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Por Dariela Aquique

Hoy es el Día Internacional del Teatro, y la visita del Papa  me resulta una gran puesta en escena.  No por sus objetivos pastorales de pasar por la isla, sino por todo el mecanismo que han tejido las autoridades para dicho recibimiento y a su mal actuado beneplácito, cuando todos saben, que tal visita viene dejando sin dormir a la Seguridad del Estado cubana desde hace varios meses.

La primeras escenas, fueron las de organizar quiénes y cómo irían a recibir al Papa o asistirían a la misa del lunes.

Convocatorias y movilizaciones hechas desde los CDR, los sindicatos o las escuelas, donde instrucciones muy precisas dictaminan la hora desde la que deben estar concentrados los grupos, los recorridos que hará cada uno para llegar a la Plaza y una vez allí qué lugar deben ocupar en los llamados cordones de seguridad: primero, segundo, tercero…

La prohibición de portar cámaras fotográficas, móviles, bolsos o carteras, ni siquiera sombrillas, que no deben corearse consignas de ningún tipo y las ordenes de combatir cualquier tipo de manifestación de la disidencia en caso de suceder.

Pero el punto clímax de la interpretación inorgánica, la tuvo el jueves pasado el Ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla, cuando ante la rueda de prensa que se abriera en el Hotel Nacional para acreditar a la prensa y medios internacionales, divagara en sus respuestas, cuando un reportero de la BBC, le preguntó: … ¿Qué opinaba de las declaraciones hechas por el Papa, ante la innegable obsolescencia de los preceptos marxistas?…

A lo que respondió: …que el Papa será recibido y escuchado con respeto…, pero lo que no respondía para nada a la pregunta del periodista, haciéndonos recordar a Alarcón ante las inquietudes de Eliecer Ávila, hace unos años en la UCI.

En días anteriores se han reprimido a grupos de disidentes y se dice (esto no me consta), les será terminantemente vedada la asistencia a las homilías. Un poco cómodo el Estado con la actitud de colaboración del cardenal Jaime Ortega (el que parece haber olvidado sus días de UMAP).

El exceso de entusiasmo de un pueblo que va a misa sin ser católico, solo porque como irónicamente dijo alguien hace poco: …era una misión que el Partido y la Revolución le había dado a los santiagueros.

Desde temprano grupos se alistaron para estar horas a la espera de alguien que les es ajeno, probablemente los reales feligreses, fueron quienes ocuparon los sitios más lejanos para ver u oír su Santidad.

El Papa encontró en Santiago una ciudad engalanada y hospitalaria, exhibiendo grande afiches de Bienvenida con su imagen superpuesta a la de la virgen de la Caridad del cobre, como buen prólogo, lo que pasa detrás de bambalinas nunca se sabe bien.

Ahora le toca a La Habana.

Publicado en HAVANA TIMES
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