Por Miguel Ángel Hernández Arvelo*
Desde que Raúl Castro anunció en el VI Congreso del PCC, una serie de medidas que tendrían como objetivo una supuesta “actualización del modelo socialista cubano” se ha extendió en la isla y fuera de ella, el debate sobre qué es hoy Cuba, si existe realmente un “modelo socialista” que hay que actualizar o si hay que reemplazarlo por otro modelo y cuál sería.
La verdad de la Cuba actual
El gobierno cubano sigue diciendo que en Cuba hay socialismo y que simplemente lo están actualizando. Pero en realidad ésta es la gran mentira que ha montado el presidente Raúl Castro y la dirección del PCC, con el aval de Fidel Castro desde su retiro. No hay actualización del “modelo socialista” porque ya no hay socialismo sino un capitalismo a la cubana. Muchos sectores de la izquierda crítica cubana, y de otros países, consideran que las medidas aprobadas en el VI Congreso van en camino al capitalismo y hacia el modelo chino o vietnamita. Pero en realidad las medidas del VI congreso no son más que la continuidad de un capitalismo sui generis o a la cubana, que empezó en la década del 90.
Porque lo que esconde bien la dirección cubana, y muy pocos denuncian, es que desde 1992 ha ido creciendo la instalación en la isla de empresas privadas multinacionales europeas y canadienses, bajo la forma de empresas mixtas, que controlan hasta el 50% en el turismo (grupos españoles Sol Meliá, Barceló, entre otros), el níquel (la canadiense Sherritt), el tabaco (el inglés Tobacco Group), los alimentos (Nestlé), en petróleo (Repsol, Petrobras, Sherritt) o en la producción, comercialización y exportación de ron (la francesa Pernod Ricard). Esta es la aplicación del modelo chino, adaptado a la realidad cubana. El actual otorgamiento por 99 años de tierras a empresas extranjeras para la construcción de campos de golf de lujo, es una expresión más de ese capitalismo. La otra expresión de la vuelta al capitalismo en Cuba auspiciada por el PCC, es la ganancia que se llevan esas multinacionales, en base al salario de un trabajador cubano que oscila entre 10 y 20 dólares (250 a 500 pesos nacionales) mensuales. Lo inédito, en el mundo, es que es el estado cubano quien hace de agencia de trabajo para las multinacionales, garantizando ese salario de miseria y la prohibición de todo derecho de huelga y sindicalización independiente. Las medidas de un plan de despidos de más de medio millón de personas, parcialmente suspendido ante el miedo que provocaron las rebeliones árabes, el aumento de la edad jubilatoria o la campaña para terminar con las “gratuidades”, son parte de un plan de ajuste típico del capitalismo.
Esto no tiene nada que ver con el socialismo, sino que guarda continuidad con una restauración del capitalismo que ha ido gradualmente liquidando lo que quedaba de las viejas conquistas de la revolución del 59. Cada vez se afectan más los servicios de salud y educación, por ejemplo. Y crece una capa de acomodados y ricos mientras la mayoría del pueblo cubano padece todo tipo de necesidades y no tiene otro camino que seguir “inventando” para sobrevivir.
¿Qué es lo que fracasó?
Desde la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética, los voceros del imperialismo asocian la crisis económica y social de Cuba al supuesto fracaso del socialismo. Pero no es así. Lo que fracasó en la ex URSS y sus satélites, como en el caso cubano, es el modelo estalinista, la degeneración del socialismo. Sí, lo que fracasó fue la caricatura socialista que hicieron Stalin y los posteriores líderes de un aparato burocrático que traicionó las revoluciones en todo el mundo y liquidó las libertades para los trabajadores y el pueblo, para que no fueran cuestionados sus enormes privilegios.
Lo que no fracasó, al contrario, fue la aplicación de las medidas socialistas, la expropiación de la burguesía, la planificación de la economía, que incluso deformada en manos de la burocracia de los Partidos Comunistas, fueron medidas que permitieron grandes conquistas sociales en la ex URSS, China y en la propia Cuba. En los primeros años se superaron condiciones de miseria, se distribuyó la tierra a millones, se liquidó el desempleo, hubo grandes avances en educación, salud, vivienda y el deporte. Estos son hechos indiscutibles hasta para los mismos capitalistas. La revolución cubana justamente se desvió de sus orígenes revolucionarios a partir de que Fidel y Raúl Castro pactan, en 1968, la subordinación política y económica de Cuba a la órbita de la URSS.
