Por Wendy Guerra

Hace dos semanas Ernán López-Nussa, pianista y compositor cubano obtuvo varios premios en concursos de importancia para nuestro país. Ernán es de los creadores que no creen que los premios decidan la carrera de un artista, pero los agradece y continúa trabajando. En estos años juntos, que ya suman casi 20, me ha mostrado cómo “los últimos serán los primeros”. Ejemplos nos sobran. Curiosamente sobre estos recientes premios se enteró Ernán mientras se encontraba en su gira europea, acompañado de dos excepcionales instrumentistas: el maestro Enrique Plá y el joven virtuoso Gastón Joya. Allá por La Toscana dio por terminada la gira ofreciendo lo mejor de su arte en los jardines de la casa de Sting, quien se sumó a la despedida en una gran descarga, especialmente sazonado a ritmo de jazz latino con la versión cubanísima de su ya legendario tema: Englishman in NewYork.

Llegando a La Habana invitaron a Ernán a un pequeño, pero entrañable programa de televisión al mediodía. Programa que lo mismo nos ha ayudado a rescatar a nuestra perrita perdida, que nos informa a diario de muchos acontecimientos culturales o sociales del país. Ernán (quien no gusta de ir a la televisión) aceptó agradecido y apareció completamente esquinado, al fondo de un set indiscutiblemente diseñado para trasmitir en blanco y negro, con muebles recargados en tonos ocres y raras combinaciones de lo que sus decoradores piensan es hoy “la sala de una casa tradicional”. Su presentador (un hombre agudo y perspicaz) hizo todo lo posible por preguntar cosas interesantes, pero no tenía la información suficiente, ni se sentía cómodo con el raro escorzo en que habían colocado al invitado. ¿Dónde estaba el director del espacio? Al lado de Lopez- Nussa se encontraba el finalista de una de las categorías en los concursos antes mencionados y la charla se mostró confusa, atribulada, vana; más que orientar, desinformaba.

El resultado fue nulo, nadie supo de qué se trataba aquella visita y Ernán llegó a la casa un poco confundido. Yo pensé escribir sobre lo doloroso que es para muchos de nosotros regresar a los estudios de la televisión cubana, en mi caso, tras 10 largos años de ausencia. La Televisión era mi hogar adolescente, sitio de encuentro con parte de la vanguardia del pensamiento intelectual de los 80. La redacción de “Estética” del canal 6 guarda muchas piezas que anticiparon y avisaron sobre todo este desastre, pero a ellos nadie los escuchó, poco a poco formaron parte de una diáspora obligada a partir entre incomprensiones incómodas y miserias infundadas.

El Instituto Cubano de Radio y Televisión: Lugar donde se libra hoy una batalla, no contra “el enemigo” sino contra quienes desean que se haga una buena televisión, a la altura de la pasión y el intelecto formado en Cuba, un nivel que se ha tenido en ese medio desde su fundación, más allá de las temáticas que se trataran o el género de cada una de ellas.

Allí se hicieron maravillosas adaptaciones a la literatura clásica, coreografías antológicas y programas en vivo que inauguró la televisión en América Latina. Se experimentó dentro de la realización con especialistas connotados y equipos de creación que comprendía la radio, el cine y hasta realizadores de dibujos animados. En fin, la Televisión Cubana ha tenido todas las herramientas y mentes creativas posibles para hechizar a un pueblo que cuenta con pocas opciones de entretenimiento pero con mucha avidez visual.

Hoy ese medio es justo el ejemplo de todo lo que no se debe hacer.

La televisión padece un gran desacuerdo estético, parece tierra de nadie, pues, cuando los artistas e intelectuales se quejan, no hay respuesta. Simplemente pertenece a otro planeta. ¿Quién lleva esa batalla para refinar el desastre? Nunca lo sabremos, son años y años de contribución al mismo descalabro.

Las densas y monótonas clases por televisión, el particular programa de cocina con ingredientes que ofrecen productos de la libreta de abastecimiento, los espacios sobre la naturaleza que se toman ¿prestados? de conocidos canales internacionales llevando un logo ¿propio?, los noticieros empeñados en clasificar quiénes son hoy para nosotros los ‘buenos’ y los ‘malos’, las discusiones políticas en una sola dirección, sin debate, los programas juveniles que necesitan un logopeda por presentador. En fin, son contados los casos donde nos quedamos tranquilos escuchando y disfrutando de un show de entretenimiento nacional que nos convenza, y para que eso pase, los autores y protagonistas de esas emisiones dejan alma vida y corazón en el camino. Para hacer buena televisión dentro de la televisión hay que llevar casi un programa en silencio y de modo clandestino, hacerlo desde otro lado y sobre todo, tener unos nervios de hierro para que eso pueda fundamentarse y salir al aire.

Sí, me encantaría volver a trabajar con y para los niños, pero cuando enciendo la televisión me pregunto por qué tenemos esa oscuridad sobre la escenografía, la autoría y los conceptos. Me pregunto si encender la televisión de un país no se trata de ver a ese país en vivo y en directo.

Graduada de Cine Radio y TV en el Instituto Superior de Arte de La Habana, me pregunto: ¿Qué es hoy la televisión cubana? ¿Será acaso la representación visual de nuestras vidas?

Publicado en http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/habaname/2012/06/03/que-es-hoy-la-television-cubana.html