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Rogelio Manuel Díaz Moreno

El señor Ratzinger, conocido también como Papa Benedicto XVI en su calidad de cabeza de la iglesia católica, se une a una larga lista de figuras que han declarado en algún momento de sus vidas aquello de que la ideología marxista no responde a la realidad, ha sido superada, hay que buscar nuevos modelos o respuestas. En entrevista a bordo del avión que lo conduce a Méjico, añadió que su Iglesia quiere cooperar en la construcción de esa nueva sociedad más justa, a la que puede aportar mucho con sus tradiciones de estar del lado de las libertades de conciencia y religión.

Todo aquel que haya leído al menos un poquito de estos asuntos de las filosofías, las ideologías y la historia de los siglos XIX hasta acá, puede recordar con mayor o menor nivel de detalle que al marxismo lo han considerado como pasado de moda y enterrado ya unas cuantas veces; casi desde antes que enterraran a aquel otro alemán que desatara al fantasma rojo sobre Europa.

Da la impresión, tal vez, de que lo más original de Benedicto es su sentido del humor. El régimen de explotación de la mayoría de los seres humanos y de la naturaleza por parte de la minoría que se erige como alternativa al socialismo no es ni más justo, ni más libre, y la constatación de estas realidades es tan vieja como la Revolución Industrial. Y si alguna institución puede y debe guardar un discreto silencio arrepentido cuando se hable de libertades de conciencia y religión, es aquella que propugnó la Inquisición, la quema de brujas y libros, la supresión de saberes, opiniones y culturas enteras que cometieron la imprudencia de estorbar en sus propósitos de dominio mundial.

Da la impresión, por cierto, de que Benedicto no es muy cortés. Se supone que está a punto de visitar este país que sigue calificándose de socialista y que continúa con un partido considerado comunista en su dirección.

Da la impresión, también, que anda medio desconectado del mundo que hierve a las puertas del Vaticano. Desde Seattle hasta San Petersburgo rugen las mareas de los Indignados, pasando por Madrid, Roma y Atenas, evidenciando que el 99% de las personas no resisten más a los modelos/respuestas neoliberales que hay que superar urgentemente, porque devoran las vidas de sus hijos y el futuro del planeta; más al sur, las primaveras árabes completan el panorama, para demostrar que con el despotismo draconiano tampoco se consigue sujetar a los pueblos al dogal de la explotación que, más al norte, se disimulaba con actos pretendidos de democracias y valores liberales, nunca concretados en las dimensiones humanas que reivindican revolucionarios y revolucionarias de todo el mundo.

Da la impresión, con seguridad, de que está muy seguro de sí mismo. Por decires mucho más ligeros que esos, le han cerrado a otras personas las puertas de esta Isla; para entrar, si son de afuera, o para salir y para otras cosas, si de adentro. De parte de Ratzinger, sin embargo, estas declaraciones no son una sorpresa para los enterados y por acá no se han divulgado mucho por los medios nacionales. Por el contrario, desde el inefable canciller hasta el último entrevistado del NTV se hacen lenguas de lo bueno que va a ser su visita y todo aquel discurso del amor entendido a la manera de la Iglesia y la fe, tan disonantes con el pasado reciente en el que todavía nos acordábamos con orgullo de la tradición laica de nuestra enseñanza, de la fibra racionalista de nuestro nacionalismo y del carácter dialéctico de nuestra ideología.

Da la impresión, después de recapitular en lo que está pasando en nuestro país, que estas declaraciones no van a tener mucha repercusión. Se les tirará el manto de silencio que es de esperar en las jerarquías del gobierno y la Iglesia local, que viven una dorada luna de miel. Todas tienen mucho que ganar con el respaldo que representa esta visita. No es cosa de que las primeras vayan a ser desagradables por fidelidad a unos principios; no es cosa de que las segundas se vayan a desesperar por atrapar a un pescado que se está cocinando solito en sus sartenes. Da la impresión, al hacer el resumen, de que, al menos en lo que se refiere a Cuba, al decir que el marxismo está pasado de moda, Benedicto tiene razón.

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