Desde sectores de la izquierda crítica al castrismo se argumenta que lo que fracasó fue el “socialismo estatista” o el “socialismo de Estado”, que desde el principio estaba condenado a fracasar porque ya contenía una fatal centralización, ligada a la propiedad estatal, que lo obligaba a ser represivo; porque solo así se podía conservar su estructura vertical. Otros dicen que fracasó por haber pretendido una supuesta “utopía igualitaria”. La verdadera historia es que la Cuba socialista nunca fue “igualitaria”, porque nació con un aparato burocrático totalitario, su partido-ejército, que dio lugar al PC cubano y a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, dirigidos por los hermanos Castro. Se fueron transformando en burócratas privilegiados, al estilo estalinista, con la diferencia de que encabezaron una revolución y tenían recursos infinitamente menores, incluso para los privilegios. Siempre tuvieron mercados especiales y nunca tuvieron que depender de la libreta de racionamiento.
Lo grande de la revolución cubana fue su avance hacia la ruptura con la burguesía y el imperialismo, al calor de la movilización de los trabajadores y el pueblo. Fue esa revolución que empujó a los Castro a radicalizar la reforma agraria, congelar tarifas y alquileres, expropiar las destilerías, ingenios azucareros y bancos y romper con los yanquis. Aquella “centralización estatal” fue un logro histórico: la puesta en marcha del plan económico nacional basado en la propiedad estatal, con el monopolio del comercio exterior y las nacionalizaciones. Y así se conquistaron aquella salud y educación que pusieron a Cuba Socialista en uno de los primeros lugares de América Latina.
Aquellas conquistas se lograron a pesar de que existía la burocracia privilegiada y represiva. La mejor prueba de lo que decimos la dio el Che Guevara, quien en todo momento combatió la burocratización y la denunció públicamente, con su visceral y genuino igualitarismo –lo defendemos por honesto, aunque no estemos de acuerdo con ese igualitarismo extremo, pero vio los males y los llamó por su nombre.
Lo que fracasó fue la subordinación del castrismo a la burocracia de la ex URSS
A partir de 1968 los Castro se subordinaron a la burocracia mayor, el colosal aparato del Partido Comunista de la Unión Soviética. De su mano, se fueron apartando del camino revolucionario e internacionalista de los primeros años de la revolución y del Che.
Nunca más impulsaron nuevos triunfos socialistas en América Latina, apoyando la “coexistencia pacífica” y el pacto de los burócratas rusos con el imperialismo. Apoyaron el aplastamiento de la revolución de los obreros checos en 1968. Se sumaron a la reaccionaria y suicida “vía pacífica al socialismo” de los partidos comunista y socialista en Chile, que abrió el camino a Pinochet en 1972. En 1979, Castro llamó a los sandinistas a no hacer en Nicaragua una nueva Cuba. El 1981 apoyaron el golpe de Jaruselsky contra los obreros polacos.
No es posible alinearse con la burocracia, para mantener sus privilegios y ser genuinamente socialista. Otra sería la realidad de Cuba y América Latina si todo el prestigio y poderío del castrismo hubiera estado al servicio de lograr nuevas revoluciones socialistas en el continente. Poniendo la riqueza latinoamericana al servicio de sus pueblos, no de las multinacionales y el imperialismo. Y sin monolitismo y partido único, con democracia y libertades para que las masas en lucha se organizaran, discutieran, rectificaran errores y fortalecieran los aciertos. Así, incluso ante golpes o retrocesos, la moral y conciencia de los pueblos podría haber seguido avanzando, construyendo una alternativa socialista y revolucionaria. Hubo muchas oportunidades arruinadas.
Hoy en Cuba crece el malestar y el desencanto en el pueblo. Y así se instala el peligro de que se reproduzcan los retrocesos en la conciencia que se dieron en la ex URSS y Europa del Este, donde los avances restauracionistas, de la mano de la propia burocracia, no hicieron otra cosa que crear entre las masas fatales ilusiones en un “capitalismo bueno”.
Por un verdadero socialismo con democracia para los trabajadores, la juventud y el pueblo cubano
El gobierno cubano presiona al pueblo para que acepte resignadamente su situación, con el ya gastado tema del “peligro” de que venga la “derecha gusana” y que por lo tanto es “el mal menor” aprovechar ciertas concesiones que han tenido que hacer rebajando impuestos, permitiendo el cuentapropismo legalizado, permitiendo mayores remesas del exterior y dejar correr el eterno “invento” cubano para subsistir tanto en el área del turismo como en la industria y los servicios. En realidad estas mínimas medidas son logros del pueblo cubano y no concesiones graciosas del régimen, porque se hacen buscando evitar el crecimiento del malestar social y que este desemboque en protestas.
