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Por Francisco Rodríguez Cruz

Ya hace un año que Anaíris Diepa Monzón perdió la guarda y cuidado de su pequeña hija en un proceso legal donde el padre de la niña y su propia familia aparentemente conspiraron en su contra para obtener una sentencia que reboza prejuicios y homofobia. El crimen que ella cometió: amar a otra mujer.

La joven de 28 años, residente en el municipio montañoso de Cumanayagua, en la provincia de Cienfuegos, está en este preciso momento envuelta en otro pleito judicial donde solicita ampliar el restringido régimen de comunicación que el tribunal municipal les impuso a madre e hija, como parte de aquel veredicto que ratificó la instancia provincial y el Tribunal Supremo Popular.

Según explica Anaíris, solo puede acceder a la niña en visitas alternas los fines de semana “un sábado o un domingo, entre las nueve de la mañana y las doce del día”, y ni siquiera tiene derecho a llevarla al médico o a pasear a la ciudad de Cienfuegos donde ahora reside con su pareja, luego de que su abuela la expulsara de la casa donde nació, cuando dos años atrás la familia supo que ella mantenía una relación lésbica.

Esta madre desesperada me contactó por teléfono a través de Yosbany Rodríguez, activista del grupo Hombres por la Diversidad (HxD) en ese territorio del centro del país. La muchacha está decidida a continuar la batalla legal para recuperar la custodia de Jennifer de la Caridad “ahora con 8 años y en segundo grado”, pero además, mostró total disposición a hacer pública su historia.

A los 13, el padre de Anaíris la perjudicó, o sea, abusó de ella sexualmente. Era una adolescente de 17 años cuando contrajo matrimonio con el padre de la niña, un profesor de cultura física que en la actualidad trabaja en la dirección municipal de Deporte y Recreación de Cumanayagua, y a quien ella define hoy como un alcohólico.

Jennifer nació el 17 de febrero del 2004, y aunque Anaíris no pudo o no quiso hablarme sobre el momento exacto en que descubrió su orientación homosexual, sí me expresó de manera categórica que lo que siente hoy con su nueva relación, nunca me pasó con mi esposo.

Cuando salió del closet, la madre fue a vivir con la niña para la ciudad de Cienfuegos durante un breve periodo, pero a petición del padre y su familia la envió de vuelta a Cumanayagua con el pretexto de unas vacaciones, y no quisieron devolvérsela. Entablaron un litigio contra ella, donde testificaron en su contra no solo el padre de la niña, sino la propia madre de Anaíris, la abuela, las tías.

Según Frank Alfonso, el abogado del bufete colectivo de Cumanayagua que ahora lleva el caso, la sentencia de aquel primer proceso fija de modo explícito que la decisión de retirarle la guardia y cuidado de Jennifer no es porque ella sea lesbiana, sino por determinadas conductas, la forma en que llevaba su orientación sexual, que no son las más acordes.

Fragmentos de la sentencia que Anaíris me leyó dicen que la demandada abandonó la vivienda donde vivía con la familia y comenzó a residir en Cienfuegos con una persona de su mismo sexo, en una vivienda que caracterizan como pequeña, pero con la debida limpieza e higiene.

Luego fundamenta que no es con quien convive ni cómo, lo que impide que se acojan las pretensiones de la demandada, sino por la vida desordenada que está llevando en dicho lugar, donde se relaciona con personas de dudosa moralidad y comportamiento no acorde a la correcta formación de una joven, que influirán de manera negativa en la menor

Incluso cuando visita su municipio la demandada realiza fiestas en forma indebida con otras parejas homosexuales, incluso cerca de la vivienda donde permanece la menor y luego la visita con la pareja de mano, dando fe de ello la propia abuela de la demandada

Anaíris sostiene que aquel juicio estuvo plagado de mentiras y que no tuvo una defensa adecuada. Era yo sola contra todo el mundo, exclamó.

Ella afirma que no tiene antecedentes penales de ningún tipo, ni tampoco su pareja y que lo dicho acerca de sus vínculos sociales alude solo al hecho de que tiene amistades lesbianas y gays. En cuanto a supuestas fiestas de parejas homosexuales cerca de donde vive su abuela y la niña, aduce que no sabe cuáles habrán sido tales parejas en Cumanayagua, porque allá gay es su hermano varón, quien precisamente es pareja del hermano de su actual relación “a él sí lo aceptan en mi familia, dijo, y la única casa próxima donde tal vez podrían haber coincidido es donde vive la mamá de Anaíris con su esposo actual.

Niega incluso que ellas sean de ir de mano o darse besos delante de la gente como alegaron (y le repliqué que tampoco es un delito hacerlo).

También es verdad que no tiene casa propia, pues ella nació y vivió siempre en la de su abuela, donde aún permanece en el registro de dirección, aunque no la dejan entrar. Allí vive la niña con el padre, además de dos tíos maternos, y de hecho, a petición de la familia, la Policía de la localidad le advirtió que la meterían presa si volvía a exigir su derecho a la convivencia. Por tal motivo, actualmente Anaíris y su pareja rentan esa pequeña casa en la ciudad de Cienfuegos, con la perspectiva de comprarla entre las dos.

