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Posición de la Red Protagónica Observatorio Crítico de Cuba

El mundo que visionamos para el mañana necesitamos comenzar a sembrarlo hoy.

Es un mundo donde el espacio público es patrimonio de todas las personas, no de unas minorías con poder, como sucede hoy a lo largo de todo el mundo, incluida Cuba.

Es un mundo donde las decisiones que afectan a toda la población no se discuten ni se toman a espaldas de la mayor parte de ella , práctica que hoy se constata tanto en regímenes “autoritarios” como “democráticos” en todo el orbe.

En ese mundo se reserva la más alta estima a las iniciativas de los vecinos y vecinas que se reúnen espontáneamente para aportar a las comunidades sus mejores dones, a través del arte, de acciones ecológicas, del recuerdo de tradiciones históricas y culturales, y de la promoción de la educación popular.

En ese mundo quienes trabajan son verdaderos dueños de sus medios de producción.

Contrario a la lógica dominante de hoy, allí no se privilegia el lucro, la manipulación y la imposición de la ley del más fuerte, sino las formas de diálogo, de concertación y de búsqueda de consenso sobre los temas medulares de la vida social.

En ese mundo del futuro, que solo puede empezar a construirse en el presente, se respetan las religiones y conciencias todas, y de manera ecuménica, los representantes de las diversas manifestaciones de la espiritualidad participan, en plan de igualdad.

No se teme la participación de una persona en un evento por el hecho de que piense distinto a quienes lo convocan, que es lo que indica la lógica, pues ni con la clonación de las personas se puede reproducir una mentalidad absolutamente homogénea. Precisamente, la estimulación de la diversidad y las alternativas de enfoque y acción sobre los problemas es lo que conduce a posibilidades de enriquecimiento creativo de la realidad.

Se puede argumentar, muy persuasivamente, que en una trinchera sobre la cual caen o amenazan las bombas de los aviones de la OTAN no hay condiciones para debates parlamentarios ni formalidades democráticas, mas nos negamos a entregar tales ideales de libertad y democracia a la OTAN o fuerzas análogas, pues son resultado de una histórica tradición de lucha de los pueblos de todo el mundo.

El Observatorio Crítico de Cuba (OC) está consciente de que existen divisiones entre las personas, entre las maneras de pensar, entre los proyectos de vida y de sociedad, dentro y fuera de nuestro país. El OC defiende modelos en una dirección determinada por la solidaridad, la igualdad, la libertad, en compromiso con la emancipación social hacia formas avanzadas de autogobierno popular que propicien prosperidad y felicidad a los oprimidos y desposeídos, y repudia cualquier forma de explotación económica y/o política, así como los modelos que presuponen como imprescindibles el egoísmo, el despojo a la naturaleza y a otras personas, supuestos motores de un presunto desarrollo.

La red del OC integra, en sí misma, visiones de gran diversidad que dentro de sus marcos siempre se han relacionado a través del diálogo respetuoso y enriquecedor. Fuera de sus marcos, las heterogeneidades son mucho mayores, hasta el punto de poder resultar antagónicas, pero esto no debe conducir a una autoridad a proscribir a priori y arbitrariamente otros discursos.

Una opinión particular, por muy chocante que resulte, no debe tener la capacidad de trastornar dramáticamente la marcha de un colectivo que presume de tener conciencia de sus objetivos. Más que nada, el espacio que se concibe como público obliga, por la misma definición de público, a no levantar barreras contra determinadas expresiones solo porque no resulten del agrado de un sector, no importa si se encuentra en mayoría o minoría, a condición de que no se dirijan contra los derechos y la dignidad de ninguna persona o grupo, ni promuevan prácticas violentas, xenófobas u otras propias del fascismo corriente. El espacio público es patrimonio de la nación: de toda la nación, en toda su extensión y diversidad, no de un sector de la misma.

El OC se opone a que sus acciones y vías de comunicación y divulgación sigan siendo objeto de vigilancia, persecución y difamación, ideológica y policíaca, en un ejercicio de censura tradicional por parte de instancias institucionales y extrainstitucionales, que no respetan los ideales de igualdad de derechos y oportunidades para toda la ciudadanía. De esta manera se priva a la sociedad cubana del disfrute y crecimiento mediante proyectos culturales, ecológicos y sociales que consideramos de alto valor.

Las ideas se combaten con ideas; la restricción forzosa a su libre expresión y difusión dentro de un país independiente y pacífico crea la imagen de que los ideales supuestamente defendidos por los censores carecen de razones sólidas que los respalden. Por eso, nos preocupa cuando la censura es ejercida en nombre de ideales que compartimos, como la independencia nacional y justicia social.

No podemos consentir que tales ideales queden desprestigiados porque algunos funcionarios decidan unilateral e inconsultamente “protegerlos” cerrando los espacios públicos para quienes piensan diferente.

Somos un colectivo anticapitalista y antimperialista; no deseamos que los censores nos desprestigien el pensamiento anticapitalista y antimperialista. Como tampoco consentimos los bombardeos y asesinatos en nombre de la libertad y la democracia.  No podemos aceptar que nuestros ideales de justicia social, independencia nacional, libertad y democracia se usen como coartada por censores y asesinos. Repudiamos a la OTAN igual que las UMAP.

Tampoco consentimos regalarles cuotas de legitimidad a quienes defienden injerencias imperialistas como proyecto de futuro para Cuba, solo porque a algunos burócratas se les ocurrió que la censura es un buen método para confrontar ideas.

Bloquear el acceso de determinadas opiniones a escenarios que presuntamente exploran la noción de lo público –como ha sucedido recientemente en más de un foro–, no tiene otro resultado que el de fundamentar las imputaciones de totalitarismo que se acostumbra realizar contra el orden social imperante en Cuba y amplificar mensajes (o ausencia de mensajes) que, de otra manera, no encontrarían tal vez tanto eco.

Defendemos resueltamente el derecho de adelantar nuestras propias propuestas, pero no tendríamos moral para hacerlo si no defendemos también el derecho de quienes abogan por promover visiones que divergen de las nuestras. A estas últimas, aun cuando a veces no nos comprendan, también les reconocemos y defendemos su derecho a existir.

Por eso reiteramos, junto a Rosa Luxemburgo, que la libertad sólo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros de un partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente.

De la diversidad y aportaciones de todos sus hijos, surgirá la patria grande y hermosa del futuro… “con todos y para el bien de todos”.

La Habana, abril de 2012
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