¿Cuál es el modelo o el cambio que necesita Cuba para que el pueblo cubano tenga una vida digna? El gran desafío de fondo, es revertir el proceso actual de instalación del capitalismo en Cuba bajo el disfraz de “una actualización del modelo socialista”. Se necesita lograr un verdadero socialismo, que no es volver a los años 70-80, sino un régimen político sin partido único y con plena democracia para los trabajadores y el pueblo para decidir sobre la economía, sobre la gestión de las empresas, sobre la educación y salud, sobre los salarios, sobre la libertad sindical, la justicia, contra toda forma de censura y persecución política e ideológica o sobre todos los órdenes de la vida en la sociedad cubana.
En el plano económico el nuevo modelo socialista debe revertir las medidas capitalistas y de entrega al capital extranjero de las riquezas y de las fuentes de trabajo y producción. El níquel, los grandes hoteles, el petróleo o los productos cubanos por excelencia, como el tabaco y el ron, deben volver a ser 100% cubanos y sin empresas mixtas. Deben ser empresas reestatizadas al 100%, pero no volviendo al burocratismo empresario al estilo estalinista, sino que deben ser empresas controladas y gestionadas por sus trabajadores. Porque el pueblo cubano necesita tener el 100% de la ganancia de toda la industria para que se coloque realmente al servicio de la mayoría y no de las multinacionales, para dar salarios dignos, trabajo, vivienda, mejor salud y educación.
El gobierno esconde o disfraza su proceso de privatización, con el argumento que “no hay privatización porque los hoteles (los edificios y la playa) son cubanos”, también lo seria el níquel, el petróleo que está bajo el mar, etc. Pero esta ha sido la misma argumentación que dieron los gobiernos capitalistas para privatizar sus riquezas en la década del 90. Hoy en día los gobiernos de Latinoamérica (Perú, Chile, Argentina) entregan los minerales y el petróleo con el mismo argumento, de que “solo son concesiones a 50 o 90 años”. Mientras tanto sigue el saqueo a los pueblos.
Por un plan de medidas de emergencia para tener salarios dignos y mejoras sociales urgentes
En la perspectiva de ese cambio de fondo, el pueblo cubano necesita reclamar al gobierno un plan de medidas de emergencia para atender a su situación de necesidades elementales, que parten de los bajos salarios y de la escasez de los productos o de su alto precio en moneda CUC. La vida cotidiana del ciudadano o ciudadana es la búsqueda de lo que falta, desde el café instantáneo hasta un litro de aceite pasando por pañales descartables, leche o yogurt.
El tema prioritario es el salario. No se puede seguir viviendo con un salario de 250 a 400 pesos nacionales, o de 10 o 15 CUC y con salarios dictados desde arriba por el gobierno sin que nadie pueda opinar y cuestionar, como sucede en cualquier país, incluso capitalista. No es aceptable ya ningún argumento “oficial” de que no se puede por el “bloqueo” o que reclamar más salario sería “un privilegio” mientras el capital extranjero se lleva sus ganancias al exterior y nadie puede controlar el manejo salarial de los funcionarios o de las gerencias empresariales del Estado.
El pueblo trabajador debe reclamar al Gobierno que se otorgue un aumento inmediato de los salarios para que todos los trabajadores puedan llegar dignamente a fin de mes, cubriendo sus necesidades y las de sus familiares. Junto con ello hay que reclamar que se acabe con el salario designado unilateralmente por el Estado y se autorice la libre discusión salarial en todas las empresas. Para el abastecimiento se tiene que terminar con las tiendas y mercados para ricos mientras que para los trabajadores hay escasez y productos inaccesibles. Que haya más inversión para elevar la calidad de la educación (infraestructura, maestros y profesores, etc.), más inversión para la salud, para que sea realmente gratuita y de calidad. Basta de exportar médicos, lo que reduce la presencia profesional en los hospitales. Que se implemente un aumento inmediato de salarios para los médicos, personal de enfermería y todo el personal de la sanidad.
De la mano de estas medidas imprescindibles para un cambio en la vida del pueblo cubano, es necesario que se levanten todas las restricciones a los derechos ciudadanos para expresarse y hacer sus reclamos. Por ejemplo, que se establezca el derecho de huelga, derecho histórico del movimiento obrero, el derecho a manifestarse y a formar libremente sindicatos independientes u organizaciones estudiantiles, campesinas y profesionales. El gobierno cubano niega estos derechos con el argumento de que eso es lo que piden “los gusanos” y que así se favorecería a la “derecha pro yanqui”, con lo cual siguen decidiendo autoritariamente sobre la vida de los trabajadores y el pueblo. Este argumento no tiene ninguna validez ya que se exigen derechos para el pueblo cubano, que no apoya a los “gusanos” ni es “agente del imperialismo”, sino que simplemente quiere poder expresar qué salario necesita, qué problemas ve en su empresa, en su barrio y en su país. Ha llegado la hora de que sean los trabajadores, la juventud y el pueblo cubano el que decida sobre el presente y el futuro de Cuba.

*Profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela.