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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Cualquier grupo de personas con intereses afines tiene el derecho a reunirse, intercambiar y pasarla bien entre compañeros. Y los no invitados, pues no tendrían nada que decir. Pero si se vierten criterios que afectan a otras personas, a la sociedad, entonces los no invitados tienen derecho a la réplica.

El Encuentro Nacional de Blogueros Revolucionarios, término más o menos que haya integrado el título final del evento, concluyó en Matanzas con muchas afirmaciones polémicas. Por ejemplo, se afirmó que la blogosfera en Cuba consiste en dos polos, los buenos que son oficialistas a mucha honra, y los malos que seríamos todos los demás, que querríamos derribar el socialismo en Cuba junto con el gobierno para instaurar de vuelta un malvado capitalismo lacayuno del imperialismo yanqui. En ese saco caemos aún aquellos que nos disfrazamos de izquierdistas.

Déjenme aclarar un primer punto. No tengo algo en contra del hecho, per se, de que una persona se declare oficialista. Comparto, con personas oficialistas, vínculos fraternos y familiares entrañables.

Sí tengo algo en contra de que se considere que solo dentro del oficialismo ortodoxo, del apoyo ciego e incondicional a una dirección, se encuentre el único espacio para trabajar, revolucionariamente, por el pueblo de Cuba, por el socialismo, por esos ideales que son bastante grandes y complejos como para caber en los gaveteros de rígidos buroes. Me parece un contrasentido, sobre todo por la cantidad de cosas ¿no quieren que haga la lista, verdad? que se han rectificado y cambiado en los últimos años, cuando la gente estaba ya harta de comprobar y sufrir su ineficacia y su nocividad; cosas que los oficialistas defendían acríticamente mientras estaban vigentes porque así lo orientaban de arriba. Esa defensa ciega de cosas que perjudicaron al país, al pueblo, a la Revolución, ¿cómo puede ser más justa y aplaudible que su crítica, que su denuncia y su condena, desde posiciones que no han ofrecido ni mucho menos concesiones al enemigo? ¿No nos otorga la razón, el hecho de que muchos de los cambios recientes recogen exigencias y términos enarbolados por nosotros una y otra vez?

Ah, pero no. Los participantes del cónclave matancero se arrogan el derecho de calificarse como los únicos miembros representativos de la blogosfera buena, con todas las consecuencias que ello implica. Los que quieran tener más detalles, ofrecen, pueden hallarlos en direcciones de internet que son una burla hasta para la mayoría de esa minoría del 14% de los cubanos que tenemos modalidades limitadas de conectividad. En el encuentro, revisando sus ponencias, se ponen de manifiesto otras falencias.

Primero que todo, se comprueba que la mayoría de ellos son periodistas que, como ya dijimos, tienen blogs poco accesibles. Yo, por ejemplo, no tengo acceso a esos blogs, así que no podría hablar ni bien ni mal de ellos. Pero encontramos una confesión interesante de una de las participantes a la que nadie le llevó la contraria, parece.

Reconoció Yirmara Torrres, sobre los blogs de sus colegas, que los hacen muchas veces para cumplir las exigencias de los medios de comunicación en los que trabajan; que los mantienen a veces para mantener únicamente el privilegio de la conexión; que publican en el blog los mismos materiales que en el periódico y que siguen la misma política editorial de aquel; que ejercen la autocensura limitando el espectro de los temas que abordan y no toman una postura crítica por el temor de que se considere que le dan armas al enemigo y que todos dicen lo mismo, lo que está orientado. En fin, que hacen lo mismo en los blogs personales que lo que hacen como periodistas.

Y de su trabajo como periodistas yo sí tengo formada una opinión, pero me apetece ahora citar la de otra persona que los calificó de chatos, aburridos, superficiales y triunfalistas. Si damos por buena esta última opinión y la de Yirmara, entonces ellos, como blogueros, son igualmente chatos, aburridos, superficiales y triunfalistas. Los calificativos que cito han sido los empleados por el compañero General en Jefe, Raúl Castro. Malos revolucionarios son esos, diría yo.

Además, todavía hay otro punto que ellos dan por sentado muy alegremente que es igualmente serio. ¿Por qué razón hay que concebir esto del blogueo como una actividad limitada implícitamente a los periodistas? ¿Por qué no puede bloguear un médico, un ingeniero, un maestro, un físico? ¿Un tuerquista, el bodeguero, una persona que desempeñe labores domésticas, un deportista? ¿No se han enterado que en la frase de periodismo ciudadano el énfasis se encuentra en la segunda palabra? Ah, no, es que la misma frase de periodismo ciudadano, ya le da picazón a Lagarde, al que le parece un engendro de la CIA. No sólo les parece natural esta restricción del tipo de participantes en la blogosfera, sino también sería correcto limitar la panoplia de temas a abordar. Aún dentro de la lucha de clases más cerril, puede haber alguien que desee dedicarle un ratico y unos bytes al budismo zen. ¿Por qué negarle el derecho? Ah, no. Para aquel y otros participantes, la única razón que tendría un cubano bueno para bloguear, sería la de contrarrestar las maniobras del malvado enemigo imperialista yanqui. Si usted tiene alguna afición por la filosofía oriental, el jazz, el ajedrez o la energía fotovoltaica, usted no tiene nada que hacer en el ciberespacio, y los cubanos que persisten en tales propósitos si bien marginalmente al lado de los que entusiastamente tratan de la política, o no existen o son alguna otra manifestación más de la malignidad retorcida de la CIA.

