Por Black Hat

Hace casi 1 año conozco de la existencia de la revista .BAK (antes BlackHat), y aunque no me pueda ubicar entre los primeros lectores, sí puedo asegurar que soy uno de los que más la lee –y comparte-. Pienso que es una de las publicaciones más serias del país, no solo por la amplia variedad de temas que aborda –dentro del campo tecnológico- sino también por la variedad de opiniones que aquí se manejan, lo que demuestra ser este uno de los pocos espacios libres de censura que aún nos quedan. Es esa la razón por la cual me aventuro a compartir aquí mis dudas en espera que alguien me las aclare.

¿Quién soy?

Por varias razones –obvias- preferiría mantenerme en el anonimato; sin embargo, si es necesario que se sepa que mi edad es, por mucho, mayor a la edad promedio de todos los lectores juntos.

Y es precisamente esa edad la que me permitió ser uno de los que tuvo la oportunidad de “jugar” en la CUJAE con las tarjetas perforadas. Es también esa edad la que me permitió ver a los televisores Caribe hacer función de monitores y a las cintas de cassette cumplir el papel de disquetes -¡Qué tiempos!-; y es también esa edad la que me hizo suponer de joven que el futuro de nuestro país estaría basado completamente en la tecnología.

Problemas económicos me impidieron acercarme más a la tecnología de lo que hubiera querido, pero siempre que tenía la posibilidad trataba de mantenerme actualizado, de aprender, o al menos de mira las nuevas tendencias pues, como ya expliqué, pensé que se nos avecinaba una VERDADERA REVOLUCIÓN INFORMÁTICA, y yo, aunque sabría que me pillaría con unos años de más, no quería quedar rezagado.

Hoy, después de varios años de separación del mundo tecnológico, finalmente tengo el tiempo y las condiciones para degustar nuevamente de las dulces mieles de la tecnología.

A mi llegada a la red, pensé encontrarme con sitios llenos de información útil, interesante, provechosa o al menos divertida; para mi sorpresa, veo que casi todo lo que aparece no son más que vínculos que se muerden la cola y que al final no llevan a ninguna parte –web1 > web2 > web3 > web4 > web1-. Por ningún lugar aparecen salas de chat, redes sociales –tan de moda por estos tiempos en el resto del mundo- y para qué hablar de posibilidades de alojamiento de páginas personales en servidores nacionales o de un servidor dedicado a ofrecer correo a aquellos que se sacrifican por años para obtener un ordenador. Nada, que nos hemos detenido en el tiempo.

Lo que no entiendo

Lo que no entiendo es cómo, después de casi 25 años de la creación de los Joven Club de Computación y electrónica aun seguimos teniendo tantas trabas para acceder a la tecnología. No entiendo como llegaremos algún día a considerarnos un país culto cuando estamos siempre a siglos de distancia de las tendencias modernas. No entiendo para que se les enseña a los jóvenes a usar la tecnología si, más allá de las aulas, esa misma tecnología solo pueden verla en películas o series de video.

Me gustaría que se me explicase quién y con qué derecho decide lo que puedo o no puedo ver, o leer, o escribir; cuales son las razones por las cuales no puedo acceder a Gmail, Yahoo, Facebook, Twiter, MySpace… Si mi educación fue como la de todo joven revolucionario, y me enseñaron desde chico a diferenciar lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto, ¿Por qué es que hoy siento que esa misma revolución no confía en mí?; ¿Por qué no se me da la oportunidad de demostrar de lo que soy capaz y lo que me fue enseñado?; ¿Por qué tanto misterio alrededor de la Internet?; ¿Cuál es el verdadero objetivo del cable de fibra óptica que nos llega de Venezuela?; ¿Pensando en quién se lanzó el cable?; ¿Qué mal nos hacen las salas de chat?; ¿Qué daño encierra Google?; ¿Por qué se mira a Internet –e incluso a la propia intranet- con tan malos ojos?; ¿Por qué cuando se cita una página web en las mesas redondas no puedo ir allí y verlo con mis propios ojos?; ¿Por qué tengo que esperar a que los “panelistas” lean los “cables de prensa” por mí?; ¿Es que acaso no estoy capacitado yo para leer e interpretar las noticias?; ¿Por qué no puedo –como hace el resto del mundo- descargar de la red un CD de Pablo Milanés, o de Michel Bolton, o de los Van Van o de la cubanísima Celia Cruz?; ¿Por qué, si el periódico Juventud Rebelde tiene un espacio en Facebook no puedo ir a visitarlo y dejar allí mis comentarios?; ¿Por qué no se permite que los cubanos salgan a internet a hacer presencia y decirles al mundo que estamos aquí, que seguimos vivos, que estamos aun en el mismo planeta?; Si tanto aboga la revolución por hacernos hombres cultos, ¿por qué debemos esperar días, semanas o meses para tener una versión “oficial” de los sucesos mundiales?; ¿Por qué tenemos que vivir resignados a que nos vean desde afuera como un país tecnológicamente atrasado?; ¿Por qué teneos que vivir de favores para tener comunicación con nuestros familiares lejanos?; ¿Cuánta verdad sobre nosotros hay en Internet si solo unos pocos son los que pueden salir?; ¿Qué porciento representamos en el mundo?… A mi edad, son precisamente esas las preguntas que me llevan a cuestionarme seriamente muchas otras cosas.

Yo también necesito Internet

Muchos hoy en día gozan de un Internet legal, ilimitado, permanente y gratis, basado solo en que este es “necesario” para el correcto desempeño de su trabajo y con esto no hacen otra cosa que agrandar la brecha tecnológica ya existente entre los que tienen y los que no –tal y como pasó con los celulares por largo tiempo-.

A esos que piensan así me gustaría recordarles que YO TAMBIÉN NECESITO INTERNET; para ayudar a mi hijo en las tareas de la secundaria; para saber que sucede en el mundo; para restablecer vínculos con antiguos compañeros de clases; para dejar constancia de que alguna vez existí y no quedar como un anónimo; para conocer otros lugares –ya que no los puedo visitar-; para darle seguimiento a nuestros artistas en las redes sociales y que aumente su popularidad; para aprovechar los avances tecnológicos y culturales; para sentirme parte del mundo y que el mundo tenga parte de mí.

Necesito Internet porque más que un lujo es una necesidad, una necesidad del ser humano de interactuar con otras culturas, con otras personas, con otras filosofías, con otras formas de pensar. Necesito Internet para poder rebatir con pruebas, si hiciera falta, cuando se diga en el mundo que los cubanos no tienen libertad de expresión.

BlackHat. Edición: #107. Lectores: 2361 (+1)