooperativas en Cuba podrían extenderse a transporte, gastronomía y servicios, www.cubadebate.cu 9/7/2012

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