¿Hasta dónde este caso es o no el resultado de la presunta conjunción de acciones de represalia por despecho marital, prejuicios y homofobia en un contexto rural y familiar hostil? Lo cierto es que tres tribunales (municipal, provincial y Supremo) fallaron en contra de esta madre lesbiana, y ella perdió la guarda y cuidado de su hija, con quien le establecieron un régimen de comunicación que su actual abogado califica como bastante restringido.

Pero la tragedia no concluye ahí. Me cuenta Anaíris que en la actualidad la niña llora y le manifiesta su deseo de estar con ella. Refiere además que como madre, está muy atenta a las necesidades de Jennifer y a su situación en la escuela. La maestra es incluso uno de los testigos que declarará a su favor en la vista que debe tener lugar ante el tribunal municipal el próximo 12 de junio. También una tía que testificó en su contra la vez anterior, está dispuesta a apoyarla en esta ocasión, para admitir que hubo falsedades en los testimonios.

Sin embargo, alega Anaíris que Jennifer le contó que el papá y la bisabuela la llevaron ante la fiscalía municipal y la presionaron para que dijera que no quería estar con su mamá. Su abogado, por otra parte, alega que una comisión multidisciplinaria que existe a nivel municipal con la participación de representantes de la Federación de Mujeres Cubanas, trabajo social y otras organizaciones locales, avalan como positiva la relación del padre con la hija. Como parte del nuevo proceso, la defensa solicitó para la niña un reconocimiento pericial por un psicólogo infantil, procedimiento que arbitrariamente y sin ninguna explicación le acaban de denegar.

El padre tiene la guarda y cuidado, pero no la ejerce, alega Anaíris. De acuerdo con lo que ella dice que la niña le cuenta, es su abuela “la bisabuela de Jennifer” quien la atiende y lleva a la escuela, además de referirle otros incidentes por la propensión del papá al consumo de bebidas alcohólicas, al igual que de los dos tíos con que su hija convive.

“El problema” según la madre “llega al extremo de que su abuela despierta a la pequeña en la madrugada para que le ayude a acostar al padre borracho. Él frecuenta fiestas y reuniones donde bebe, y en ocasiones lleva a Jennifer como si eso fuera un paseo. Conocidos de Anaíris le han referido que en alguna oportunidad han sido los amigos del papá quienes han traído a la niña en hombros hasta la casa, porque él no ha estado en condiciones de hacerlo.”

Hacia ella, el padre de su hija ha mostrado también comportamientos violentos, que han llegado hasta las amenazas con armas blancas y agresiones físicas como la que aconteció en abril último, cuando ella le reclamó por no dormir una noche en la casa y dejar a la niña sola con la bisabuela, episodio que terminó con una simple multa para el agresor. La Policía no hace nada, enfatizó Anaíris.

A pesar de todas esas evidencias, el abogado de Cumanayagua plantea que en el año que transcurrió desde el proceso anterior, no hubo variaciones significativas en las circunstancias que motivaron aquel fallo, como para solicitar un cambio trascendental en el régimen de guarda y cuidado de la menor, que ciertamente no tiene por qué ser una decisión definitiva. Por eso como defensor de Anaíris solo planteó una modificación en los términos para la comunicación entre la madre y su hija, a la cual están opuestos el padre y la fiscalía, y por ello no hubo acuerdo en una vista previa el pasado 31 de mayo.

Otro de los argumentos que ahora suman contra Anaíris es que no tiene trabajo, situación en la que está desde alrededor de un año antes de su nueva relación, pues laboró contra la voluntad de su esposo durante un tiempo como auxiliar de contabilidad en un comedor y luego como dependienta en una bodega, pero tuvo que dejarlo para atender a su abuelo, quien luego falleció. Ahora la sostiene económicamente su pareja, quien recibe ayuda de familiares en el exterior. Está en trámites para comenzar a laborar por cuenta propia.

Desde este lunes, pude facilitar que Anaíris entrara en contacto con el departamento de asesoría jurídica del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), cuyos especialistas enseguida mostraron la mejor disposición a colaborar en todo lo posible para el esclarecimiento y solución de este penoso asunto.

No obstante, por primera vez tal vez me tomo la atribución de pedir a los lectores de esta bitácora que difundan esta historia por todas las vías posibles, para hacerla llegar a cualquier institución o persona en Cuba que pueda influir desde posturas administrativas o políticas, e incluso determinar, en la pesquisa exhaustiva e imparcial para la toma de decisiones legales alrededor de este caso.

Como al parecer queda bastante claro, todavía son tan hondos los prejuicios y la homofobia en nuestro país, que pueden calar hasta lo más profundo de nuestro sistema judicial, y quizás hasta hacer tambalear a la justicia. Ni esta madre ni su niña de ocho años lo merecen.

Tomado del blog Paquito el de Cuba