Por Isbel Díaz Torres

La madrugada del pasado sábado 9 de junio, una patrulla de la policía detuvo y condujo a la estación de Zapata y C, en el Vedado capitalino, a dos miembros de la Red Observatorio Crítico (OC).

La experiencia fue aleccionadora en varios sentidos, y uno de ellos fue conocer a qué cosas temen los agentes del orden en esta ciudad.

Jimmy Roque Martínez y Eduardo A. Díaz Fernández transitaban por la céntrica y alumbrada Calle G, ya pasadas las 12 de la noche, cuando los agentes del orden les pidieron documentación y revisaron en plena vía pública una mochila que portaban.

Tal violación los condujo a descubrir que los chicos llevaban dos sprays de pintura (roja y negra), lo cual resultó ser suficiente para cachearlos, esposarlos, y llevarlos a los calabozos de Zapata y C, donde debieron permanecer doce horas, sin cargo alguno.

Jimmy y Eduardo, jóvenes blancos, no clasificaban en el perfil racista de la policía habanera, pero sí en la paranoia de ver a una persona de madrugada con una mochila al hombro. Eso fue suficiente.

Si para colmos cargan con pintura “que se puede prestar para cualquier cosa”, como me dijo receloso el capitán en la estación, entonces ya todo queda claro.

Lo curioso es que esa “pintura asesina” es comercializada en las redes de tiendas estatales, y su uso es múltiple. ¿Sería conveniente entonces encarcelar a los administradores de esas tiendas por darle literalmente “armas al enemigo”?

Lo cierto es que la detención se extendió más de lo habitual. ¿Las razones? Había que esperar a la mañana siguiente, que entraran los oficiales de la CI (¿Contra Inteligencia?) para que ellos evaluaran el asunto.

La realidad es que ninguno de los detenidos esa noche fue liberado al amanecer, ni sabían cuando saldrían de allí. Ello incluyó, según me narran, a un hombre negro, cuyo crimen había sido caminar por el Vedado teniendo antecedentes penales.

“¿Cómo se te ocurre venir al Vedado con antecedentes, ese aspecto, y ese color?” alcanzaron a escuchar Jimmy y Eduardo. Fue triste ver que el agente racista también era de piel negra.

No es necesario haber cometido un crimen o afectar el orden público en Cuba, el carácter “preventivo” del proceder policial parece justificar tales violaciones que suceden a diario, sin que la ciudadanía pueda interponer recursos legales efectivos que detengan y reparen tal distorsión.

Jimmy y Eduardo junto a otras tres personas, permanecieron hacinados durante doce horas en una sucia celda diseñada para dos individuos. Finalmente, a la 1:00pm, les impusieron un “acta de advertencia” que ellos no firmaron, y fueron liberados.

A esas horas ya el OC había hecho pública la denuncia en Facebook, Twitter, y el blog del colectivo en WordPress. Afortunadamente, las nuevas tecnologías logran acelerar un poco el proceso de justicia, aunque no alcanzan a transformar el absurdo.

Publicado en Havana Times