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Por Marcelo “Liberato” Salinas

Aceptamos mansamente una vida angosta entre la economía y la policía porque, por mucho que se estreche el cerco a nuestro alrededor, siempre hay un pequeño territorio en el que nos sentimos grandes y un círculo de malvados en el que nos sentimos buenos; y porque, incluso resignados a nuestra pequeñez y nuestra maldad, ni la economía ni la policía consiguen sofocar toda grandeza y toda virtud.

Santiago Alba Rico

Este miércoles 2 de mayo se confirmó lo que ya desde el martes 6 de abril intuíamos los amigos de Isbel Díaz de la Red Observatorio Crítico: censuraron el programa El triangulo de la confianza dedicado a un tema que va adquiriendo relieve a fuerza de bregar y mostrarlo con hechos concretos: la autonomía social.

La selección de los participantes en el dialogo por parte de los realizadores del programa fue atinadísima, pues contó con Michel Matos, ex miembro de Matraka, colectivo de producción del festival de música electrónica Rotilla, la publicista free-lance Edith Aragón, el actor Carlos Borbón, director de Teatro Espontáneo, e Isbel Díaz por Observatorio Crítico; un cuarteto con el cual quedaban representadas lo que hasta este momento han sido las aristas más visibles de los caminos de la autonomía social en Cuba hoy: la autonomía en la gestión de eventos artísticos y culturales, la autonomía en la militancia social anticapitalista, y en la gestión micro empresarial.

Personas informadas nos han contado de algunos programas grabados por el equipo realizador de El triángulo de la confianza que han resultado censurados por la televisión cubana. No es de extrañar, es uno de los escasos espacios televisivos donde acontecen diálogos auténticos sobre problemáticas relevantes de nuestra realidad, un resultado que el Canal Habana puede exhibir y con el cual que ha marcado un sello distintivo dentro del monopolio mediático nacional.

Los hermanos de Isbel en la Red Observatorio Crítico, desde el principio vimos la invitación que le hicieron los compañeros de El triangulo de la confianza, como un estimulante reconocimiento al pequeño y sostenido trabajo que hemos llevado los que nos sentimos parte del proyecto y las ideas que hemos defendido en estos años el Observatorio Crítico, pero igual sabíamos que el dispositivo de censura y control social iba a mostrar su eficiente presencia. Y así ocurrió.

El dialogo sobre autonomía social fue sustituido por un programa que ya habían transmitido, dedicado a la identidad de los isleños. Un tema legítimo igual que otros, pero que en los últimos 20 años se ha hecho recurrente su uso, porque los administradores del control social han ido descubriendo paulatinamente su efecto anestésico sobre el cuerpo público que ellos controlan, y así funcionó en este caso.

No obstante, la atinada selección de los asistentes por parte de los realizadores del programa hizo que no dejara de ser interesante. Lo que no debemos pasar por alto en este caso es el hecho concreto y palpable del ejercicio de la censura sobre lo que hace y las perspectivas con que ve la realidad cubana un miembro de un proyecto como la Red Observatorio Crítico, anticapitalista, anti autoritario, promotor y emprendedor de experiencias de autonomía social en temas comunitarios, ambientales, de género, memoria popular y obrera en Cuba. Eso, entre otras cosas, es lo que fue censurado en El triángulo de la confianza.

Para los que sostenemos una perspectiva anticapitalista, anti autoritaria y libertaria para abordar los disímiles problemas que colecciona la sociedad cubana hoy, creemos que hechos como estos son una escuela riquísima para aprender de qué lado está la televisión revolucionaria que nos venden, y nos ilustra cómo un monopolio mediático socialista hace lo mismo que un monopolio mediático capitalista y que, además, son las propia autoridades que gerencian el control mediático estatal y partidista, las que promueven la banalización modernizadora de los medios, como el único recurso que les queda para hacer soportable su dominio.

Al contrario de la ilusión empresarial que arrebató al Ché como Ministro de Industria, el monopolio, en cualquiera de sus expresiones, no es un pulpo que sabe trabajar bien, sino que sabe controlar bien para sus dueños, los monopolistas de cualquier ideología, y eso es incompatible con el socialismo y el comunismo.

Frente a este entramado, la única forma de hacer una televisión socialista es socializando y desmasificando los medios masivos de producción de opinión pública, diseñados desde sus orígenes con una lógica capitalista, autoritaria y burocrática con la que hay que romper necesariamente. Sólo desde nuestros barrios, nuestros municipios, nuestros colectivos laborales, nuestras asociaciones, en fin, desde una sociedad que debe aprender a organizarse, puede nacer esa nueva televisión, que ya no tendría necesidad de una “sede nacional” en 23 y M, en el “corazón del Vedado”, ni sería el cuartel general de la farándula mercenaria habanera, subsidiada por el Estado, con nuestros impuestos y salarios de hambre, sin consultarnos, y bendecida por el Partido Comunista.

Las televisoras municipales que, en un rapto benefactor de nuestro único millonario humanista, comenzaron a proyectarse a inicios del 2001, no pueden ser proyectos espasmódicos subordinados a los precios del níquel en el mercado mundial, deben ser el corazón y el inicio, sólo el inicio, del nuevo entramado de sociabilidad translocal de una sociedad en transición al comunismo.

Comunismo no es la implementación de un programa centralizado de justicia administrada por la vanguardia revolucionaria, es comunización cotidiana, aquí y ahora en libertad, de nuestras vidas, de nuestras fuentes de existencia y también de nuestros medios de comunicación. Por eso deben ser socializados para que de ahí emerjan los diversos usos comunitarios bellos o monstruosos, pero perfectibles por el poderoso aliento de la libertad de prueba y error, en comunidad, en individuación.

Así es como vemos estos asuntos como libertarios, pero eso nunca podrá ser un regalo de los dioses revolucionarios, porque siempre vendrá como un fruto enfermo de una nueva estrategia de los administradores de la salud pública del cuerpo social, eternamente infantilizado por ellos.

Los nuevos medios de comunicación de la sociedad que queremos para Cuba y el mundo, horizontales, translocales, comunizadores, desmasificadores, tenemos que crearlos aquí y ahora, en medio del eterno cerco imperialista y bajo las bombas, que es cuando más útiles son, cuando las torres multiplicadoras centrales de la televisión nacional son derribadas por la aviación imperial, sin esfuerzo alguno, como lo que son: humeantes ilusiones teocráticas que, bajo sus escombros, dejan a la sociedad atomizada, aterrada e incomunicada, sin capacidad de sacar fuerza de sí misma. Hacia ahí hemos intentado dirigir nuestra pequeña y frágil contribución desde la Red Observatorio Crítico. Gracias a los compañeros de El triangulo de la confianza por distinguirlo.

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