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Por Rogelio M. Díaz Moreno

Ya tenemos un segundo día festivo al año por motivos religiosos. Los dos días, producto de la solicitud de la máxima figura de la Iglesia Católica del momento, y dedicados, por supuesto, a su entidad de adoración. Y empieza este bichito mío a chirriarme su inquietud.

Antes que todo, quiero aclarar que no tengo nada en contra de Jesús. En su existencia, real o mitológica los no creyentes, o los creyentes de otras religiones, no tenemos por qué dar por sentado el hecho se encarnan muchos valores y preceptos éticos altamente recomendables. No tengo en contra de Jesús, ni siquiera el hecho de que a su nombre se hayan apuntado hábilmente varias festividades pertenecientes a otras religiones anteriores, hoy llamadas paganas.

Entonces, si al final ponen más días feriados en este país, pues los disfrutamos todos. Lo que no me acaba de gustar es el favoritismo por una divinidad particular, de parte de un gobierno que se considera a sí mismo laico, y que rige sobre un pueblo que mayoritariamente tiene una religiosidad mucho más compleja. Por muchos Papas que vengan, no van a cambiar el hecho de que el sincretismo religioso campea en Cuba y que los Orishas, esos sí, son más populares que Cristo.

Como puede comprobar cualquiera, la mayoría de los cubanos cree en las deidades del panteón afrocubano. Me parece injusto, por lo tanto, que en el discurso oficial actual estén tan tristemente menospreciadas como como ha sido siempre en todos los tiempos en este país entre la gente fina, como en la primera República, como en la época de la Colonia.

Así, cada vez que se llenan la boca diciendo que los mambises invocaban a la Virgencita de la Caridad a la que en Cuba se le reconoce también un comportamiento amoroso bastante más ardiente en la encarnación de Ochún yo me pregunto si ninguno de los negros esclavos que labraban su libertad a machetazos, quienes componían la mayoría en las filas del Ejército Libertador, no se encomendaría más bien al belicoso Changó y al ingenioso Eleggua, abridor de caminos; si no amenizarían sus momentos de jolgorio con cantos y bailes originados en África, y si en las columnas del Ejército Rebelde no habrían tantos barbudos con crucecitas, como con Manitos de Orula y azabaches. En los hogares cubanos hay corazones de Jesús, seguro, como también hay calderos con hierros, y muñecas de azul y de amarillo, con sus ofrendas respetuosas por el regreso del hijo, el éxito profesional, la salud del ser querido

Así que si vamos a tener consideraciones vacacioniles con las religiones, vamos a ser justos y a no discriminar aquella, humilde y popular, que permea a todos, desde babalawos, iyabós y también, por supuesto, a esa gente fina, muy de iglesia y campanario pero que se acuerda de Santa Bárbara o Changó cuando truena y entonces va a consultarse por la madrugada. Si es problema de situar la fecha, eso se resuelve fácil. Por decir la primera que se me ocurre, pongamos que se haga feriado el día de San Lázaro, el venerado Babalú Ayé: indiscutiblemente, se acuerda el cubano más rápido de cuándo se peregrina al santuario de El Rincón, que cuándo cae la famosa Semana Santa.

Como ya dije al principio, Jesús me cae bien, y los fariseos mal. Así que vamos a reconocerle sus derechos a esas otras religiones que tanto arraigo tienen. Digo yo, por aquello de ser justos y no discriminar, que suena tan bien y con lo que todos dicen que están de acuerdo.