El latigazo dirigido a los que, desde posiciones supuestamente de izquierda, somos en realidad malas personas es tan malintencionado como insostenible. Reconocer la existencia de la lucha de clases no hace a nadie mejor ni peor persona. Por ejemplo, Warren Buffet la reconoció, no hace mucho. Nosotros blogueros de izquierda, no invitados a Matanzas también la reconocemos. Por cierto, nos preocupa quién parece que va ganando, a saber: los que promueven en Cuba las pequeñas empresas nacionales explotadoras de trabajo asalariado, bajo la endeble cobertura de trabajo por cuenta propia; los que prefieren, antes que ceder el control de los centrales azucareros a sus trabajadores, cerrarlos y dejar a aquellos desempleados; aquellos a los que ya no les duele que les digan en la cara que el marxismo la teoría que se supone sostiene la clase obrera revolucionaria está caduco; los que expulsan del Partido a un intelectual del calibre de Esteban Morales, cuando este conduce una carga contra la corrupción. Nos preocupa que vayan ganando los que prefieren que muchos hechos y problemas delicados solo sean conocidos por un exiguo número de controladores y militantes probados, a contrapelo del lema que somos los primeros en enarbolar, esto es, que la verdad es revolucionaria y mantenerla a escondidas de la mayoría de la población es, por lo tanto, contrarrevolucionario; nos preocupa entonces que los profesionales del campo de la divulgación no cumplan lo que constituiría su deber como revolucionarios, y nos preocupa que se persiga y condene a quienes pretendan ayudarlos en este trabajo de divulgación de la verdad.

Podemos compartir la metáfora, recogida en la Declaración Final de este evento, del Parlamento en la trinchera; conocemos la Historia de Cuba y los sacrificios que ha implicado conquistar la independencia; pero lo que se nos presenta en todas las esferas de la vida es solamente el espacio de obediencia del soldado y, en ninguna, el ágora nacional para ser orador y escuchador, y votar en igualdad con los otros oradores y escuchadores sobre los asuntos internos y externos del campamento. Podemos añadir que hace rato que se conoce, de nuevo, ya hasta por boca del mismísimo General en Jefe Raúl Castro, que hoy el enemigo principal y más dañino no es el imperialismo yanqui, contra el cual solíamos tener enfilados con mucha justicia los cañones, y que muchos se empeñan todavía en utilizar como el máximo demonio y fuente de un perverso influjo, cuyo combate debe ser entonces el único fin de toda nuestra vida cuando nos amenaza un peligro mucho mayor: el principal enemigo que algunos se empeñan en minimizar, vaya usted a saber por qué motivos, está en la desidia, la burocracia, la cerrazón mental, los hábitos nocivos del ordeno y mando, las castas privilegiadas y corruptas que disfrutan indebidamente del fruto de los sacrificios del pueblo trabajador. Nos cuesta trabajo reconocer a quienes se proclaman revolucionarios y no tienen una posición activa contra todos estos problemas, posición que implica el riesgo de perder la categoría de oficialista. Condenar a un ministro, ya tronado por corrupción, es fácil, e insuficiente: lo bueno está en denunciarlo, aplicarse a investigaciones y hechos conocidos ¿no son acaso ellos periodistas? y perseguir la condena sin esperar el permiso

Los blogueros y miembros de grupos revolucionarios y de izquierda que no pasamos los exámenes de estos ortodoxos tribunales de revolucionareidad, hemos hecho mucho más que condenar las maldades del imperialismo, condenar el bloqueo cada vez que ha sido oportuno, exigir la libertad para nuestros cinco compatriotas; además de lo anterior, hemos manifestado la voluntad de seguir trabajando para este pueblo, por misérrimos que sean los salarios que devengamos, y de defenderlo por la vía de las armas cuando fuera necesario. Nos sentimos orgullosos de ello, y lo seguiremos haciendo. Además de ello, hemos mostrado nuestra voluntad de criticar todo lo que resulta nocivo para el avance y profundización de la revolución y las conquistas sociales que debiera significar, y hemos adelantado miríadas de propuestas programáticas, ideológicas y filosóficas basadas en prestigiosos patrimonios marxistas, libertarios y ecologistas, para su consideración e implementación por parte de la sociedad de trabajadores.

Ya que nuestras propuestas y reclamaciones de izquierda, de democracia y de socialismo son tan desdeñosamente descartadas por estos proclamados guardianes de la verdad revolucionaria socialista, les pasamos el siguiente reclamo: definan y defiendan un modelo programático; presenten una ideología revolucionaria para la clase trabajadora y demuestren su voluntad de luchar por esta causa, cueste lo que cueste, contra los obstáculos que se les presenten, contra las fuerzas que se les opongan. Elaboren sus propias respuestas a las cuestiones de qué es el socialismo, por qué beneficia a la mayoría trabajadora en comparación con otros sistemas sociales, cómo es que las libertades pregonadas del sistema anterior son poseídas en el socialismo por las masas de una manera verdadera, más extensa y profundamente cimentadas. Y luchen por hacer realidad esos principios.

Eso es lo que correspondería a unos verdaderos revolucionarios.

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